Caminar sobre el Perito Moreno en pleno invierno: una experiencia que ya no se toma vacaciones
El minitrekking sobre el glaciar dejó de ser exclusivo del verano y ahora funciona todo el año en El Calafate. Precios, circuitos alternativos y trekking con nieve en El Chaltén.
Llegué a El Calafate con ese frío seco que te corta la cara apenas bajás del colectivo. El viento sopla desde el lago Argentino como si tuviera cuenta pendiente con quien se anime a caminar por la calle principal. Pero hay algo que el chip de entrada: la postal del glaciar Perito Moreno ya no es un sueño de verano. Desde este año, el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz, mantiene el minitrekking sobre el hielo abierto durante todo el invierno, una novedad que hasta hace poco era impensada y que cambió las reglas del juego para los viajeros de la Patagonia.
La excursión estrella arranca en el puerto Bajo de las Sombras, a unos 40 kilómetros del casco urbano de El Calafate. Desde ahí, una navegación de 20 minutos por el Brazo Rico te lleva a poner los ojos, por primera vez, sobre la cara sur del glaciar. Después viene una caminata por el bosque andino, con sus lengas y ñires retorcidos por el viento, hasta llegar al borde del hielo. Ahí te esperan los crampones, el casco y los guías de Hielo & Aventura, que arman grupos de hasta 20 personas para meterse de lleno sobre el manto blanco.
Diez horas en el hielo, con permiso del glaciar
El recorrido completo demanda alrededor de diez horas y está habilitado para personas de entre 8 y 65 años. Mientras caminás, el paisaje va mutando: lagunas color turquesa, arroyos que nacen y mueren en el mismo glaciar, sumideros que se abren como bocas oscuras y esas moles de hielo azul conocidas como seracs. En el tramo de regreso, la zona periglaciar regala una vista panorámica antes de volver al catamarán. La jornada suma, además, un paso por las pasarelas de observación que miran de frente al Perito Moreno, con sus más de 60 metros de altura.
“Fuimos adaptándonos a los cambios del glaciar, que es muy dinámico”José Pera, guía de montaña y responsable operativo de Hielo & Aventura
Pera, que conoce el hielo como la palma de su mano, explicó que el Perito Moreno atraviesa desde hace algunos años un proceso de retroceso y adelgazamiento de su masa, lo que obligó a ir ajustando los circuitos disponibles. Por eso, antes de reservar, conviene consultar en la operadora si la traza habilitada en el momento de tu visita coincide con la que muestran las fotos del verano pasado.
Alternativas para los que no se animan a pisar el hielo
- Safari Náutico: combina navegación y caminata costera y permite tocar el frente del glaciar con las manos, una opción ideal para los que quieren contacto directo sin subir al hielo.
- Safari Azul: una hora de navegación frente a la pared sur del Perito Moreno, con vistas panorámicas de los más de 60 metros de altura.
- Trekking en El Chaltén: en la zona norte del parque, la capital nacional del trekking suma circuitos invernales entre nieve.
- Mirador de los Cóndores: vistas espectaculares sobre los macizos Fitz Roy, Torre y el valle del Río de Las Vueltas; en invierno el ascenso requiere bastón y crampones.
- Cascada Chorrillo del Salto: caminata de menor dificultad, atraviesa un bosque bajo de ñires y lengas cubierto de nieve y termina en una cascada completamente congelada.
Para llegar a El Calafate desde Buenos Aires hay vuelos directos de alrededor de tres horas hasta el aeropuerto de Lago Argentino. En micro, la distancia es de unas 27 horas y el servicio sale desde Retiro. Desde El Calafate, El Chaltén está a 215 kilómetros por la Ruta Nacional 40, camino que pasa por el histórico parador a orillas del río La Leona, declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la provincia y donde se hace una parada obligada para el café con tortas fritas.
En cuanto a los precios, el minitrekking sobre el glaciar Perito Moreno cuesta 475.000 pesos por persona, con todos los servicios incluidos: navegación, equipo de seguridad, guía especializado, comida y traslados. El Safari Náutico y el Safari Azul tienen tarifas más bajas y son una buena puerta de entrada para tantear el frío antes de animarse al hielo.
Antes de cerrar la valija, una recomendación que vale oro: la de Marta, la dueña de la hostería donde me alojé, que lleva tres décadas en El Calafate y vio pasar mil glaciares. Marta me dijo, mientras me servía un guiso de lentejas bien caliente, que la clave es llevarse tres capas de abrigo, un buen rompevientos y, sobre todo, paciencia con el clima: acá el tiempo cambia en un abrir y cerrar de ojos y un cielo despejado puede terminar en tormenta de nieve en media hora. Con esa advertencia en el bolsillo, el resto es entregarse al silencio azul del Perito Moreno, que es, sin exagerar, una de esas experiencias que te reconcilian con el planeta.
