Veintitrés años después, el robo en minis vuelve a la mesa de dibujo y un nombre nuevo podría meterle mano
Paramount reactivó la secuela de The Italian Job y ya tiene en el radar a Paul Feig para dirigirla. Sin elenco confirmado, el estudio apuesta a un giro con más comedia y la pregunta queda flotando: ¿continuidad o experimento?
A Marta le temblaba el café mientras me lo contaba en la fila del cine, todavía con la entrada en la mano. Hace veinte años vio The Italian Job en el mismo complejo donde hoy iba por otra cosa y nunca se repuso del todo de la escena del semáforo en verde: me dijo, casi sin respirar, que si algún día le hacían una segunda parte ella iba a volver a sacar la entrada sin pensarlo. Le creo, y creo que es exactamente la clase de espectadora que Paramount tiene en la cabeza mientras mueve piezas para revivir la película de 2003 dirigida por F. Gary Gray.
Lo concreto es lo siguiente: la productora puso el proyecto de nuevo sobre la mesa y empezó a conversar con Paul Feig para que se haga cargo de la dirección. Feig, que viene de films como Spy o las entregas más recientes de Ghostbusters, es un director asociado a un pulso cómico muy marcado, y por eso su sola presencia como posible responsable del filme abre un interrogante sobre el tono que tendrá esta continuación. Las conversaciones están en curso, los términos no están cerrados y el estudio todavía no confirmó ningún acuerdo.
Mientras tanto, el reparto es una incógnita total. No hay anuncio oficial sobre quiénes podrían sumarse, y tampoco se sabe si algunos nombres históricos de la primera entrega como Mark Wahlberg, Charlize Theron o Jason Statham tendrán algún tipo de participación. Es decir, estamos frente a una secuela que por ahora es solo una idea en movimiento, sin elenco, sin fecha de rodaje y sin ventana de estreno, y la información oficial llega con muchas más preguntas que respuestas.
El espejo de la original y la sombra del remake
A mí siempre me gustó recordar que The Italian Job, la de 2003, no nació de la nada: fue una versión moderna del clásico británico de 1969 que encabezaba Michael Caine, y esa cadena de referencias ya es parte del ADN de la saga. La película de Gray costó unos 60 millones de dólares y terminó recaudando cerca de 176 millones en todo el mundo, números que la dejaron instalada como una referencia del género. La historia sigue siendo la misma que muchos tienen en la memoria: un equipo de ladrones especialistas organiza un robo de oro en Los Ángeles con Minis tuneados y un hackeo de semáforos que se volvió, con los años, una de las secuencias más imitadas del cine de acción de los dos mil.
- El plan: robar oro en Los Ángeles a bordo de Minis modificados.
- El truco: un sistema para hackear los semáforos de la ciudad.
- El equipo: ladrones con personalidades muy marcadas, cada uno con su rol específico.
- El legado: 176 millones de dólares de recaudación global sobre un presupuesto de 60.
Lo que me parece más interesante de todo esto, mirándolo desde acá, es que la elección de Feig no es casual ni inocente. Si finalmente se concreta, lo más probable es que la nueva entrega se incline hacia una acción con más peso de comedia, dejando al equilibrio entre humor y thriller que tenía la original un poco más recargado del lado del gag. Eso puede ser un acierto para una generación que creció con sus films o puede ser un disgusto para quienes quieren ver a la banda de los Minis otra vez en modo serio. Habrá que esperar.
Por ahora, el estudio mantiene el proyecto en etapa inicial y no dio estimaciones concretas de cuándo podrían empezar a filmar ni cuándo podríamos verla en pantalla. Veintitrés años separan al film original de esta posible secuela, y ese salto temporal ya de por sí condiciona cualquier decisión creativa: actores envejecidos, un público que cambió de hábitos y una industria que mira con lupa cada revival para no repetir errores ajenos.
“Yo quiero ver a Statham otra vez al volante de un Mini, si no me voy a sentir estafada.”Marta, espectadora ocasional, a la salida de la sala
