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La serie que enseña a pensar como un asesino y todavía no tiene reemplazo en el catálogo

Dos agentes del FBI se sientan frente a los criminales más peligrosos de Estados Unidos para entender cómo funciona su mente. Lo que hizo David Fincher con esa premisa sigue siendo, casi una década después, un thriller psicológico sin rivales en streaming.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 9 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A Marta la conocí en la fila del kiosco, hablando por teléfono con una amiga. Le estaba recomendando una serie con una urgencia que ya casi no se ve: "Tenés que verla, te cambia la cabeza". Cuando le pregunté cuál era, me miró como si la pregunta la hubiera ofendido. "Mindhunter, querido, ¿cuál va a ser? Cada vez que la empiezo de nuevo, entiendo algo distinto". Marta tiene 52 años, vio las dos temporadas tres veces y, según me dijo, sigue descubriendo detalles que se le habían escapado. Es el tipo de fan que una serie solo se gana cuando logra meterse debajo de la piel del espectador y quedarse ahí, molestando, durante años.

La historia detrás del thriller

Mindhunter es, en su punto de partida, una serie policial clásica: dos agentes del FBI recorren Estados Unidos entrevistando a asesinos en serie convictos para entender cómo piensan y, de esa manera, aprender a detenerlos antes de que actúen. Pero ahí se termina cualquier parecido con lo conocido. Porque la serie creada y producida por David Fincher, y basada en el libro Mindhunter: Inside the FBI's Elite Serial Crime Unit, del ex agente John E. Douglas, no se interesa por la persecución ni por el operativo comando. Le interesa la conversación. Le interesa el silencio que hay entre la pregunta del agente y la respuesta del asesino. Y ahí, en ese hueco, es donde la serie se vuelve insoportable, en el mejor sentido de la palabra.

La acción transcurre a fines de los años setenta, en una época en la que la idea de sentarse cara a cara con un asesino para estudiar su mente era vista como una excentricidad dentro del FBI. Holden Ford (Jonathan Groff) es el agente joven, ambicioso, casi ingenuo, que trae la idea desde la academia. Bill Tench (Holt McCallany) es el veterano de calle, descreído, que aprende a confiar en el método a fuerza de resultados. Los dos recorren el país, de penitenciaría en penitenciaría, con una grabadora y un cuestionario que todavía no tiene forma. Y lo que escuchan, lo que registran, lo que después analizan en una oficina prestada de Quantico, termina fundando lo que hoy se conoce como perfilado criminal.

Los asesinos que también son personajes

Hay algo que la serie hace mejor que casi cualquier otra producción del género, y es tratar a sus asesinos como personas. No los heroifica ni los demoniza: los escucha. Ed Kemper, el Hijo de Sam, Charles Manson y Richard Speck, entre otros, están basados en criminales reales y aparecen reconstruidos con un nivel de detalle clínico. Las entrevistas con Kemper, en particular, son lo más perturbador que se vio en televisión en la última década. Y lo más notable es que están filmadas en habitaciones cerradas, con luz artificial, sin un solo tiroteo ni una gota de sangre. La tensión la pone la palabra, el fuera de campo, lo que el asesino dice con esa calma con la que uno describe el clima.

  • Ed Kemper, el asesino de estudiantes universitarios que se convirtió en una suerte de asesor no oficial de los protagonistas
  • David Berkowitz, más conocido como el Hijo de Sam, el hombre que aterrorizó Nueva York en 1976 y 1977
  • Charles Manson, el líder de la familia que asesinó a Sharon Tate y que en la serie aparece como un predicador mesiánico y manipulador
  • Richard Speck, que en 1966 mató a ocho estudiantes de enfermería en un sola noche y cuya entrevista es una de las más incómodas de toda la serie

El equipo lo completa Anna Torv como Wendy Carr, una psicóloga de la Universidad de Boston que se suma al proyecto para darle rigor académico a lo que hasta entonces era pura intuición policial. Su personaje es el que introduce los métodos sistemáticos, el que lleva planillas y estadísticas a una investigación que se basaba en corazonadas. Y la dinámica entre los tres, las discusiones, las tensiones, los acuerdos tácitos, va evolucionando con una consistencia que no es habitual en el género. Uno los ve trabajar y entiende que está mirando el nacimiento de una disciplina, pero también el desgaste de que se exponen a un material que ningún ser humano debería escuchar más de una vez.

Por qué sigue sin tener rival

La serie llegó a dos temporadas, diecinueve episodios en total, y una tercera nunca se produjo. Fincher, que es conocido por su perfeccionismo, consideró que el costo por episodio no justificaba la audiencia que tenía. Es una decisión que todavía duele. Pero lo que queda en pantalla funciona como un ciclo cerrado, con principio, desarrollo y un final que, sin ser conclusivo, no deja al espectador con la sensación de que le faltó algo. Esa es una de sus grandes virtudes: no estirarse de más, no caer en el recurso fácil del cliffhanger, no traicionar a sus personajes para sostener el rating.

Para quienes busquen un thriller que trabaje la psicología de sus personajes con la misma atención que le dedica a la trama, Mindhunter sigue siendo, casi una década después de su estreno, una referencia difícil de igualar. La cámara de Fincher observa, el silencio pesa, y el espectador termina incómodo sin saber exactamente en qué momento cruzó ese umbral del que ya no se vuelve. Es una serie que enseña a pensar como un asesino y que, por eso mismo, termina enseñando bastante sobre uno mismo.

“Me dijo Marta antes de irse, ya en la vereda, mientras buscaba el colectivo: "No es una serie para mirar en el colectivo, ¿eh? Es para mirar en casa, de noche, con la luz apagada. Si no, no se entiende".”Marta, espectadora de 52 años
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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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