Dieciséis años no son nada: una noche en la que los Black Eyed Peas le devolvieron a Buenos Aires todo lo que le debían
Will.i.am, apl.de.ap, Taboo y J. Rey Soul repusieron en el Movistar Arena el repertorio clásico de la banda, sumaron sus temas latinos y provocaron un pedido de matrimonio en vivo que dejó al estadio entero conteniendo la respiración.
Les quiero confesar algo antes de arrancar: yo estuve ahí, en la tribuna, y todavía tengo taquicardia. Pasaron dieciséis años desde la última vez que los Black Eyed Peas pisaron un escenario argentino, y anoche, en un Movistar Arena que explotaba de camisetas negras, vintex y gorras con la visera del lado que no es, el grupo le devolvió a Buenos Aires algo que le debía desde 2010, cuando todavía Fergie era la voz femenina oficial y el setlist terminaba con "I Gotta Feeling" y la sensación de que el mundo era un poco más fácil de bailar. Anoche esa misma canción cerró la noche, pero ya no como un punto final sino como un reencuentro: el de una banda que cambió, que perdió a una de sus integrantes históricas, que sumó a J. Rey Soul en su lugar y que sin embargo conserva intacta la gimnasia de cuatro tipos que se conocen desde los tiempos en que el hip hop no soñaba con ser un himno de cancha.
Soy de las que cree que a los recitales hay que entrar expecting nothing y salir con todo, y el arranque de esta noche funcionó como una inyección de energía directa al corazón: "Let's Get It Started", "Boom Boom Pow" y "Rock That Body" en cadena, una atrás de la otra, sin respiro, con esas líneas de bajo que durante los 2000 sonaron en cada boliche de Palermo y en cada programa de televisión de Mediodía Noticias que buscaba soundtrack para el resumen del fin de semana. El público, mayoría de treintañeros y cuarentones que crecieron con "Elephunk" y "Monkey Business" bajo el brazo, respondió como era de esperar: saltó, cantó cada estribillo y, detalle no menor, conoció al dedillo los temas nuevos que el grupo viene editando desde su mudanza sonora hacia el latin y el reguetón, un giro que a esta altura ya es marca registrada y no experimento.
Un escenario que cambió tanto como la formación
La puesta visual acompañó cada bloque con pantallas que mutaban de formas y colores: hubo cabezudos geométricos,rosas geométricas, estallidos de píxeles al ritmo del beat y un juego de luces que en más de un momento transformó al Arena en una pista de baile rodeada de fuego frío. Will.i.am, al frente de la formación, manejó los tiempos con la experiencia de quien lleva dos décadas en el escenario más exigente del mundo: el de la cultura pop global. Apl.de.ap se llevó su propio minuto de gloria con "Bebot", ese himno que recuerda sus raíces filipinas, y Taboo se permitió algo impensado para una estrella de ese calibre: tomarse un mate en pleno show y regalárselo después a una chica del público.
El momento que ninguno de los presentes esperaba
Pero si hay algo que me va a quedar de la noche, más allá de la lista de temas y del repaso por la carrera, fue lo que pasó promediando la recta final del show, cuando la banda atacó "Where Is the Love?" y "I Gotta Feeling". Una mujer del público subió al escenario invitada por J. Rey Soul, se puso a cantar con micrófono en mano y, de repente, su pareja apareció por el otro costado del escenario con un anillo en la mano. Se arrodilló. Ella dijo que sí, mientras la pantalla gigante mostraba la escena en primer plano y el Arena entero contenía la respiración. Después supimos que la pareja se había conocido en 2010, justamente en el show anterior de los Black Eyed Peas en el país. Hay amores que necesitan sixteen años y una balada de una banda de hip hop para pedir que firmen el acta.
De la era Fergie al presente latino de la banda
El recorrido musical que propuso el grupo fue una clase de historia contemporánea de la música negra estadounidense, pero pasada por el filtro latino que adoptaron en los últimos años: a los grandes hits de los 2000 se les sumaron "RITMO (Bad Boys for Life)", "MAMACITA" y "MABUTI", temas donde el perreo y las percusiones tropicales conviven con el flow de siempre, sin que el ADN original se pierda en el camino. Will.i.am se permitió además un tramo solista con "#thatPower" y "Scream & Shout", antes de retomar el bloque grupal con "Pump It", "GIRL LIKE ME", "Somebody to Love Me" y "Don't Stop the Party", y dejar el cierre para "Meet Me Halfway", "My Humps", "Shut Up" y una última vuelta de "I Gotta Feeling". En el último bis, los cuatro levantaron una bandera argentina mientras la imagen se proyectaba en las pantallas y la gente, abajo, intentaba grabarlo todo con el celular en alto y los ojos un poco húmedos.
- "Let's Get It Started", apertura a puro groove para despabilar al público desde el primer minuto.
- "Boom Boom Pow" y "Rock That Body",el bloque que confirmó que la gente se sabía de memoria cada línea.
- "Bebot", el guiño de apl.de.ap a sus raíces filipinas y uno de los momentos más cálidos de la noche.
- "Pump It", "GIRL LIKE ME" y "Don't Stop the Party", la trilogía que transformó al Arena en una fiesta de fin de curso.
- "Where Is the Love?" y "I Gotta Feeling", marco del pedido de matrimonio que emocionó a todo el estadio.
- "Meet Me Halfway", "My Humps" y "Shut Up", el cierre con guiño a los fans de la primera hora de la banda.
Salí del Movistar Arena con el oído zumbando y la sensación de que esta vez, en una ciudad que suele ser dura con los regresos, los Black Eyed Peas la rompieron de verdad. Una señora a mi lado, mientras bajábamos las escalinatas hacia la calle, me dijo mientras se acomodaba la campera: "Mirá, yo vine porque mi hija me arrastró, pero terminé llorando con el casamiento, es la primera vez que un recital me hace llorar sin ser un quilombo". Tiene razón: a veces, en medio de tanto decibelo, la música se acuerda de ser una excusa para algo mucho más grande.
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