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Cinco familias de fármacos, un mismo corazón: por qué los cardiólogos suman recetas en lugar de elegir una sola

Después de un infarto, una arritmia o un diagnóstico de hipertensión, el paciente suele volver a casa con varias cajas en el bolsillo. La combinación responde a mecanismos distintos que actúan sobre el músculo cardíaco, los vasos, la sangre y el ritmo, y se ajusta caso por caso.

Por Marisol OlguínCampo y producción · 11 de septiembre de 2026 · hace 54 min

Recibir varias cajas de medicamentos tras un diagnóstico cardíaco genera, en muchos pacientes, la misma pregunta: ¿para qué sirve cada una? La respuesta es que el corazón puede fallar por razones distintas y simultáneas, y un solo fármaco no alcanza para cubrir todo el espectro de problemas que pueden aparecer o que ya están instalados.

Presión arterial: cuatro caminos para un mismo objetivo

La presión arterial elevada es uno de los cuadros más frecuentes. Cuando se sostiene en el tiempo, obliga al músculo cardíaco a trabajar con mayor esfuerzo y puede dañar, además, las paredes de los vasos sanguíneos. Para reducirla existen varios grupos de fármacos que actúan por vías diferentes y que, en muchos pacientes, se combinan. Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina bloquean la producción de una hormona que estrecha los vasos; los ARA II impiden que esa misma hormona ejerza su efecto sobre el receptor; los betabloqueantes reducen la frecuencia cardíaca atenuando la acción de la adrenalina; y los bloqueadores de los canales de calcio relajan los vasos o desaceleran el pulso, según el caso y la indicación del profesional tratante.

Colesterol: bajar el LDL y apagar la inflamación

El colesterol LDL, conocido como colesterol malo, se trata de manera independiente porque cumple un papel propio en la progresión de la enfermedad cardiovascular. Las estatinas son los fármacos más utilizados con ese fin y, además de reducir los niveles de LDL en sangre, pueden contribuir a disminuir la inflamación en la pared de las arterias. Se indican tanto después de un infarto, un accidente cerebrovascular o la colocación de un stent, como en personas con factores de riesgo que todavía no atravesaron un evento. Cuando las estatinas no son suficientes o no pueden utilizarse, el médico puede sumar ezetimiba o inhibidores de PCSK9, una familia más reciente que actúa sobre una proteína involucrada en el metabolismo del colesterol.

  • Antiagregantes plaquetarios: incluyen la aspirina y el clopidogrel; dificultan que las plaquetas se unan entre sí.
  • Anticoagulantes: como apixabán y rivaroxabán, actúan en otra etapa del proceso de coagulación y se usan en trombosis de piernas o pulmones.
  • Fármacos antiarrítmicos: indicados cuando el ritmo cardíaco se vuelve irregular o demasiado rápido.
  • Diuréticos: ayudan a eliminar el exceso de líquido y sal, lo que reduce la presión arterial y alivia la carga del corazón.

Los antiagregantes plaquetarios, como la aspirina y el clopidogrel, dificultan que las plaquetas se adhieran entre sí. La aspirina se indica a quienes ya tienen enfermedad cardiovascular diagnosticada, pero la guía de la Cleveland Clinic advierte que no se recomienda de forma general para prevenir un primer evento sin una evaluación individual que pondere beneficios y riesgo de sangrado. Los anticoagulantes, como apixabán y rivaroxabán, actúan en una etapa diferente del proceso y se utilizan frecuentemente para tratar coágulos en piernas o pulmones. Ambos tipos de medicamentos pueden aumentar el riesgo de hemorragias, por lo que no deben iniciarse ni suspenderse sin indicación médica expresa.

Ritmo y líquido: los otros dos frentes

Para quienes presentan arritmias existe una familia específica de fármacos antiarrítmicos, cuya selección depende del tipo de trastorno del ritmo y de la tolerancia del paciente. En paralelo, cuando el corazón no bombea con eficiencia tiende a acumular líquido, y allí entran los diuréticos, que ayudan a eliminar ese exceso y, como efecto asociado, contribuyen a controlar la presión arterial.

La combinación y las dosis las define el profesional según el cuadro clínico, los antecedentes y los factores de riesgo de cada persona. Por eso, ante cualquier duda sobre por qué se receta más de un medicamento, la indicación más razonable es volver al consultorio y pedirle al cardiólogo que explique el lugar que ocupa cada fármaco en el plan global, en lugar de interrumpir por cuenta propia cualquier tratamiento.

MO
Marisol OlguínCampo y producción

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