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Criar sin autoridad no es criar con más amor: por qué los límites importan desde la cuna

Psicólogas especializadas en infancia sostienen que el diálogo sin firmeza confunde a los chicos y puede dejarles pocas herramientas para enfrentar frustraciones. La clave, dicen, es ejercer autoridad con presencia afectiva y lejos del grito.

Por Florencia ZabalaTurismo serrano · 27 de agosto de 2026 · hace 47 min

Tengo frente a mí dos tazas de café y la ventana abierta de par en par: el viento mueve las hojas del jacarandá y, mientras releo las entrevistas que me dejaron dos especialistas en crianza, una idea se me instala con la fuerza de las cosas evidentes. Cuidar a un hijo no es solo abrazarlo. También es decirle que no, y sostener ese no aunque al chico se le desarmen los ojos. En las últimas décadas, muchas familias bienintencionadas confundieron el respeto con la ausencia total de normas, y ese equívoco dejó a más de un pibe sin herramientas para bancarse un traspié. De eso se trata esta nota: de por qué poner límites, lejos de ser autoritarismo, es una de las formas más concretas de amor.

Cuando el diálogo se vuelve una negociación permanente

La escena se repite en casas de toda la Argentina: el padre o la madre propone algo, el chico se queja, el adulto cambia de opinión para evitar el conflicto. Y así, una y otra vez. Para la psicóloga infantojuvenil Ivana Raschkovan, autora del libro "Infancias respetadas", ahí se pierde la autoridad. Conversar no equivale a ceder en todo: hay temas que se negocian en una familia y otros que no.

“Conversar no quita autoridad; al contrario. La pérdida de autoridad ocurre cuando el adulto le teme al conflicto y lo evita. Si para esquivar un berrinche terminamos moviendo el límite, el mensaje se vuelve sumamente confuso.”Ivana Raschkovan, psicóloga infantojuvenil

Autoridad no es lo mismo que autoritarismo

La especialista separa las aguas con una definición tajante: autoritarismo es abuso de poder. Respetar a un niño o a un adolescente no significa dejarle hacer lo que quiera. El respeto está en el buen trato, no en la falta de reglas. En los años sesenta, la psicóloga Diana Baumrind describió tres estilos de crianza que siguen vigentes como mapa para cualquier madre o padre: el autoritario, con normas rígidas y poca escucha; el permisivo, con mucho afecto pero sin límites claros; y el democrático o autoritativo, que combina reglas firmes con diálogo y afecto. La mayoría de los especialistas coincide en señalar al último como el punto de equilibrio más saludable.

La psicóloga Deborah Bellota pone el foco en los padres permisivos, a los que define como muy afectuosos pero temerosos de poner topes "por miedo a que el hijo se enoje con ellos". En el corto plazo, esa dinámica puede alimentar la autoestima del chico. A la larga, suele traducirse en baja tolerancia a la frustración, dificultad para autorregularse y resistencia frente a cualquier figura de autoridad.

El límite como aprendizaje cotidiano

  • Ir a dormir aunque el chico quiera seguir jugando.
  • No almorzar caramelos por más que los pida.
  • Darle la mano para cruzar la calle, aunque se enoje.
  • Respetar los horarios pactados con la escuela.
  • Cumplir lo que se promete, tanto el sí como el no.

Para Raschkovan, los límites son una forma de cuidado. Las pequeñas frustraciones del día a día, esas que muchas veces los adultos ni registramos, van entrenando a los chicos para tolerar la frustración. Esa capacidad no aparece sola: se aprende. Si un niño no experimenta el "no" dentro de un entorno seguro, le va a costar más juntar recursos emocionales para procesar situaciones difíciles fuera de la casa, en la escuela, en la calle o en cualquier vínculo que venga después.

Decir no es el principio, no el final

Bellota aclara que la tarea del adulto no termina cuando pronuncia el "no". Después hay que contener, explicar, sostener la decisión y, sobre todo, no desligarse emocionalmente del chico. Poner un límite sin violencia ni grito no es solo posible: es lo que marca la diferencia entre una familia donde se aprende a convivir y otra donde los chicos crecen sin red. Criar con autoridad y con cariño, coinciden las dos profesionales, es elegir todos los días el camino del medio.

FZ
Florencia ZabalaTurismo serrano

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