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Un ginkgo alemán como ancla de tres vidas: la nueva película de Enyedi que une a Tony Leung y Léa Seydoux

La realizadora húngara Ildikó Enyedi, nominada al Oscar por «En cuerpo y alma», vuelve con una película de casi dos horas y media que teje tres historias —en 1908, 1972 y 2020— a partir de un mismo árbol en un jardín botánico.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 18 de septiembre de 2026 · hace 6 h

Yo entré a la sala casi sin saber qué me esperaba y, antes de que apareciera Tony Leung en pantalla, me topé con una chica joven que se sentaba dos filas adelante y miraba el reloj con cara de pocos amigos. A los veinte minutos ya estaba tan quieta como el resto de la sala, enganchada con esa primera historia de 1908 que tiene como protagonista a la primera estudiante universitaria de un jardín botánico alemán, fascinada por conectar los patrones de las plantas antiguas con la fotografía. Esa mujer, interpretada por Luna Wedler, abre el recorrido y, sin proponérselo, marca el tono de toda la película: paciencia, observación, tiempo largo.

Un árbol, tres décadas, tres vidas

Porque la propuesta de «El amigo silencioso» —que así se titula la película de la que les quiero contar— es bien concreta: un ginkgo del jardín botánico de una universidad alemana funciona como punto de encuentro de tres historias separadas por décadas, en 1908, 1972 y 2020. No hay un mismo personaje que envejezca a lo largo de más de un siglo, sino experiencias distintas que se cruzan por ese árbol. La narración reparte su atención entre una fotografía que dialoga con la botánica, un cuidado de geranios que cambia la vida de un joven y una investigación neurocientífica con bebés. Las tres líneas terminan volviendo, de un modo u otro, al mismo ginkgo.

El segundo tramo, el de 1972, me dejó pensando más de lo que esperaba. Es la historia de un estudiante que empieza a cuidar geranios y, en ese gesto cotidiano, termina modificando bastante más que su rutina. Es una de esas líneas de la película donde la relación con lo vegetal aparece desde el cultivo, desde las manos en la tierra, sin grandilocuencia. Y funciona como un puente perfecto hacia el tercer episodio, el de 2020, donde el protagonismo queda en manos del neurocientífico hongkonés al que da vida Tony Leung, que investiga con bebés y con el ginkgo del jardín botánico.

  • 1908: una joven, primera estudiante universitaria, cruza fotografía y patrones de plantas antiguas.
  • 1972: un estudiante cuya vida cambia a partir del cuidado de geranios.
  • 2020: un neurocientífico de Hong Kong que experimenta con bebés y con el ginkgo.

La responsable de tejer todo esto es Ildikó Enyedi, que firma tanto el guion como la dirección. Si el nombre les suena, es probable que sea por «En cuerpo y alma», la película por la que estuvo nominada al Oscar. En este caso, vuelve con un elenco donde conviven Tony Leung, Léa Seydoux y la propia Luna Wedler, dándole cuerpo a personajes atravesados por la mirada científica, la fotografía y el trabajo de cultivo. Con una duración cercana a las dos horas y media, la película se toma su tiempo —bastante tiempo— para desarrollar personajes y situaciones a un ritmo que pide espectadores con cierta disposición a la contemplación. No es una propuesta que apure al público: avanza como crece un árbol, sin sobresaltos.

“A la salida, una señora que iba con su marido me dijo, ya en la puerta del cine, casi como resumiendo lo que habíamos visto: «Es una película para gente que se banca mirar una hoja quieta un rato largo».”espectadora, a la salida de la función
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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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