Miércoles, 16 de septiembre de 2026
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Rodilla que no te deja dormir: cuándo hay que dejar de aguantar y consultar al médico

Un especialista en medicina deportiva advierte sobre las señales de alerta del dolor nocturno y repasó qué hacer -y qué no- antes de tomar un analgésico.

Por Pablo CarreñoDeportes · 16 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Dormir y que la rodilla te lo impida no es un capricho del cuerpo: es una señal. El especialista Wesley Baker fue claro: cuando la molestia corta el sueño, se repite varias noches seguidas o empieza a complicar las actividades del día a día, la consulta médica deja de ser opcional. Ahí ya no alcanza con acomodar la postura, poner hielo y cruzar los dedos.

Antes de la consulta, eso sí, hay alivio posible. Para quienes duermen de costado y cargan artritis, la recomendación pasa por una almohada ubicada entre las piernas; si se descansa boca arriba, conviene apoyarla debajo de las rodillas, con una flexión leve, para reducir el contacto dentro de la articulación. Es un truco simple, pero útil mientras se llega al consultorio.

Frío, calor y lo que hay que mirar en el botiquín

  • Calor, mejor para molestias crónicas asociadas con artritis.
  • Frío (hielo), la opción para lesiones recientes o cuando hay hinchazón.
  • Geles, cremas y parches antiinflamatorios como alivio localizado.
  • Revisar la medicación que ya se toma: ibuprofeno y naproxeno pueden chocar con anticoagulantes.
  • Paracetamol como alternativa posible, siempre definida con el profesional.

Antes de tragarse un analgésico, Baker pidió prestar atención a lo que ya hay en la mesa de luz. Los antiinflamatorios más comunes -ibuprofeno y naproxeno- sirven para bajar la inflamación, pero pueden interactuar con anticoagulantes. En esos casos, el paracetamol aparece como salida, aunque la decisión final la tiene que tomar el médico de cabecera. Nada de automedicarse a la madrugada.

Por qué duele más de noche y qué lo puede estar causando

La explicación tiene lógica. Durante el día, el movimiento va lubricando la articulación; al acostarse, esa lubricación baja y el cuerpo, más quieto, empieza a registrar lo que venía acumulando. La presión sostenida y la postura pueden amplificar un problema previo, en una rodilla o en las dos. Entre las causas más frecuentes, Baker mencionó lesiones, procesos inflamatorios y distintos tipos de artritis. También apuntó contra el pavimento: correr sobre superficies duras deja una carga que se siente cuando se corta el entrenamiento y, sobre todo, cuando se va a la cama.

Para quienes no quieren resignarse, el especialista sugirió variantes de bajo impacto. La natación y el ciclismo permiten mover las rodillas sin castigarlas. Suma, no reemplaza: si el dolor ya cambió tu rutina, el médico tiene que saberlo. Y si todavía te cuesta arrancar el lunes porque la rodilla no te dio tregua el domingo a la noche, no te hagas el duro: pedí turno.

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