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Medio siglo después del 11-S: el ritual de seguridad que el viajero argentino ya naturalizó

Veinticinco años después de los atentados que cambiaron la aviación mundial, las medidas de seguridad se volvieron parte del paisaje cotidiano en los aeropuertos. Una guía para entender qué se controla, por qué se controla y cómo prepararse antes de pasar por el mostrador.

Por Florencia ZabalaTurismo serrano · 11 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Cuando uno se acomoda en la sala de embarque y mira por el ventanal, la pista parece un escenario que viene montado de fábrica. Pero no es así. Cada puerta blindada, cada scanner corporal, cada cinta transportadora con su bandeja es herencia directa de una mañana de septiembre de 2001 que cambió para siempre la manera en que nos subimos a un avión. A veinticinco años de los atentados, conviene repasar de dónde vienen estas reglas y cómo nos afectan hoy, porque el control de seguridad ya dejó de ser una novedad para convertirse en paisaje.

Una nueva agencia y un antes y un después

Lo más visible fue la creación de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA) en Estados Unidos, apenas dos meses después del 11-S. Reemplazó a las empresas privadas que se ocupaban hasta entonces de los controles y armó un cuerpo de inspectores federales. Con variantes, ese modelo se extendió luego a buena parte del mundo y hoy define lo que el viajero ve en cualquier aeropuerto medianamente serio.

Después aparecieron dos episodios puntuales que terminaron de moldear el ritual. Un pasajero quiso detonar explosivos escondidos en el calzado y, desde entonces, en muchos aeropuertos hay que sacarse los zapatos antes del escáner. En 2006 se desbarató un plan para llevar explosivos líquidos en vuelos entre el Reino Unido y Estados Unidos: de ahí viene la famosa regla de los 100 mililitros.

Qué se puede llevar y qué no en el bolso de mano

  • Líquidos, geles y aerosoles: hasta un litro en total, repartido en envases individuales de no más de 100 ml, dentro de una bolsa de plástico transparente y cerrada.
  • Dispositivos electrónicos: hay que retirarlos de la mochila y pasarlos por el escáner por separado.
  • Objetos punzantes y cortantes: quedaron afuera de la cabina. Tijeras, cortaplumas y similares van en el equipaje despachado.
  • Puerta de la cabina: reforzada y sin acceso de pasajeros durante el vuelo.

Hay un dato práctico que muchos subestiman y que termina definiendo la experiencia: los controles más exhaustivos alargan los tiempos de paso. Para vuelos internacionales, lo razonable es llegar al aeropuerto con al menos tres horas de anticipación; para vuelos de cabotaje, dos. En temporada alta conviene sumar un margen extra antes de sentarse a tomar un café en la terminal.

Cuánto cuesta y cómo se llega

Pasar por el control de seguridad en sí no tiene costo adicional: ya está incluido en el precio del pasaje. Lo que sí cuesta es el tiempo previo. Hay que calcular traslado al aeropuerto, estacionamiento o remise, y la cola en el filtro. Para llegar, lo más práctico en las principales ciudades argentinas es llegar en remise o en servicios de traslado habilitados; en Buenos Aires, el acceso por la Autopista Riccheri o por la Avenida General Paz permite llegar hasta Aeroparque o Ezeiza sin sobresaltos si se sale con margen.

Sobre la conexión entre la Argentina y estas reglas globales: en el material de base la información queda cortada, así que prefiero no avanzar con datos puntuales que no pueda confirmar. Lo que sí está claro es que las líneas que operan desde el país aplican los mismos criterios de líquidos y scanners que rigen en el resto del mundo, con controles de la PSA y personal de seguridad propio en cada terminal.

“Conocer las reglas vigentes permite anticiparse en el aeropuerto y evitar sorpresas en el control. Es la diferencia entre pasar el filtro en quince minutos o quedarse varado veinte minutos discutiendo por una crema que supera los 100 ml.”Florencia Zabala, Turismo serrano
FZ
Florencia ZabalaTurismo serrano

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