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Después de dos semanas sin moverse: por qué se siente más pesado el esfuerzo y cómo volver sin sobrestimarse

Una pausa breve no borra los meses de entrenamiento, pero altera primero la resistencia aeróbica. La fuerza, en cambio, aguanta más tiempo. Especialistas consultados explican qué esperar al regreso y cómo planificar las primeras sesiones.

Por Marisol OlguínCampo y producción · 17 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Marisol Olguín, Campo y producción. Reanudar la rutina de entrenamientos después de unos días fuera, ya sea por un viaje, una enfermedad o una sobrecarga de trabajo, suele deparar una sorpresa incómoda: el cuerpo responde como si todo el esfuerzo previo se hubiera evaporado. Esa sensación, coinciden los especialistas consultados, no siempre refleja una pérdida real de rendimiento, sino un orden concreto de deterioros que comienza por el sistema cardiovascular antes de alcanzar al muscular.

La resistencia cae antes que la fuerza

Jesse Shaw, profesor de medicina deportiva en la Universidad de Western States, explicó que las adaptaciones que el cuerpo logra con el ejercicio no se pierden al mismo ritmo. La capacidad aeróbica es más sensible a la interrupción de la actividad que la fuerza muscular. Alrededor de las dos semanas sin entrenar pueden empezar a notarse descensos en la función cardiopulmonar, que se traducen en una dificultad mayor para sostener el esfuerzo, una respiración que se agota antes y una frecuencia cardíaca que sube más rápido ante la misma carga de trabajo.

La fuerza, en cambio, muestra su caída más tarde. Shaw indicó que la disminución de la capacidad para mover cargas suele hacerse visible después de tres a cuatro semanas de suspensión completa del ejercicio, un margen que protege a quienes mantienen, aun sin proponérselo, cierta actividad cotidiana.

“Quien tiene una trayectoria más prolongada de actividad suele conservar mejor sus adaptaciones. Además, las tareas cotidianas y el trabajo manual pueden demorar la aparición de pérdidas relevantes de fuerza, a diferencia de lo que ocurre con la inmovilidad en cama.”Jesse Shaw, profesor de medicina deportiva de la Universidad de Western States

Qué hacer durante la pausa y cómo planificar el regreso

  • Mantener un consumo adecuado de proteínas para colaborar en la conservación de la masa muscular, según la recomendación de Shaw.
  • Sumar movimiento suave y reproducir, cuando sea posible, los movimientos habituales del entrenamiento con una exigencia menor, como propuso Andy Stern.
  • Dedicar los primeros días a recuperar energía, sostener una buena hidratación y evitar exigir al cuerpo como si nada hubiera cambiado, advirtió el entrenador personal Andy Stern.
  • Aumentar la intensidad de manera gradual y ajustar las expectativas a las primeras sesiones, para no asociar el regreso con una frustración que no corresponde al estado real de forma.
  • Considerar la pausa como parte del ciclo de entrenamiento: Shaw señaló que una interrupción cercana a las dos semanas puede permitir una recuperación suficiente para mejorar el rendimiento posterior, un proceso conocido como supercompensación, aunque aclaró que ese efecto no se reproduce de manera automática en cualquier pausa.

El mensaje de fondo, sostienen los especialistas, es que la inactividad corta actúa como un espejo amplificador de la fatiga más que como un borrado del progreso. La decisión del productor, en este caso del aficionado que vuelve al gimnasio o a la ruta, pasa por aceptar que las primeras sesiones pedirán un esfuerzo percibido mayor al de la memoria y por dosificar la carga hasta que el cuerpo recupere el ritmo de antes.

MO
Marisol OlguínCampo y producción

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