Una caminata entre canela y silencio: el Bosque de Arrayanes que parece pintado a mano
Sobre la península de Quetrihué, a poco más de trescientos kilómetros de Bariloche, los arrayanes más famosos del país tientan con su corteza que se pela sola. Acá te cuento cómo llegar, qué llevar y cuánto sale perderse en ese bosque que parece de mentira.
La primera vez que bajé a la Península de Quetriuhué, hace ya varios veranos, me pasó algo raro: el auto se quedó callado y de golpe escuché un bosque que respiraba distinto. No es un lugar que te reciba con un golpe de efecto, te lo advierto. Te envuelve de a poco, como si te metieras adentro de una acuarela. La luz entra filtrada por el follaje, cae sobre unos troncos que parecen de otro planeta y el suelo se pone blando, húmedo, oloroso. Ahí entendí por qué tanta gente se queda callada con la boca abierta: el arrayán no es un árbol cualquiera, es un árbol que se está pelando todo el tiempo.
El bosque que se desarma y se vuelve a armar
El protagonista absoluto del lugar es el arrayán, que los botánicos llaman Luma apiculata y que crece como nadie en esta punta del lago Nahuel Huapi. Su corteza lisa se desprende en placas chiquitas y deja al descubierto una paleta que va del canela al rojizo, del anaranjado al borravino, según la hora y la humedad. Cuando el sol se cuela entre las ramas, da la sensación de que el bosque se ilumina desde adentro, como si alguien hubiera encendido unas velas enterradas en el tronco.
La especie aparece en otros puntos del bosque andino-patagónico, pero acá la concentración y el porte son otra cosa. Los arrayanes conviven con coihues, ñires y lengas, y el conjunto forma un ecosistema que abraza la península por sus costas sobre el lago. Eso es lo que vuelve al lugar excepcional: no es un árbol suelto, es un bosque entero vestido de canela.
Dos formas de entrar, las dos valen la pena
Para llegar hay dos rutas bien marcadas y se puede elegir una sola o combinar las dos, una de ida y otra de vuelta. La primera es a pie o en bicicleta de montaña, por un sendero que arranca en la zona de Bahía Mansa y se va metiendo de a poco en el monte, cruzando distintos ambientes hasta llegar al corazón del bosque. Conviene consultar en la seccional del parque qué modalidades están habilitadas en cada temporada, porque el reglamento cambia.
La segunda opción es embarcarse en una excursión lacustre por el Nahuel Huapi. Desde el agua, la cordillera, la costa llena de bosque y la propia península se ven como una sola postal que se va armando mientras la lancha avanza. Muchos visitantes eligen ir caminando y volver navegando, o al revés, para tener las dos miradas.
Cuánto sale y cómo se llega desde Neuquén
Desde la capital neuquina hay que tomar la ruta nacional 22, después empalmar con la 237 y por último agarrar la ruta nacional 40. Son unos 470 kilómetros en total, que se hacen sin apuro y con varias paradas para estirar las piernas. Una alternativa muy elegida es llegar desde San Carlos de Bariloche, que queda bastante más cerca, cruzando por el paso que bordea el Nahuel Huapi.
En cuanto a los costos, conviene tener en cuenta que la entrada al Parque Nacional Nahuel Huapi se paga en el acceso y los valores varían según la temporada y la condición del visitante (argentinos, Mercosur o extranjeros). Las excursiones lacustres tienen tarifas propias y se contratan en las empresas que operan en el puerto de Villa La Angostura. Los valores exactos se confirman en la web oficial del parque y en las agencias locales antes de salir.
- Salir temprano: la luz de la mañana y la de la tardecita son las que mejor pintan los troncos.
- Llevar calzado con buena suela, el piso está siempre húmedo.
- Mantenerse sí o sí en los senderos señalizados: la cartelería del parque marca hasta dónde se puede ir.
- No arrancar corteza, ramas ni nada: está prohibido y además rompe el encanto.
- Llevar la basura de vuelta, no hay tachos en el interior del bosque.
- Si vas en invierno o en primavera, chequear antes el estado de las rutas y de los servicios de lancha, porque la nieve puede cortar el acceso.
Antes de salir conviene siempre verificar el estado de las rutas y el pronóstico del tiempo. En invierno y principios de la primavera la nieve puede complicar el acceso terrestre y también la navegación, que se ajusta según la temporada. Una llamada a la seccional del parque o una consulta en la oficina de turismo de Villa La Angostura te ahorra sorpresas.
“El arrayán no es un árbol que se mira, es un árbol que se escucha. Cuando te quedás quieto, parece que el bosque se está acomodando solo.”Carlos Huilipán, guardaparque del Nahuel Huapi
Así me lo dijo Carlos Huilipán, un guardaparque que trabaja hace años en la zona y que conoce cada sendero como la palma de su mano. Si van, busquen a alguien como él en la entrada del recorrido: preguntar a los que cuidan el lugar siempre rinde más que cualquier guía de papel.
