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Un parapléjico y su amigo dieron la vuelta al mundo en silla de ruedas y sin restricciones

Fletcher Crowley y Lachie Bennett recorrieron cuatro continentes en tres meses: subieron 268 escalones en Hong Kong, bucearon con tiburones en Sudáfrica y se alojaron en una capilla del siglo X en Francia.

Por Tomás OjedaÚltimo momento · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Fletcher Crowley tenía 17 años cuando un accidente en bicicleta de montaña le fracturó dos vértebras y lo dejó parapléjico. Puede ponerse de pie y caminar unos pasos, pero el esfuerzo lo agota enseguida. Años después, junto a su amigo Lachie Bennett, completó un viaje de tres meses por Europa, Asia, África y América del Sur. El periplo fue confirmado a este medio por los protagonistas, que detallaron un itinerario que incluyó Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica.

La amistad entre ambos se consolidó en el centro de rehabilitación donde Lachie trabaja como terapeuta, el mismo donde Crowley se atendió tras el accidente y donde ambos habían coincidido de chicos en el colegio. En una cena de turno nocturno descubrieron afinidades en música, moda y ganas de probar cosas nuevas, además de un pasado compartido con episodios de ansiedad que supieron sortear.

Una vuelta al mundo comprada por impulso

La gira arrancó sin grandes planificaciones. Iban a tomarse dos semanas cuando apareció una oferta de pasajes con múltiples escalas. Compraron los tickets sin dudarlo y terminaron armando un recorrido de tres meses por cuatro continentes.

  • Hong Kong: Lachie cargó a Fletcher en la espalda para subir los 268 escalones hasta el Gran Buda.
  • Suiza: una familia que los seguía por redes los invitó a hospedarse en su casa.
  • Francia: se alojaron en una granja de ovejas y pasaron una noche en una capilla del siglo X cerca de Niza.
  • Brasil: recorrieron la selva en cuatriciclo.
  • Sudáfrica: hicieron safari, bucearon con tiburones y volaron en parapente.

El recorrido no estuvo exento de complicaciones. Algunos puntos del itinerario resultaron inaccesibles para la silla de ruedas, por lo que debieron reprogramar tramos o recurrir a la fuerza física de Lachie para sortear obstáculos. "Puede requerir un poco más de planificación y a veces las cosas tardan más, pero encontramos la manera de que casi todo funcione", resumieron los viajeros.

Al inicio, la travesía se financió con ahorros personales. La difusión de videos en redes sociales disparó una campaña de micromecenazgo que les permitió mayor espontaneidad, además de resolver buena parte del alojamiento por contactos surgidos en la propia comunidad digital.

“El mundo no es accesible, nosotros lo somos.”Fletcher Crowley y Lachie Bennett
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Tomás OjedaÚltimo momento

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