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Las hermanas Owen cierran una etapa, pero la magia pide otra vuelta: la lectura que dejó el final de Prácticamente Magia 2

Nicole Kidman y Sandra Bullock volvieron a meterse en la piel de las Owen casi treinta años después y dejaron varios hilos pendientes que, sin proponérselo, alimentan el rumor de una tercera entrega. Repaso de lo que se resuelve, lo que queda abierto y por qué la franquicia parece tener cuerda para rato.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 14 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Me crucé a Norma en la puerta del cine, con los ojos todavía un poco húmedos y el paquete de pochoclos intacto debajo del brazo. Me dijo que había ido a ver Prácticamente Magia siendo chica, que la película le había llegado por accidente un domingo a la tarde, y que ahora, varios años después, se había sentado en la butaca con la misma expectativa con la que entró aquella primera vez. Salió igual de pegada a la historia, pero con una sensación nueva: la de que algo quedó a medio camino. Esa sensación, multiplicada por miles de salas en todo el mundo, es probablemente la mejor explicación de por qué la conversación sobre una tercera parte ya empezó antes de que se secara la tinta del estreno de esta secuela.

Prácticamente Magia 2 llegó como esa clase de regreso que las majors norteamericanas suelen reservar para sus franquicias más queridas: Nicole Kidman y Sandra Bullock otra vez en el centro de la escena, casi treinta años después del filme original, y una historia que decide no esconderse detrás del cameo fácil. La película retoma a las hermanas Owen en un momento bisagra de la familia: la aparición de Tom Bailey, un pariente lejano sin dones mágicos que llega con la idea fija de quedarse con el famoso libro de hechizos para arreglar asuntos personales. El conflicto funciona como motor del primer acto y le da a la película una excusa concreta para reagrupar a las protagonistas en la casa de siempre, esa cocina luminosa que para los fans de toda la vida funciona casi como un personaje más.

Lo más interesante, a mi entender, es cómo la secuela elige repartir el peso dramático. El enfrentamiento con Bailey se resuelve con un conjuro colectivo de las Owen, que termina de confirmar que el verdadero poder de esta familia nunca estuvo en un libro sino en el lazo que las une. Pero el desenlace que más consecuencias arrastra ocurre en paralelo, en Massachusetts, y tiene a Frances como protagonista absoluta. La maldición que pesa sobre las mujeres Owen, esa condena terrible que dice que los hombres que aman están destinados a morir, encuentra por fin una salida posible, pero esa salida pasa por un sacrificio personal que Frances decide hacer. Ese sacrificio es lo que permite que Gideon, el novio de Kylie que llevaba un tramo largo de la película en ese estado límite, por fin despierte.

Lo que la película resuelve y lo que deja picando

  • La amenaza externa de Tom Bailey se cierra con un trabajo en conjunto de las hermanas Owen, que vuelve a poner el acento en la unión familiar como verdadero motor de la magia.
  • La maldición ancestral sobre las mujeres de la familia encuentra una salida mediante un sacrificio de Frances, que funciona como el verdadero clímax emocional y el motor del desenlace.
  • Kylie se casa con Gideon, ya recuperado, y Sally retoma su vida amorosa al lado de Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega.
  • Las dos jóvenes de la familia empiezan a mostrar sus propios poderes, en lo que parece ser el primer paso de una nueva generación de herederas.
  • Quedan abiertos el arco de Gillian, que no termina de cerrarse del todo, y el futuro del negocio familiar, además de la exploración profunda de los poderes de las más chicas.
  • La película no incluye escena poscréditos, así que cualquier posible continuación dependerá del rendimiento en streaming y del interés del estudio.

Después del sacrificio de Frances y del casamiento de Kylie, la película entra en una zona de reconstrucción bastante atípica para un filme de este tipo. Las dos Owen más jóvenes empiezan a tantear sus propios poderes, Kylie pasa por el altar con un Gideon que por fin vuelve a estar entre los vivos y Sally se permite, por primera vez en mucho tiempo, volver a pensar en el amor de la mano de Ian, un personaje nuevo que la secuela incorpora sin demasiado ruido pero con bastante eficacia dramática. Es un tramo luminoso, pensado para que el público se vaya a su casa con una sonrisa, y la película no incluye escena poscréditos, una decisión que en sí misma ya dice bastante sobre la estrategia del estudio.

Ahora bien, lo que para algunos espectadores funciona como un cierre cálido, para otros deja demasiados hilos sueltos. El arco de Gillian, por ejemplo, no termina de cerrarse en ningún sentido definitivo: queda la sensación de que hay una historia personal ahí que merecía un poco más de aire. Y las integrantes más jóvenes apenas empiezan a tantear su propia herencia mágica, sin que se termine de explorar qué van a hacer con ese legado y, sobre todo, con el negocio familiar que históricamente las identifica. En un contexto donde la primera entrega encontró una segunda vida enorme en plataformas de streaming, donde una camada de espectadores que ni había nacido en 1998 la descubrió de grande, la posibilidad de una tercera parte aparece más como una conversación que como un anuncio formal.

Yo soy de los que creen que, cuando un filme deja la puerta abierta sin hacer ruido, suele ser porque confía en que el público va a empujar desde el otro lado. Prácticamente Magia 2 no necesita un cliffhanger explícito para sembrar la duda: le basta con mostrar a las Owen más jóvenes dando sus primeros pasos en la magia y con dejar a Gillian en un punto intermedio, ni del todo resuelto ni del todo abierto. La pregunta, entonces, no es tanto si debería existir una tercera parte para cerrar esos arcos, sino si los estudios van a animarse a contar lo que esta secuela, con muy buen criterio, eligió dejar a mitad de camino. Mientras tanto, en la puerta del cine, Norma me dejó una frase que me parece la mejor síntesis posible de lo que dejó esta película: 'Hermosa, pero me faltó un ratito más'. Y esa sensación, multiplicada por miles de salas, es la que mantiene viva la conversación sobre una posible tercera entrega.

“Hermosa, pero me faltó un ratito más.”Norma, espectadora, a la salida de la función
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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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