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La vez que Nintendo compró cine para adultos y lo mandó al rincón: la historia insólita de las Super Hornio Brothers

A comienzos de los años noventa, un director porno vio el boom de Mario Bros y se le ocurrió lo impensado: rodar una parodia explícita del fontanero en apenas dos días y por veinte mil dólares. Lo que pasó después con esos films es uno de los capítulos más curiosos de la historia de la propiedad intelectual.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 6 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Les confieso algo: hasta que me crucé con esta historia, yo también creía que el chiste de las Super Hornio Brothers era apenas un rumor de pasillo, una de esas leyendas urbanas que sobreviven en foros de internet y que uno repite sin estar del todo seguro de que sean ciertas. Pero no, querido lector, las películas existieron, se filmaron, se estrenaron y hasta tuvieron a uno de los actores más famosos del cine para adultos como protagonista. Lo que ocurrió después, sin embargo, es lo que vuelve a este episodio verdaderamente insólito, porque lo que hizo Nintendo con esas cintas no tiene paragón en la industria del entretenimiento, y a mí, sinceramente, me parece un movimiento tan astuto como definitivo.

Dos días de rodaje, veinte mil dólares y un plan que se multiplicó

A comienzos de los años noventa, Super Mario vivía su momento de mayor popularidad global, con videojuegos que batían récords de venta y una adaptación cinematográfica oficial en plena producción. Fue en ese contexto que el director y actor Buck Adams vio una oportunidad descarada: producir una parodia pornográfica de las aventuras del fontanero. El rodaje se completó en dos días, con un presupuesto de alrededor de veinte mil dólares, cifras que a mí me parecen una locura si pienso en lo que se consigue con esa plata hoy en día, pero que en aquel entonces eran moneda corriente para cierto tipo de producción exprés. El material grabado resultó tan extenso que la producción se dividió en dos partes: Super Hornio Brothers y su secuela, Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns, con Ron Jeremy como protagonista de ambas.

El estreno de ambas cintas coincidió, casi como una broma del destino, con el lanzamiento de la película oficial Super Mario Bros. (1993), dirigida por Rocky Morton y Annabel Jankel. Aquella adaptación, que contó con Bob Hoskins y John Leguizamo en los papeles principales, fue un fracaso rotundo de taquilla y recibió críticas demoledoras, dejando la imagen de los personajes por el piso. Con ese escenario, Nintendo tenía más que suficientes razones para preocuparse por cualquier producto asociado a su marca, y mucho más si se trataba de una parodia para adultos que circulaba en las mismas vidrieras.

La compra silenciosa que cambió todo

Lo que hizo Nintendo a continuación es, a mi entender, lo másremarkable del asunto: la compañía adquirió los derechos de ambas producciones pornográficas poco después de su lanzamiento, pero lo hizo con una discreción deliberada que hoy resulta casi artística. El objetivo no era distribuir las películas, ni remasterizarlas, ni reeditarlas en formato hogareño, sino exactamente lo contrario: archivar el material sin generar publicidad adicional a su alrededor. La estrategia resultó tan efectiva que durante más de una década circularon dudas serias sobre si esas películas habían existido realmente, y muchos creyeron que se trataba de un mito recurrente más que de un producto concreto.

  • En 2009 apareció en internet una copia de Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns, que incluía un resumen de la primera entrega y reavivó el debate sobre la existencia de las cintas.
  • Ron Jeremy, protagonista de ambas producciones, confirmó públicamente que los derechos pertenecen a Nintendo y que legalmente no es posible relanzarlas ni distribuirlas.
  • La primera película, Super Hornio Brothers, sigue sin aparecer en ningún formato accesible al público y permanece desaparecida hasta el día de hoy.
  • El episodio quedó como un caso singular en la historia de la protección de propiedad intelectual: una empresa de videojuegos comprando cine para adultos no para exhibirlo, sino para que nadie pudiera verlo.

Yo no sé a ustedes, pero a mí este capítulo me deja pensando en varias cosas al mismo tiempo. Por un lado, me parece una decisión empresarial de manual: cuando un activo daña tu marca, la solución más elegante es comprarlo y guardarlo bajo llave, sin ruido, sin declaraciones, sin darle más aire del que ya tuvo. Por otro lado, hay algo casi poético en que una compañía que fabrica consolas familiares y personajes para chicos termine siendo la dueña legal de dos películas que jamás podrían exhibirse en ningún horario de protección al menor, y que esa condición se mantenga durante más de treinta años sin que nadie pueda hacer nada al respecto.

“Una empresa de videojuegos comprando cine para adultos no para distribuirlo, sino para que nadie pudiera verlo.”Cierre de la nota
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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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