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El guardapolvo como manifiesto: la moda argentina se cuenta en el Moderno

La muestra "Vestir mundos" reúne seis décadas de diseño local en el Museo de Arte Moderno y propone leer cada prenda como una página de la historia reciente del país.

Por Florencia ZabalaTurismo serrano · 11 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Llegué al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires una mañana de sol tibio y, antes de cruzar la puerta, me quedé un rato mirando la arboleda de la plaza. Las hojas se mueven con esa insistencia que tienen los árboles porteños cuando quieren recordarte que la ciudad sigue respirando. Adentro, la muestra "Vestir mundos" arma algo parecido: un recorrido por seis décadas de diseño argentino entendido como documento vivo de cada crisis, cada debate y cada pelea cultural que atravesamos como sociedad.

La exposición es una coproducción con la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino) y abrió sus puertas el 10 de septiembre. Se puede visitar hasta el 1 de julio de 2027 en Avenida San Juan 350, en el barrio de San Telmo. La entrada general al museo es gratuita los martes, y de miércoles a domingos tiene un valor accesible; conviene revisar la web del Moderno antes de ir porque suelen organizar visitas guiadas incluidas en la entrada.

Seis núcleos para leer la crisis como materia prima

La curaduría corre por cuenta de Franco Chimento y Raúl Flores, que ordenaron el recorrido en seis núcleos temáticos. La idea de fondo es bien directa: los diseñadores argentinos hicieron de la restricción y la urgencia económica una herramienta creativa. "Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia", resume Chimento en una de las paredes de la muestra.

  • Crisis de fin de siglo: la sección reconstruye las respuestas creativas a las crisis socioeconómicas de fines de los noventa y comienzos de los dos mil. Trosmanchurba, el estudio de Martín Churba y Jessica Trosman, con fusiones textiles, quemado de plásticos y materiales descartados para repensar qué es una prenda sofisticada.
  • Guardapolvo como bandera: la colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre" (2004), hecha junto a la Cooperativa La Juanita, resignificó el guardapolvo blanco como símbolo de trabajo autogestionado.
  • Moda sostenible: el colectivo 12NA, de Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone ropa usada; Juliana García Bello trabaja con prendas heredadas y manteles donados, y Therapy Recycle and Exorcise lleva el suprarreciclaje a las pistas nocturnas sin distinguir género ni temporada.
  • Norte argentino: MANTO, de Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug, trabaja desde 1996 con hilanderas del norte para producir lana de owja y pelo de llama combinados con sastrería contemporánea; la salteña Roxana Liendro traslada técnicas de orfebrería como el repujado y el cincelado sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo.
  • Biotecnología y circularidad: los núcleos más recientes apuntan a la experimentación con nuevos materiales y a circuitos cerrados de producción.
  • Identidades en disputa: la muestra también cruza la indumentaria con los debates sobre género, clase y representación cultural que atravesaron al país en las últimas décadas.
“Una remera, un tapado o un guardapolvo pueden leerse como documentos de su época. Esa es la premisa que sostienen los curadores y que se repite en cada sala.”Franco Chimento, curador

Para llegar al museo hay varias opciones. En subte, la estación más cercana es San Juan, de la línea C, a cinco cuadras; también sirve la estación Independencia, de la línea E. Si vas en auto, hay estacionamientos pagos en Chile y Piedras. Y si sos de los que prefiere caminar el centro, el Moderno queda a pocos minutos de la Manzana de las Luces y del Mercado de San Telmo, así que se puede combinar con un paseo gastronómico.

Salí de la muestra con la sensación de que la moda local cuenta cosas que muchas veces se nos escapan en el diario. Me crucé con Marta, una vecina de Boedo que iba con su nieta y se detuvo largo rato frente al guardapolvo de La Juanita. Me dijo, mientras se acomodaba los anteojos: "Yo lo usé toda la vida en la escuela y nunca se me ocurrió que podía ser una obra de arte. Si venís, dedicate una hora y media, sin apuro, porque cada núcleo tiene algo para charlar". La recomendación me la llevo a casa.

FZ
Florencia ZabalaTurismo serrano

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