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El abdomen que no se va: por qué el cuerpo decide solo dónde aflojar la grasa

La grasa abdominal acumula dos tipos de tejido, responde a genética, hormonas, sueño y edad, y no se elimina con abdominales ni con dietas aisladas: la evidencia apunta a mover el cuerpo, mejorar el plato y descansar, todo al mismo tiempo.

Por Rodolfo GaticaPolítica provincial · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Cada tanto vuelve a pasar lo mismo: alguien empieza a comer mejor, se calza las zapatillas, suma abdominales por las dudas y, sin embargo, el abdomen no cede. La frustración es comprensible, pero la explicación es fisiológica, no de voluntad. El cuerpo no funciona como una grapadora que ajusta una sola zona: quema grasa de manera sistémica, según una combinación de genética, edad, hormonas y calidad de descanso. Pretender que unas sentadillas eliminen la panza es, además de inútil, una lectura equivocada de cómo se administra la energía.

En la zona media se acumulan dos tipos de tejido adiposo. El subcutáneo, que está justo debajo de la piel, es el que se ve y se palpa. El visceral, en cambio, se aloja alrededor de los órganos internos y es el que preocupa a los médicos: se asocia con mayor riesgo cardiovascular y metabólico. Precisamente por eso, medir el progreso solo por el espejo puede distorsionar la evaluación. Lo que importa es lo que pasa adentro, no tanto lo que se luce afuera.

Lo que dice la evidencia

Un trabajo publicado en JAMA Network Open siguió a más de 7.000 adultos durante un promedio de 7,2 años y encontró que mejorar la calidad de la dieta y aumentar la actividad física al mismo tiempo se asoció con menor acumulación de grasa visceral. El grupo que logró las mayores mejoras conjuntas presentó 149 gramos menos de grasa visceral al cierre del seguimiento. La cifra parece modesta, pero en términos metabólicos pesa.

El dato anterior se refuerza con otro estudio, esta vez de Mayo Clinic, que registró un aumento del 9 por ciento en el área adiposa abdominal total y del 11 por ciento en la grasa visceral cuando se restringió el sueño respecto de condiciones controladas. Dormir poco, además, desordena los mecanismos del hambre y la saciedad: se come más, se elige peor y se sostén menos cualquier estrategia alimentaria. Es la trampa perfecta.

Qué sirve y qué no

  • Abdominales: fortalecen la musculatura y mejoran la postura, pero no definen de dónde sale la grasa. Dan firmeza, no volumen.
  • Genética y edad: son variables que no se eligen y explican por qué dos personas con rutinas similares registran cambios distintos.
  • Hormonas: regulan dónde se acumula y dónde se libera la grasa, sobre todo en el caso del tejido visceral.
  • Sueño: dormir mal suma centímetros abdominales y deteriora los hábitos alimentarios al mismo tiempo.
  • Dieta y movimiento conjuntos: la simultaneidad es lo que produce resultados consistentes, según la evidencia disponible.

La orientación que surge, entonces, articula tres ejes sostenidos en el tiempo: alimentación de mejor calidad, movimiento regular y descanso suficiente. La circunferencia de cintura, la evolución de la fuerza y la continuidad de los hábitos ofrecen una lectura más completa del proceso que la foto semanal frente al espejo. Reduce, mide y compará con datos, no con percepciones.

Mientras tanto, en el mercado de las promesas, quienes venden abdominales mágicas y dietas express siguen facturando. Gana el que se queda con la plata del desesperado. Pierde el que, en lugar de ajustar el sueño y sostener la rutina, vuelve a comprar el atajo que nunca funcionó.

RG
Rodolfo GaticaPolítica provincial

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