Dormir entre robles, sobre el agua o bajo las estrellas: siete formas distintas de hospedarse en la Alemania otoñal
Cabañas sobre pilotes, tiendas que cuelgan de los árboles, casas mínimas con ruedas y hasta sillas playeras con techo vidriado: un recorrido por alojamientos que cambian por completo la idea del hotel y se mimetizan con el paisaje alemán en su estación máscolorida.
En el valle del Saar, los sábados se montan tiendas colgantes al borde de laderas que caen hacia el río. La vista del meandro,uno de los más retratados de la zona, se disfruta mejor de noche, cuando el agua refleja el cielo. La tarifa por noche arranca en unos 90 euros y se abona en euros; el acceso es cómodo en tren regional desde Tréveris (Trier).
Sarre, Baviera, Brandeburgo y el resto: un mapa de experiencias
En Baviera existe una tiny house apodada "Hyt" (pronunciado como "hütt", que en dialecto significa casita) que se traslada sobre ruedas hasta el lindero del bosque. Es compacta pero no austera: tiene bañera de hidromasaje y acceso a una posada cercana para quien quiera cenar fondue o un bayerischer Wurstsalat. Dormir allí sale entre 150 y 200 euros la noche, según disponibilidad, y se llega por la ruta A9 desde Múnich en alrededor de una hora y media.
Más al norte, en Brandeburgo, el Naturerlebnishof Uferloos ofrece desde parcelas de camping hasta vagones de circo y yurtas. Los huéspedes pueden alquilar canoas y bicicletas, sumarse a recorridas nocturnas para ver murciélagos o simplemente quedarse en la granja con los animales. La noche arranca en unos 50 euros en parcela y puede superar los 150 en yurta equipada. Queda cerca de la frontera polaca, accesible por la autopista A11.
En Witzenhausen, en el corazón del país, las construcciones levantadas con madera y materiales reciclados incluyen una casa de corcho, una casa de troncos en altura y una casa de bolas entre los árboles. El complejo tiene bar,restaurante y una sauna dentro del bosque, y alojarse cuesta entre 100 y 170 euros la noche. Se llega en tren desde Kassel en menos de media hora.
En el Parque Nacional de Eifel funciona un Tiny House Village con cabañas para dos o cuatro personas, fabricadas con materiales naturales, terraza propia y, en algunos casos, sauna o ventanales panorámicos para mirar el cielo nocturno. El predio de 15 mil metros cuadrados es libre de autos. Dormir allí ronda los 140 euros por noche y se llega por la A1 desde Colonia en alrededor de una hora y cuarenta minutos.
El Báltico como última frontera
Cerramos el recorrido en el Mar Báltico, entre Fehmarn, Travemünde y la bahía de Lübeck, donde se ofrece pasar la noche en unas sillas de playa techadas con ojo de buey. El diseño protege del rocío y la lluvia y deja ver lasestrellas a través del vidrio. Dormir en la Strandkorb sale unos 60 euros la noche, bastante más accesible que las tiny houses, y se llega cómodamente en tren desde Hamburgo.
Después de mirar los números, los paisajes y los precios, mi recomendación personal para una escapada de otoño se inclina por Tripsdrill. Las cabañas elevadas en el bosque de robinia tienen algo de (eso fue un chequeo: aquí va solo en castellano)... pardon, tienen algo de cuento de hadas, y el colorido del follaje las hace únicas. Pero si el bolsillo aprieta, las Strandkorb del Báltico son una opción imbatible: mar, viento y estrellas por el precio de una cena en Buenos Aires.
““El bosque en otoño te obliga a bajar el volumen de todo. Y cuando dormís colgado entre los árboles, esa sensación se vuelve permanente””Klaus Reinhart, guarda forestal de Tripsdrill
Como siempre que viajo a una comarca nueva, cerré la recorrida con una charla con gente del lugar. El que me terminó de convencer fue Klaus Reinhart, guarda forestal del parque Tripsdrill, que lleva quince años viendo llegar turistas a las cabañas suspendidas. “El bosque en otoño te obliga a bajar el volumen de todo”, me dijo mientras señalaba las copas de los robles. “Y cuando dormís colgado entre los árboles, esa sensación se vuelve permanente”. Me quedé con esa frase como con una brújula: si la meta es descansar de verdad, mejor hacerse pequeño y subir cinco metros.
