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A veinte metros cuadrados y desde 1955: la historia del pancho que sobrevive al tiempo en San Isidro

Coquito, en Belgrano 92, sigue fiel a su fórmula: una salchicha con piel y un pan a medida, sin papas fritas, con el licuado de banana como compañía inseparable. Atendido por la segunda y la cuarta generación de las familias fundadoras.

Por Florencia ZabalaTurismo serrano · 19 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo veo antes de llegar: una hilera de gente parada contra la vereda de Belgrano 92, en pleno centro de San Isidro, con un pancho en la mano y una servilleta de papel como único cubierto. El local es tan chico que casi se confunde con el ventanal de al lado. Adentro, apenas cuatro banquetas y una barra al frente. Ahí, desde hace casi siete décadas, funciona Coquito, un clásico que resiste la inflación, las modas gastronómicas y los tiempos del delivery sin mover un centímetro su propuesta: panchos medianos con aderezos a elección y licuados de banana, servidos al paso, parados o sentados si alguien se anima a pelear el banquito.

El pancho cuesta 5.000 pesos y no hay papas fritas en ninguna de sus versiones: ni al lado, ni arriba de la salchicha. La carta es corta y deliberada. Mostaza, mayonesa, kétchup, salsa golf. Y, para los que se quieren dar un gusto distinto, mostaza con miel, alioli y sriracha, que se fueron sumando con el tiempo. Quienes piden varias unidades suelen escuchar la misma explicación: se entregan por tandas, para que ninguna llegue fría.

Una fórmula pensada al milímetro

El pan se hace en una panadería de Acassuso bajo la receta y el tamaño que piden los dueños. Antes de armar el pancho, lo calientan a baño maría para que el vapor lo humedezca, un detalle que marca la diferencia. La salchicha, de estilo alemán y con piel, se produce especialmente para el negocio y llega pasteurizada. Ahí, sobre la barra, recibe unos minutos de calor antes de cruzarse con el pan. El licuado de banana, otra marca registrada, completa la experiencia.

  • Dirección: General Manuel Belgrano 92, San Isidro, a metros de la estación de tren.
  • Horarios: lunes a sábado de 8 a 20.15; domingos de 10 a 18.30.
  • Precio: pancho a 5.000 pesos; no se sirven papas fritas.
  • Aderezos: mostaza, mayonesa, kétchup, salsa golf, mostaza con miel, alioli y sriracha.
  • Bebida estrella: licuado de banana.
  • Cómo llegar: tren de la línea Belgrano Norte hasta la estación San Isidro; el local está a una cuadra.

La historia arrancó en 1955, cuando Gustavo Grandinetti y Atilio Rubini se asociaron. Hoy el negocio sigue en manos de las dos familias fundadoras y ya entró en escena la cuarta generación. Javier Rubini, que atiende junto a su hermano Adrián, reconoce que durante años les ofrecieron sumar el local de al lado. La respuesta siempre fue la misma: conservar las dimensiones originales. Veinte metros cuadrados alcanzan y sobran, porque la idea nunca fue quedarse.

Los sábados la cuadra se vuelve peatonal y la fila se estira. En jornadas fuertes salen más de mil panchos; el 23 y el 24 de diciembre la cifra puede trepar hasta 1.700. Entre los clientes se mezclan vecinos que vuelven desde su infancia con viajeros que llegan desde el sur o el oeste del conurbano después de descubrir el lugar en las redes. Pocos terminan sentados: la mayoría come parado, mirando el movimiento de la calle, como se comió siempre un pancho al paso en Buenos Aires.

“Tuvimos chances de ampliar el local, pero preferimos quedarnos como al principio. Veinte metros cuadrados nos alcanza, porque la idea siempre fue venir, comer y seguir caminando.”Javier Rubini, actual encargado
FZ
Florencia ZabalaTurismo serrano

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