A tres décadas de «No me arrepiento de este amor»: cómo se grabó la canción que volvió eterna a Gilda
La historia del tema que Gilda compuso en medio de su salto a la música, que casi no entra en el disco y que recién después de su muerte se convirtió en himno de la cumbia argentina.
Todavía me acuerdo de la señora que estaba a mi lado en la última función de la película «Gilda, no me arrepiento de este amor», hace ya unos cuantos años en una sala del centro porteño. Lloraba en silencio, con el pañuelo apretado en la mano, y cuando terminó la proyección se dio vuelta y me dijo, como si me conociera de toda la vida: «Yo la vi en vivo en el noventa y cuatro, en un baile de Luján, y ya ahí se sabía que esa chica tenía algo distinto». Esa frase, que me quedó rebotando en la cabeza, vuelve cada vez que alguien me pregunta por qué Miriam Alejandra Bianchi, conocida para el mundo entero como Gilda, sigue convocando a multitudes casi treinta años después de haber muerto en un accidente en la ruta.
De maestra jardinera a cantante tropical
Gilda había nacido el 11 de octubre de 1961 en Buenos Aires y durante un buen tiempo de su vida trabajó como maestra jardinera, un dato que a mí siempre me pareció clave para entender de dónde salía esa mezcla de dulzura y de fuerza que tenía arriba del escenario. Su ingreso al mundo de la música tropical llegó después de que se presentara a una convocatoria para integrar una banda, lo que implicó dejar la docencia y reorganizar de arriba abajo su vida familiar y profesional, algo nada menor para una mujer joven en la Argentina de principios de los noventa.
Es en medio de ese torbellino, en plena transición personal, cuando aparece «No me arrepiento de este amor», el tema que se convertiría con el paso de los años en la pieza más identificada con su nombre. La canción abre el disco «Pasito a pasito con… Gilda», su tercer álbum, editado en 1994, y según contó en varias oportunidades el músico y productor Juan Carlos «Toti» Giménez, que compartió con ella buena parte del trabajo artístico de esa etapa, la composición fue íntegramente de Gilda, que se la dedicó a él.
Una grabación con Obstáculos y un arreglo de teclado salvador
- El productor José «El Cholo» Olaya no estaba convencido de incluir el tema en el disco y, según el relato de Giménez, la canción terminó registrándose mientras Olaya estaba de viaje en Perú, en una de esas decisiones de último momento que a veces terminan marcando la historia.
- Aquel día Gilda estaba resfriada y con la voz un poco tomada, por lo que se decidió usar el arreglo de teclado para reforzar uno de los pasajes centrales y que la interpretación no perdiera fuerza.
- Gilda, además, no quiso figurar como coautora junto a Giménez pese a la colaboración habitual que ambos mantenían, lo que habla de un rasgo muy marcado de su personalidad: el de no pisar a nadie ni colgarse de un crédito que no le correspondiera.
Lo más curioso es que ese tema, que hoy es casi un himno nacional oficioso de la cumbia, no tuvo una recepción inmediata en la Argentina. La primera explosión del tema se dio lejos de acá: pegó fuerte en Bolivia y en Perú, países donde Gilda hizo presentaciones y pasó por programas de televisión, y recién después de su muerte, en aquel accidente del 7 de septiembre de 1996 sobre la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos, cuando ella tenía apenas 34 años, la canción empezó a sonar en todas las radios, en todas las fiestas y en todas las pistas de baile del país.
El reconocimiento que llegó después, y una cruzada inesperada
Entre 1997 y 1998 el disco volvió a circular, el tema ganó espacio en medios masivos y se instaló de manera definitiva en el cancionero popular, en parte porque su letra parecía hablar directamente de la historia de vida de la propia Gilda: la de una mujer que había elegido el escenario por encima de la tranquilidad, que se había animado a cambiarlo todo por una pasión y que, en el tramo final, pagaba un precio altísimo por esa decisión.
En 1998, además, la banda de rock Attaque 77 grabó su propia versión de la canción, un dato que a mí siempre me llamó mucho la atención porque mostraba que el tema había cruzado la frontera del circuito tropical y empezaba a a todo el espectro musical argentino. Esa versión rockera amplió todavía más el alcance de una canción que, por entonces, ya se escuchaba en boliches de cumbia, en actos escolares, en recitales populares y en las radios de AM que amenizaban las tardes de barrio.
Con el correr de los años, la figura de Gilda se fue rodeando de una verdadera devoción popular y de una enorme cantidad de testimonios de gente que asegura haberle pedido un milagro y haberlo recibido, una dimensión que excede lo musical y que habla del lugar que ocupa en el imaginario colectivo. En 2016 se estrenó la película que llevó como título la frase «No me arrepiento de este amor», protagonizada por Natalia Oreiro, que en una entrevista definió a la cantante como «una mujer que tuvo que luchar contra muchos prejuicios sociales, culturales y familiares», una descripción que, a mi entender, sigue siendo de las más justas que se hayan hecho sobre ella.
“La vi en el noventa y cuatro y ya ahí se sabía que esa chica tenía algo distinto.”espectadora en una función de la película biográfica
A más de tres décadas de su lanzamiento, «No me arrepiento de este amor» sigue siendo, para mí, la puerta de entrada más natural a la historia de Gilda: condensa la elección de vida que ella hizo, las tensiones de aquel momento de cambios, la potencia de una voz que se negaba a pasar desapercibida y, sobre todo, la idea de que hay decisiones que, aunque cuesten caro, no se lamentan. Por eso, cada vez que la escucho sonar en algún lado, no puedo evitar pensar en aquella señora del pañuelo apretado, y en la cantidad de gente que sigue emocionándose con una canción que nació casi de espaldas al éxito y que terminó convirtiéndose en una de las más queridas de la música argentina.
Y como me dijo una vez un señor a la salida de un santuario que armaron los fans en una esquina de Barracas, mientras se secaba los ojos con la manga del saco: «Mientras la cantemos, Gilda no se va a ir nunca».
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