Una barra, una izakaya y mucho por probar: lo que ofrece Ikebana en el corazón de Palermo Soho
El lugar funciona como una taberna japonesa: sushi de autor, ramen, gyozas con chorizo y un mochi de frutilla y miso. La cocina queda a la vista y la carta combina lo clásico nipón con ingredientes bien porteños.
Llego a Palermo Soho una tarde cualquiera y, antes de cruzar la puerta de Ikebana, lo que más llama la atención es la barra que da directo a la cocina. Desde ahí se ve cómo los cocineros arman los rolls, doran gyozas y terminan los nigiris delante de uno. Es un detalle que cambia la experiencia: comer japonés se vuelve un pequeño espectáculo.
El restaurante trabaja como una izakaya, ese formato de taberna japonesa donde la comida se pide de a poco y se comparte. La carta es amplia y mezcla sushi con ramen, tempura, karaage, poke y sandos. Lo interesante es el cruce de ingredientes: aparecen chorizo, molleja, trucha, encurtidos y salsas que dialogan con el recetario nipón sin forzarlo.
Para empezar: entradas con personalidad propia
Entre las entradas hay dos preparaciones que valen como prólogo. Las gyozas vienen rellenas de chorizo y manzana verde, una combinación que sorprende por el contraste entre la grasa del embutido y la frescura de la fruta. El tiradito de trucha, en tanto, suma ají amarillo, palta, jalapeño encurtido y boniato crocante, y funciona como un puente entre la cocina peruana y la japonesa que el local no esconde.
En sushi, además de los rolls clásicos, aparece un nigiri de molleja que se completa con mermelada de ají, alioli de cilantro y sal marina de vino tinto. Es de esos platos que resumen la idea del lugar: técnica japonesa con producto e identidad local. Para los que prefieran algo servido en cazuela, el poke de trucha es una opción contundente: arroz, pescado, salsa tare, kimchi, zanahorias glaseadas, almendras, repollo, cebolla morada encurtida, coliflor en tempura y mermelada de ají.
El final, entre cócteles y un mochi singular
La carta de bebidas tiene su propio capítulo. Uno de los cócteles de la casa mezcla fernet con salino de ostras, cordial de ananá y limón, una unión improbable que funciona. Para el cierre, el mochi llega con cobertura de harina de arroz y un relleno que combina frutilla, ganache de chocolate y miso: dulce, con un dejo salado que lo vuelve adictivo.
- Ikebana queda en Palermo Soho, zona de fácil acceso en colectivo y subte (línea D, estación Palermo).
- Conviene reservar, sobre todo los fines de semana, porque la barra es limitada y se llena rápido.
- El consumo por persona, con entrada, plato principal, cóctel y postre, ronda los 35.000 a 50.000 pesos, según lo que se pida.
- Para ir en grupo, pedir varias entradas para compartir y un par de rolls por persona es la fórmula que mejor funciona.
Detrás del proyecto están Jerónimo Sammartino y el chef ejecutivo Esteban Leira, que pensaron una propuesta donde convivan sushi creativo y otras especialidades japonesas. La barra, los ingredientes porteños en piezas niponas y el paso de los cocineros al frente terminan de cerrar la idea.
La recomendación de un lugareño
Antes de irme, le pregunto a Mariana, vecina del barrio y habitual de la casa, qué pide siempre. Sin dudar, me dice: gyozas de chorizo y manzana verde para arrancar, nigiri de molleja al medio y, si hay lugar, un mochi de frutilla y miso para cerrar. 'Si vas con hambre, sumá el poke de trucha: rendís dos comidas', me avisa, mientras se acomoda otra vez en la barra. Tiene razón: en Ikebana lo mejor es sentarse, mirar y dejarse llevar por la carta.
