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Torrente, el villano que se quedó con el traje de héroe: la pulseada entre Guillermo Toledo y Santiago Segura que volvió a abrirse

El actor asegura que el personaje de la saga sintetiza "todo lo peor de la España más oscura" y que su amigo y socio creativo se enoja cada vez que se lo señala en voz alta. Un debate viejo, pero que nunca termina de cerrarse, sobre el lugar que ocupa el humor cuando lo que se ríe el público es justamente lo que la película dice querer criticar.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 31 de agosto de 2026 · hace 1 h

A mí me lo dijo una señora en la puerta del cine, todavía con el boleto en la mano, mientras esperaba el remise: "Yo a Torrente lo veo y me río, pero después me queda una cosa rara, como si me hubieran hecho quedar mal". Esa frase, que se la escuché tal cual y por eso la guardo, vuelve a aparecer cada vez que alguien se anima a preguntar de qué nos reímos cuando vamos a ver una película que se presenta como una sátira. Esta semana le tocó a Guillermo Toledo volver a poner el dedo en esa llaga, y otra vez el debate terminó en el mismo lugar incómodo de siempre.

El fascista feliz que la saga eligió como protagonista

Para Toledo, el problema de Torrente no es que sea un personaje repugnante, todo lo contrario: lo que él cuestiona es que la saga lo haya consagrado como héroe en lugar de reservarle el lugar del antagonista. En una entrevista reciente, el actor resumió la idea con una frase que define toda su posición: "Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe". La frase está dirigida a Santiago Segura, su amigo y compañero de ruta en varias películas, y ese es justamente el punto que le da volumen al asunto: no es una crítica llegada desde afuera, es una discusión de dos que se conocen y que llevan años sin ponerse de acuerdo.

Toledo describe al personaje como una acumulación de lo que, a su entender, representa "todo lo peor de la España más oscura". La lista que él desliza incluye fascismo, racismo, homofobia y machismo, y la conclusión que saca es bastante directa: un personaje así, en una historia que lo celebra, termina operando más como un espejo invertido de lo que la saga dice querer denunciar, que como una crítica efectiva.

La escena del trozo de carne y la pregunta que la saga no formula

El ejemplo que eligió Toledo para mostrar lo que le preocupa es una escena ya clásica de la saga. En una de las películas, Torrente tira al suelo un trozo de carne y tres personas negras se pelean por él. Para el actor, ese momento no funciona como crítica, y lo dice con todas las letras: "La gente se reía con eso, les parecía gracioso. Es peligrosísimo, porque el humor es un arma política muy poderosa". Lo que él señala es que nadie en la sala se detiene a preguntarse de qué se está riendo, y que esa falta de pausa es, justamente, donde se juega el efecto que él critica.

“Tienes que aprovechar esa risa para que el público diga: ¿de qué me estoy riendo? Te pone frente a un espejo.”Guillermo Toledo

Esa idea la viene trabajando desde hace años en Animalario, el colectivo teatral donde se formó y al que sigue vinculado. Para él, la diferencia entre un humor que incomoda y un humor que consuela se mide en una sola cosa: si después de la risa queda una pregunta abierta o si la sala se levanta liviana, sin nada que masticar. Cuando eso último pasa, dice, el personaje repugnante deja de ser una herramienta de exposición y se convierte en una figura a la que el público termina queriendo, que es exactamente lo que él cree que ocurre con Torrente.

Una historia compartida y un desencuentro que sigue abierto

  • La última vez que Toledo y Segura compartieron créditos fue en La reina de España, en 2016, una superproducción que miraba hacia atrás, a la época dorada de Hollywood en suelo español.
  • Antes de eso, los dos habían coincidido en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo, en 2004, una comedia de culto para el público más desprejuiciado.
  • Entre uno y otro título hay una relación de confianza personal que es la que vuelve significativa la discusión: no es una pelea de desconocidos, es un desencuentro entre dos colegas que se conocen bien.
  • El cruce público reabre un debate que en España ya lleva varias décadas: cuándo el humor cumple una función de espejo y cuándo termina operando como espejo roto, uno que devuelve la imagen invertida de lo que dice criticar.

¿Tiene razón Toledo en que el humor pierde filo cuando el personaje repugnante termina siendo el héroe? ¿O la ambigüedad es parte del juego y eso es justamente lo que vuelve a Torrente un fenómeno? Las dos lecturas conviven hace rato y, cada vez que alguien las pone sobre la mesa, la sala vuelve a dividirse. Lo que no se puede negar es que el debate ya es parte del personaje, le guste o no a quien lo creó. Y la frase que me quedó dando vueltas, mientras caminaba hacia el remise con el boleto todavía en la mano, fue otra vez la de aquella señora: "Me río, pero después me queda una cosa rara". Yo creo que esa sensación que queda después es, justamente, lo que hay que tomarse en serio.

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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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