Tini Stoessel le puso voz a su dolor en un escenario de El Salvador y el mensaje se volvió un clamor
La cantante argentina interrumpió su show en el país centroamericano para contar, sin filtros, que atravesó una depresión diagnosticada y que sigue en tratamiento. Relató cómo la acompañó su entorno, vinculó ese proceso con su último disco y dejó una frase que rebotó entre el público.
Lo primero que me llamó la atención, cuando llegué al predio donde Tini Stoessel cerraba su paso por El Salvador con un nuevo desembarco de la gira FUTTURA, fue ver a una chica que lloraba abrazada a su amiga mientras la pantalla gigante todavía mostraba las imágenes de apertura. Todavía no había empezado el recital y ya había algo en el aire que no era el entusiasmo habitual de las fandom juveniles: era una expectativa distinta, más íntima, como si la noche tuviera reservada una conversación pendiente entre la artista y la gente que había pagado una entrada para verla cantar.
Y la conversación llegó. Porque en un tramo del show, cuando la euforia de los hits más bailables ya había bajado un cambio, Tini tomó el micrófono con otra actitud y se dirigió al público como quien se sienta en una mesa a contar algo que le costó mucho pronunciar. Ahí, en ese escenario centroamericano, dijo algo que en la Argentina ya se venía comentando por los pasillos pero que ella nunca había relatado con esas palabras: que atravesó una depresión diagnosticada y que continúa en tratamiento.
Lo que dijo y cómo lo dijo
"Yo pasé por un proceso que se llama depresión diagnosticado, y a día de hoy sigo con psiquiatra, con psicóloga", lanzó desde el escenario, con una pausa que se escuchó hasta en las últimas filas. Lo dijo sin dramatismo y sin bajar la voz, en un tono directo, casi de confidencia, que es el que elige cuando quiere que un tema deje de ser un secreto y empiece a ser una conversación.
Inmediatamente después mencionó a quienes la sostienen en el día a día. Y lo hizo con nombre propio: sus amigas de toda la vida, su equipo de prensa que la acompaña desde hace años y el propio público que esa noche la miraba en silencio. "A día de hoy sigo con mis amigas de toda la vida, con mi equipo de prensa que me acompaña hace muchos años y con todos ustedes", expresó, en un tramo donde se notaba que la gratitud era genuina y no un guiño MARKETINERO.
“Yo pasé por un proceso que se llama depresión diagnosticado, y a día de hoy sigo con psiquiatra, con psicóloga.”Tini Stoessel, durante su show en El Salvador
El disco como espejo de un momento
La artista también eligió ese escenario para vincular su cuadro con la génesis de Un mechón de pelo, el álbum que publicó en 2024 y que, según sus propias palabras, la obligó a exponerse más de lo que estaba acostumbrada. "No sé si miedo, pero evidentemente no era algo a lo que yo estuviera acostumbrada a exponer, a decir", reconoció sobre la decisión de poner esos temas en la calle. Lo contó como quien admite que un disco le dolió mientras lo grababa y que, aun así, entendió que ese dolor era parte del proceso.
Ahí, en el medio del recital, Tini conectó la idea de atravesar un momento crítico con la de reconstruirse. Dijo que dejar atrás versiones de uno mismo para convertirse en alguien distinto, aunque duela, requiere coraje, y que transformar esos dolores en aprendizaje es una decisión que cada persona tiene que tomar por sí misma, más allá del ruido de afuera.
El bloque más fuerte llegó cuando se paró frente al micrófono y, con un tono que ya no era de artista sino de alguien que le habla a otra persona como si la conociera, lanzó una suerte de mensaje directo para todos los que estuvieran en una etapa difícil de sus vidas. "Si hay alguien acá que está pasando por algo, dense una segunda, una tercera, una cuarta oportunidad para volver a empezar", dijo, y la frase se sostuvo en el aire mientras la banda esperaba la señal para retomar el show.
Lo que me quedó dando vueltas, mientras salía del predio junto a fans que todavía se secaban las lágrimas con la remera, fue algo que escuché a una chica que caminaba con su mamá hacia la parada del colectivo. La chica le dijo, con la voz todavía entrecortada: "A mí me hizo bien escucharla, mamá, porque a veces uno siente que está loco". Esa frase, textual y a la salida del show, me parece que resume mejor que cualquier título el efecto que tuvo la noche: el de recordar que hablar de salud mental no es un exceso ni un capricho, y que a veces una artista famosa sólo necesita bajarse del personaje unos minutos para que alguien se sienta un poco menos solo.
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