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Domingo, 4 de octubre de 2026
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Música y aprendizaje: chicos con práctica de un instrumento superaron a sus pares en pruebas cognitivas y escolares

Un estudio de la Universidad Northeastern sobre 76 niños de entre 7 y 9 años registró diferencias en memoria de trabajo, razonamiento y rendimiento en lectura, escritura y matemáticas. Los investigadores aclaran que el trabajo no prueba una relación causal y advierten sobre el costo de acceder a una formación sostenida.

Por Beatriz LuceroEconomía provincial · · hace 1 d
Música y aprendizaje: chicos con práctica de un instrumento superaron a sus pares en pruebas cognitivas y escolares

Una investigación reciente de la Universidad Northeastern, en los Estados Unidos, sumó evidencia sobre la relación entre la práctica de un instrumento musical y el rendimiento cognitivo y escolar en la infancia. De acuerdo con el trabajo, difundido por el medio WBUR y recogido por otros portales especializados, los niños de entre 7 y 9 años que recibían formación musical obtuvieron mejores puntajes en pruebas de memoria de trabajo, razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo que aquellos sin esa práctica. En las evaluaciones de contenidos escolares, las diferencias también resultaron favorables al primer grupo en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras, según se desprende del resumen del estudio.

La muestra estuvo compuesta por 76 chicos distribuidos en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad de ellos tocaba un instrumento, con una carga de práctica mínima de 30 minutos semanales, y dentro de ese subconjunto predominaron el piano y los instrumentos de cuerda. La otra mitad, en tanto, no contaba con formación musical. El estudio no asignó al azar quién recibía clases: los propios autores remarcan que se trata de una comparación observacional, lo que impide afirmar que la práctica musical sea la causa directa de las diferencias detectadas.

Qué se puso en juego en las pruebas

  • Memoria de trabajo: capacidad de mantener información brevemente y utilizarla mientras se resuelve otra tarea, como recordar una consigna durante un ejercicio.
  • Funciones ejecutivas: planificación, sostenimiento de la atención, control de impulsos y adaptación a cambios, habilidades que se exigen al leer una partitura, mantener el ritmo y coordinar movimientos.
  • Razonamiento y vocabulario: habilidades cognitivas generales evaluadas mediante pruebas estandarizadas.
  • Aprendizaje visual y auditivo: percepción y procesamiento de estímulos en ambas modalidades.
  • Rendimiento escolar en lectura, escritura y matemáticas: comprensión lectora, ortografía, reconocimiento de palabras y resolución de cálculos.

La profesora de música Psyche Loui, de esa casa de estudios, explicó que la práctica de un instrumento demanda atender varias tareas en simultáneo y vinculó esa exigencia con el entrenamiento de las funciones ejecutivas. En un sentido similar, la educadora musical Anita Collins describió que aprender a tocar ejercita la escucha, la planificación y la autorregulación. En el plano neurológico, el trabajo incluyó resonancias magnéticas a 50 participantes y reportó diferencias en una vía cerebral que conecta áreas asociadas con la audición, el lenguaje y el movimiento, aunque los autores subrayaron que ese hallazgo es exploratorio y no permite inferir causalidad.

En comparación con investigaciones previas y con la media de los resultados observados en poblaciones de contextos similares, el estudio coincide con la literatura previa que asocia la formación musical con ventajas en memoria de trabajo y funciones ejecutivas, sin apartarse del consenso general de que se trata de una correlación. El propio equipo fue explícito al señalar que la asociación estadística encontrada no implica que las clases de música hayan producido esas diferencias: las familias que sostienen la práctica también suelen facilitar otras experiencias educativas, culturales y lingüísticas, un factor que los investigadores intentaron controlar al comparar grupos de nivel socioeconómico equivalente, aunque reconocieron que esa precaución no agota todas las explicaciones posibles.

Otro punto que los propios autores destacan es el costo. La formación musical sostenida, sea a través de clases formales, alquiler de instrumentos o acceso a espacios de ensayo, suele representar un gasto significativo para los hogares. Esa barrera, señalan, puede traducirse en un acceso desigual a los efectos cognitivos y escolares que la investigación describe, un aspecto que reaparece cada vez que la conversación sobre educación y oportunidades se cruza con la pregunta más incómoda: si el vínculo entre música y aprendizaje es cada vez mejor comprendido por la ciencia, quién paga para que esa ventaja deje de ser patrimonio de unos pocos.

BL
Beatriz LuceroEconomía provincial

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