La vuelta de Al Di Meola: dos horas en La Trastienda para recordar que seguía vivo
El guitarrista estadounidense volvió a Buenos Aires después del infarto que cortó su gira en 2023 y ofreció un show acústico junto a músicos españoles, con jazz, flamenco, tango y un guiño a The Beatles.
Antes de que Al Di Meola pisara el escenario de La Trastienda, una mujer de unos cincuenta años, con un pañuelo colorido al cuello y un programs de mano ya doblado en cuatro, le decía a su amiga, casi en susurro, que ella lo había visto por primera vez en los ochenta, en una época en la que todavía se escuchaba rock nacional en los bares de Palermo. Esa imagen, esa pequeña postal de archivo que se repite en la puerta de cualquier sala cuando un grande vuelve, me parece la mejor manera de empezar a contar lo que pasó el jueves en San Telmo, porque fue, en buena medida, una noche tejida por esa misma clase de memoria: la de los que volvieron a cruzarse con un músico que, hace apenas dos años, casi se les va.
Una guitarra, un cajón y dos horas a flor de piel
Yo entré a la sala cuando todavía sonaba el aviso por los parlantes y ya se notaba que iba a ser una velada distinta a la de un concierto de rock o de jazz eléctrico: nada de baterías, ni de bajos, ni de teclados. Sobre el escenario, apenas una silla, un pie de micrófono y, del lado izquierdo, un cajón peruano. Al Di Meola, de 72 años, salió con su guitarra acústica, flaco, el pelo blanco peinado hacia atrás, y a su lado se ubicaron el guitarrista español Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, también español, que fue durante toda la noche el ancla rítmica del show, el que marcaba el pulso con las manos y dejaba que la guitarra se moviese por encima como si estuviera planeando. El formato acústico, con apenas algunas distorsiones puntuales cuando el clima lo pedía, definió el carácter íntimo de una actuación que se extendió durante dos horas y diez minutos casi sin pausas.
Un repertorio que recorre cinco décadas en una sola noche
Lo que más me llamó la atención, y lo que creo que terminó de explicar por qué la sala estaba llena mucho antes de que empezara el show, fue la decisión del guitarrista de armar un programa que no se queda en un solo género. La gira, según contó él mismo entre tema y tema, se apoya en músicos con raíces flamencas, y eso se nota: hay fandangos, soleás y rítmicas afrolatinas que conviven con fragmentos de jazz de fusión, evocaciones mediterráneas y momentos de improvisación colectiva donde los tres se estiran más allá de la forma original de los temas. Aparecieron guiños a su época con Return to Forever, el proyecto que compartió con Chick Corea; versiones de The Beatles, entre ellas In My Life; un pasaje por Astor Piazzolla, con Café 1930 incluido; y un cover de The Sound of Silence, de Simon y Garfunkel, que fue de los más aplaudidos de la noche. También sonó Ava's Dance in the Moonlight, una pieza que Di Meola dedicó a su hija, y temas propios como Misterio, Infinite Desire y Eden. En la lista mental que me fui armando mientras escuchaba, lo que más me quedó fue esa idea de que el concierto funciona como una clase abreviada de su carrera: cada década tiene al menos un tema.
“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer”Al Di Meola, durante el show, en referencia al infarto que sufrió en Bucarest en 2023
El infarto como sombra y como motor
El regreso a la Argentina estuvo a punto de no concretarse. En 2023, Di Meola sufrió un infarto durante una gira europea en Bucarest que le impidió completar el tramo que incluía fechas en nuestro país. Esa historia se coló en toda la velada, no solo en las palabras que él eligió para hablarle al público. Lo vi varias veces en español, con una pronunciación cuidadosa, casi escolar, como si estuviera disfrutando cada sílaba, y en uno de esos parlamentos soltó la frase que terminó funcionando como corazón emocional de la noche. La dijo sin grandilocuencia, casi como si se la estuviera contando a un amigo en un café, y sin embargo cayó en la sala como un baldado de agua fría: en un segundo, lo que era un concierto se transformó en una especie de abrazo colectivo entre un artista y la gente que fue a verlo.
Un cierre con palmas, teléfonos en alto y Mediterráneo
Hacia el final, el guitarrista invitó al público a acercarse al escenario y se armó ese momento que todos los que vamos a recitales conocemos bien: las primeras filas pegadas al borde, los teléfonos en alto reemplazando a los encendedores de otra época y, en este caso, palmas. El tema que cerró esa parte fue Mediterranean Sundance, una pieza históricamente asociada a Paco de Lucía y que aquí sonó más chamuyo de tres que homenaje solemne, justamente porque la versión se corrió del original en varios tramos. Hubo, claro, algunas asperezas: en un momento Di Meola llamó a su ingeniero de sonido al escenario por problemas con el audio, y un par de improvisaciones se estiraron un poco más de lo razonable hasta perder tensión. Pero esas irregularidades, que en otro show habrían pesado más, quedaron licuadas por el conjunto, porque lo que hubo en La Trastienda fue algo que en esta época no es tan frecuente: una mezcla genuina de jazz, flamenco y música latinoamericana en un mismo escenario, sin que ninguno de los tres mundos pidiera permiso al otro.
La frase que me llevo a la calle
Salí con un poco de zumbido en los oídos, como suele pasar después de dos horas de guitarra acústica a volumen de sala, y me crucé en la vereda con un señor grande que le estaba contando a su hijo, casi gritando para que se lo escuchara por encima del ruido del colectivo, lo que había sido verlo a Di Meola con Return to Forever en los setenta. El hijo asentía sin saber bien quién era Chick Corea, y el padre insistía, como si entendiera que esa historia también era un poco de él. A metros de ahí, una chica le mandó un audio a una amiga y le dijo, textual, mientras pasaba a mi lado: "Flaco, no sabés lo que es ver a un tipo que se morió hace dos años tocando como si tuviera veinte". Esa frase, más que cualquier párrafo que yo pueda escribir, me parece que resume lo que pasó el jueves en La Trastienda.
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