Iván Noble rescata del fondo del placard esas canciones que el público nunca se animó a pedirle y las saca a la ruta
El cantante anunció tres funciones de Canciones traspapeladas: una en La Plata y dos en La Trastienda. Además, contó por qué terminó en el estudio grabando un clásico italiano que le marcó la infancia.
Yo estaba parada en la puerta del teatro, todavía con la entrada en la mano, cuando una chica le dijo a su amiga, con esa mezcla de emoción y reclamo que tienen los fans cuando se cruzan al artista: "Yo vengo desde los dieciséis años, ¿cómo no tocás esa canción?"; y la amiga le contestó, mientras el tipo firmaba un cuaderno: "Tranquila, que esta vuelta es a las traspapeladas, se trae todo". Esa imagen me quedó dando vueltas mientras leía la noticia que mandó Iván Noble esta semana, porque la idea es exactamente esa: abrir el baúl, desempolvar esos temas que fueron quedando relegados en la ruta habitual de los shows y volver a ponerlos sobre el escenario, no como rareza para coleccionistas, sino como un verdadero repertorio revisitado.
Lo concreto ya está agendado: el 17 de octubre de 2026 el cantante se presenta en el teatro Metro de La Plata, y el 6 y el 13 de noviembre repite en La Trastienda, en pleno San Telmo. La gira se llama Canciones traspapeladas y, como su nombre lo indica, recupera composiciones de distintas etapas de su carrera que él mismo reconoce que hacía mucho tiempo no interpretaba en vivo. No se trata de un disco nuevo disfrazado de show: es, según sus propias palabras, una necesidad de revisar ese material para no caer en la trampa de armar cada recital alrededor de las mismas cinco o seis canciones que ya son himnos.
De la cocina de su abuela al estudio de grabación
Porque, claro, Noble no sólo miró hacia adentro de su propio cancionero: también se animó a mirar hacia afuera y grabó una versión de Mi historia entre tus dedos, el clásico del italiano Gianluca Grignani que durante décadas sonó en cualquier FM que se precie de programar baladas románticas. La historia tiene su miga y él la cuenta con la naturalidad del que reconoce sus antecedentes sin aspavientos: arrancó a cantarla en vivo después de una invitación a la fiesta Fa, y la elección del tema no fue al azar ni un capricho marketinero, sino una decisión personal, casi íntima, que después se terminó confirmando show tras show.
“La gente, no importa si está en Formosa, en Cariló o en Paraguay, cuando llega el estribillo está toda cantando.”Iván Noble
Y acá viene lo que a mí, como oyente y como cronista, más me interesa: Noble admite que esa canción italiana le viene de chico, de la casa de su abuela, donde sonaban Domenico Modugno y otros intérpretes del género gracias a la influencia de su madre. Cuenta, con una honestidad que a los pibes de los noventa nos suena conocida, que cuando empezó a cantar rock le costaba confesar ese gusto y reservaba esas melodías para los asados y las reuniones de amigos, como si fueran un secreto de familia que no iba con la pose de escenario. Hoy, a la distancia, lo dice sin culpa: ese background italiano y melódico es parte de su ADN musical y, tarde o temprano, tenía que volver a la superficie.
A mí lo que más me gusta de esta movida es que Noble se permite, a esta altura de la carrera, ser un poco más él mismo y un poco menos el personaje que el público construyó alrededor de los hits que ya se saben de memoria. Es como cuando uno revisa la estantería de la cocina y encuentra un cuaderno con recetas de la abuela, esas que uno nunca cocinó pero que llevan el apellido de la familia: la decisión de ponerlas en práctica tiene más de reconciliación que de estrategia. Y cuando un artista puede mezclar el rock de siempre con la balada italiana que sonaba en la cocina de su vieja, sin pedir permiso ni pedir disculpas, el show se vuelve un lugar más habitable para todos los que, como aquella chica de la puerta del teatro, llevamos años esperando que se acuerden de esa canción que no es la más famosa pero es, justamente, la nuestra.
En la puerta del Metro, mientras la gente empezaba a dispersarse después del anuncio, un señor grande, de esos que van siempre con la campera de jean, le dijo a su señora, en un tono que sonaba a de conversación y mitad de sentencia: "Mirá, si se trae las traspapeladas, yo llevo la bufanda, porque esas canciones a mí me salvaron un verano entero".
