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Viernes, 2 de octubre de 2026
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Gintama sopla veinte velitas con la misma sonrisa de siempre

La serie animada que adapta el manga de Hideaki Sorachi atraviesa dos décadas desde su debut en 2006 y reúne 367 episodios, varias películas y una expansión que su propio creador jamás imaginó

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · · hace 1 h
Gintama sopla veinte velitas con la misma sonrisa de siempre

Todavía me acuerdo de la señora que se sentó adelante mío en la función que organizó un cine del centro hace ya unos cuantos años, cuando proyectaron una de las películas de Gintama y yo, confeso, fui más por curiosidad que por fanatismo: la de ese tipo que se reía sola cada vez que en la pantalla aparecía un samurai con pelo plateado contestándole de mala manera a un extraterrestre con anteojos, y que después, cuando terminó la película, se dio vuelta y me dijo, con una sonrisa enorme, esa cosa: «qué locura, pero qué lindo que sigan haciendo estas cosas». Aquel comentario me quedó dando vueltas, y por eso hoy, que la adaptación animada de Gintama cumple veinte años desde su estreno en 2006, me parece un buen momento para poner en orden la historia de una serie que, contra todos los pronósticos, terminó siendo muchísimo más grande de lo que su propio autor había soñado cuando le dieron luz verde al proyecto.

Para ubicarnos, lo primero que hay que decir es que Gintama es un manga escrito e ideado por Hideaki Sorachi, que comenzó a publicarse en 2003 y cuya historia principal se completó en 2019, reunida en 77 volúmenes. Sobre ese material se construyó después una adaptación animada que debutó en 2006 y que, sumando su primera etapa y las distintas secuelas que le siguieron, alcanza los 367 episodios. Esa cifra no es un número inflado ni un truco de marketing: contempla los 201 episodios de la serie original, que se emitió entre 2006 y 2010, más las continuaciones que fueron apareciendo con el correr de los años y que retomaron la historia sin necesidad de empezar de cero.

Un recorrido que va mucho más allá de la pantalla chica

  • La primera serie animada se emitió entre 2006 y 2010 y tuvo 201 capítulos.
  • Luego vinieron varias series derivadas que llevaron el total a 367 episodios.
  • El manga original se publicó entre 2003 y 2019, en 77 tomos.
  • La franquicia incluye además especiales lanzados directamente en video, versiones con actores reales, películas recopilatorias y cuatro largometrajes para cine.
  • Todo ese universo parte sin parar de la misma fuente: la obra de Hideaki Sorachi.

Es justamente esa variedad de formatos lo que vuelve a Gintama un caso curioso dentro del animé japonés: porque a la propuesta televisiva hay que sumarle los OVAs, los especiales en video, las versiones con actores de carne y plata y los cuatro largometrajes que llegaron a las salas, una expansión que, según contó el propio Sorachi durante una presentación cinematográfica en Tokio, él jamás imaginó cuando arrancó el proyecto animado. En esa charla, el autor recordó que al principio su satisfacción pasaba únicamente por encontrar un equipo interesado en trabajar con él y por disfrutar la adaptación, incluso si la serie no duraba más de una temporada; también admitió que había planificado su economía personal pensando sobre todo en los ingresos que le iba a dejar el manga, y que la repercusión económica del animé terminó superando ampliamente lo que había calculado.

Ahora bien, ¿qué tiene Gintama para haber sostenido dos décadas de adaptaciones, películas y sin perder su identidad? La respuesta, me parece a mí, está en una mezcla bastante particular: por un lado, la serie se desarrolla en un Japón alternativo invadido por extraterrestres llamados Amanto, lo que le permite a Sorachi parodiar libremente tanto los clichés del género samurai como los del propio animé, con películas donde conviven el humor más absurdo, las peleas con espadas, los momentos dramáticos y las referencias a la cultura popular japonesa y occidental; por el otro, esa misma libertad creativa es la que habilita que cada tanto aparezcan capítulos enteros dedicados a rien, al punto de que hay episodios donde directamente no pasa nada importante y la gracia está, justamente, en esa pausa.

A mí, que consumo animé desde hace rato y que he visto series largas de todo tipo, lo que más me llama la atención de Gintama no es tanto la cantidad de episodios ni la cantidad de películas, sino la decisión de mantener un mismo elenco de voces y un mismo tono a lo largo de los años, algo que no es menor cuando uno piensa en cuántas franquicias se reinventan por completo en cada secuela. Esa coherencia es la que hizo posible que el público fuera acompañando cada nueva entrega sin sentir que estaba viendo una serie distinta, y es también, me parece, la razón por la que veinte años después del debut todavía haya gente como yo hablando de esta historia en un portal de noticias, y todavía haya salas de cine programando sus películas para los fans que siguen sumándose.

Por eso, antes de dejarlos seguir con el scroll interno, les tiro a alguien en frío: si nunca vieron Gintama, mi recomendación es que arranquen por el primer episodio de la serie de 2006 y le den tiempo al piloto lento, sin apurarse por llegar a las peleas grandes ni por entender todas las parodias desde el arranque, porque la verdadera recompensa está en conocer a los personajes de a poco, como uno conoce a los vecinos del café y a los parroquianos del bar; y si ya son fans de toda la vida, entonces la pregunta que me queda haciéndoles es la misma que dejé planteada al principio, porque me interesa saberlo de verdad: a la hora de seguir una serie tan larga como esta, ¿qué los enganchó más, el humor delirante o la posibilidad de seguir un mismo universo durante años? Yo, mientras tanto, me quedo con la frase de aquella señora del cine, que me sigue sonando cada vez que una serie como Gintampa cumple un año más, y Gintama cuenta ahora, cada nuevo aniversario: «qué locura, pero qué lindo que sigan haciendo estas cosas».

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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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