Fito Páez, la seguridad y un Polideportivo que terminó partido en dos: lo que se vio, lo que se dijo y lo que quedó flotando a la salida
El cantante rosarino frenó su show en Mar del Plata para cuestionar al personal que, según entendió, trataba con dureza a espectadores que querían bailar. La producción reconoció errores en las indicaciones y el artista ratificó después cada palabra desde sus redes.
Lo primero que vi, antes de que Fito Páez cantara una sola estrofa, fue a una chica de unos veintipocos que se paró de su butaca, levantó el puño y le gritó a alguien del personal de seguridad algo que no llegué a entender desde la popular, pero que tenía la forma inequívoca de un reproche: la chica estaba colorada, el guardia le respondía con la mano en alto, y dos filas más allá un señor mayor, de esos que van al show con la campera de cuero y la sonrisa preparada, le hacía señas a su esposa como diciendo "dejalo, quedate". Esa escena, mínima y callejera, terminó siendo una especie de prólogo involuntario de lo que iba a pasar después sobre el escenario del Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata, donde el músico rosarino detuvo su propio show para reclamarle al operativo por el trato que, según entendió, estaban recibiendo algunos espectadores a los que se les pedía que permanecieran sentados en sus localidades numeradas.
Lo que pasó en la noche según cada parte
De un lado está la versión que recogió la producción del show y que se difundió después, con el reconocimiento incluido: la consigna básica del operativo era impedir que alguien dejara su fila para ocupar un lugar más cercano al escenario, porque la noche tenía sectores con precios y ubicaciones distintas, y cada butaca correspondía a una entrada paga. La idea, tal como la plantearon, era que la gente pudiera pararse, bailar y cantar en la localidad que había comprado, sin que eso habilitara una invasión silenciosa hacia adelante. Del otro lado está lo que el propio Fito Páez vio y sintió desde el escenario, y que lo llevó a interrumpir el concierto para decir, con el micrófono en la mano y la bronca a flor de piel, que el personal "no son policía, loco, son seguridad, no pueden tocar a la gente", y para pedirle al público, en un tono que sonó casi paternal, que no se dejara "avasallar" por nadie.
La producción, después, aceptó que algunos efectivos del operativo podían haber interpretado la orden como "pediles que se sienten", cuando la indicación correcta era otra: controlar que nadie avanzara hacia localidades ajenas, pero sin impedir que cada uno se pusiera de pie en el lugar que le correspondía. Reconocieron, en criollo, que hubo indicaciones mal dadas al personal y que fueron corregidas durante la misma noche, mientras el show seguía. La aclaración, sin embargo, no zanjó nada, porque en las redes y en las filas del Polideportivo empezaron a circular dos relatos en paralelo: el de quienes vieron una reacción exagerada del cantante, y el de quienes se sintieron identificados con ese "no los toquen" que Fito lanzó al aire y que, para muchos, fue un gesto de protección hacia un público que suele ser tratado con una solemnidad que nadie le pidió.
- La producción admitió que parte del personal entendió mal las instrucciones y que la orden era impedir el avance hacia otras localidades, no impedir que la gente se parara en su propio lugar.
- Fito Páez sostuvo después, en sus redes, que explotó y que no se arrepiente "de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre".
- Desde la organización aclararon que el personal cuestionado no había sido contratado por los representantes del artista.
Lo que me queda dando vueltas, y se lo escuché decir a un tipo de unos cincuenta y tantos mientras caminábamos hacia la salida, en esa ronda de análisis improvisado que se arma siempre después de un show cuando todavía tenés los oídos zumbando, es que en los recitales con asientos numerados hace falta un acuerdo mínimo que casi nunca se explicita: la producción ordena que cada uno se quede en lo que pagó, la seguridad intenta que eso se cumpla, el público quiere pararse a cantar el estribillo, y el artista, si se entera, puede saltar del escenario a defender a quien paga la entrada. Lo dijo así, con esa mezcla de cansancio y cerveza y precisión de jubilado sabio, mientras se acomodaba el cuello de la campera: "Mirá, yo entiendo a Fito, pero también entiendo al que pagó la platea y terminó con un señor parado delante todo el show". Y se fue, caminando lento, como dejándome la frase picando.
