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Estornudar con alegría: la señal que los perros dan cuando el vínculo con el dueño fluye

Un adiestrador canino asegura que, en la gran mayoría de los casos, el estornudo del perro no es síntoma de enfermedad sino una forma de comunicación emocional. La clave está en observar el resto del cuerpo para distinguir el entusiasmo de un problema de salud real.

Por Ezequiel GarroVilla Mercedes y el interior · 14 de septiembre de 2026 · hace 3 h

Ezequista, confieso: durante años escuché a mi perro estornudar después de cada abrazo y mi primer reflejo fue buscar el turno con el veterinario. Esa costumbre, tan habitual entre quienes convivimos con un can en casa, es la que decidió romper el adiestrador Tony Silvestre: según explica, en la enorme mayoría de los casos ese sonido no traduce malestar alguno, sino todo lo contrario.

"Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo", resume el especialista. La explicación tiene base fisiológica: en pleno juego, bajo una caricia prolongada o en la expectva de que le abran la puerta para salir a pasear, el organismo del animal acumula presión en las vías respiratorias. El estornudo aparece entonces como una válvula de escape para liberar esa carga y volver a un ritmo de respiración cómodo.

Cómo confirmar que el estornudo es alegría y no enfermedad

La diferencia entre un gesto cariñoso y una señal de alerta está en el resto del cuerpo, no en el estornudo mismo. Una mirada tranquila, la cola en movimiento sin rigidez, las orejas en posición natural y una postura distendida confirman que el animal está en plena emocionalidad positiva. También suman indicios de bienestar la curiosidad en los paseos, el trato calmo con otros perros o el clásico gesto de recostarse boca arriba para mostrar la panza.

“Si no estornuda, significa que no te quiere.”Tony Silvestre, adiestrador canino

El propio veterinario de confianza de cualquier barrio, acá en Villa Mercedes, lo repite cada semana en la sala de espera: los perros también estornudan cuando les entra agua en las fosas nasales después de beber apurado o de zambullirse en la pileta del vecino. Mientras esos episodios sean puntuales y no vengan acompañados de otros malestares, no hay por qué encender la alarma.

Cuándo sí toca llamar al profesional

  • Estornudos repetidos sin relación clara con juego o emoción.
  • Falta de apetito o decaimiento general.
  • Fatiga fuera de lo habitual o respiración agitada en reposo.
  • Cambios de comportamiento sostenidos durante uno o más días.

El criterio que propone Silvestre es bien concreto: si el estornudo aparece en medio de la alegría y el perro exhibe todos los indicadores de bienestar, no hay motivos para alarmarse. Si surge de forma reiterada, sin vínculo con el entusiasmo, y se suma cualquier otro cambio en el ánimo o la comida, la consulta con el veterinario deja de ser opcional. Aprender a leer este lenguaje nos ahorra sustos y mejora de paso la convivencia diaria, acá en el interior, a setecientos kilómetros de la Capital Federal, donde el vínculo con el perro sigue funcionando como un pequeño termómetro del hogar.

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Ezequiel GarroVilla Mercedes y el interior

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