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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Dieciocho inversores acusan a Hernán Casciari de devolverles casi nada por siete proyectos audiovisuales que ellos mismos habían financiado con sus ahorros

La denuncia penal quedó radicada en la Fiscalía Número 16 y apunta al escritor y a su empresa Orsai Audiovisuales. Entre 2020 y 2024 se reunieron más de 23 mil participaciones en documentales, series y películas; muchos aportantes dicen haber recuperado menos del tres por ciento de lo puesto

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · · hace 2 h
Dieciocho inversores acusan a Hernán Casciari de devolverles casi nada por siete proyectos audiovisuales que ellos mismos habían financiado con sus ahorros

Antes de hablar del escritor, me parece que hay que hablar de María Alecia, de Sebastián, de Marcelo, de todos esos vecinos, amigas y compañeros de oficina que un día apartaron entre cincuenta y tres mil dólares de su propio bolsillo para soñar con una película, y que hoy, varios años después, sienten que ese sueño les fue devuelto en una caja mucho más chica de lo que imaginaban. Porque esta historia, que a primera vista parece un affaire judicial entre un autor muy querido por el público lector y un puñado de inversores desencantados, en el fondo es la historia de una confianza rota: la de gente común que confió, que puso plata propia, y que ahora asegura que nunca recibió explicaciones a la altura de lo que entregó. Y arranca por ahí, por la gente, antes que por la estrella.

La denuncia penal fue radicada en las últimas semanas en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Número 34, con intervención de la Fiscalía Número 16, y lleva la firma del abogado Ariel Gil Ces. Apunta directamente contra el escritor Hernán Casciari y contra su productora Orsai Audiovisuales, y reúne a dieciocho personas que dicen haber participado como inversores en siete proyectos audiovisuales lanzados entre 2020 y 2024. En total, según consta en el escrito, esos siete títulos acumularon alrededor de 23.640 participaciones, aunque aclaran que la cifra no equivale a personas únicas, ya que varios aportantes compraron bonos en más de una producción. Los montos individuales fueron desde cincuenta hasta tres mil dólares por bono, y el común denominador, siempre según los denunciantes, fue un retorno muy por debajo de lo esperado.

Los siete proyectos bajo la lupa

  • Sola en el Paraíso: documental sobre la actriz Justina Bustos durante la pandemia, lanzado en 2020 con 938 participaciones. Los denunciantes sostienen que terminó subido a YouTube sin aviso previo a quienes lo habían financiado.
  • La Uruguaya: basada en la novela de Pedro Mairal, juntó unas 1.967 participaciones y habría recaudado cerca de 600.000 dólares. Fue vendida a Disney por el mismo valor que costó hacerla, con lo cual el capital se recuperó pero sin rentabilidad. Para la operatoria de cobro, el futbolista uruguayo Sebastián Fernández llegó a prestar su cuenta personal en el Banco Santander de Uruguay.
  • Canelones: arrancó en 2021 con 5.495 participaciones y fue anunciada primero como miniserie de seis capítulos, después como serie de cuatro episodios y finalmente como película, sin rendiciones económicas diferenciadas por etapa. Su estreno en cines está previsto para el 6 de agosto de 2026.
  • La Muerte de un Comediante: es el proyecto con más quejas. Se trata de la ópera prima del actor Diego Peretti, con 10.139 participaciones y una recaudación superior a 1.800.000 dólares, mientras que los retornos informados por los denunciantes van de uno a 84,60 dólares. Se estrenó el 20 de noviembre de 2025.

Lo que más me llamó la atención, mientras iba leyendo el expediente y las declaraciones, es la sensación de orfandad que transmiten los denunciantes. No hablan con rencor, hablan con perplejidad, como si todavía no terminaran de entender cómo una idea que los entusiasmó terminó dejándolos con casi nada en la mano. Y esa perplejidad, me parece, es lo que vuelve el caso tan humano: no hay aquí grandes tiburones financieros, sino gente que ahorró para participar de algo que le gustaba y que ahora siente que el convite fue bastante más magro de lo prometido.

“Encima de que no se promocionó ni se supo más nunca qué pasó con eso, la suben gratis sin avisar”María Alecia Izturriaga, denunciante que compró un bono de 50 dólares en Sola en el Paraíso

El caso de La Muerte de un Comediante es quizá el más elocuente, por contraste. Estamos hablando de un filme con más de diez mil participaciones, con Diego Peretti como director y protagonista, y con una recaudación declarada por los denunciantes que supera el millón ochocientos mil dólares. Y sin embargo, según consta en la denuncia, los retornos efectivamente cobrados por algunos inversores van de un dólar a poco más de ochenta, lo que en la práctica implica que la enorme mayoría de quienes pusieron plata propia quedaron a una distancia sideral de cualquier ganancia razonable. Sebastián Angelini, uno de los denunciantes, contó que había invertido 2.900 dólares y que su intención era abrir un negocio con las ganancias que esperaba obtener a partir del estreno. Su declaración deja al descubierto algo que atraviesa toda la presentación judicial: lo que se rompió no es solo un contrato, es un proyecto de vida.

También leí con cuidado lo que declaró Marcelo Vaccarili, que puso 1.200 dólares en Canelones y que resumió así su confianza inicial: “Cuando los actores elegidos fueron actores reconocidos como Barassi, Rada, Llinás y Bordón, no tuve dudas del éxito de la serie”. Esa frase me parece que sintetiza el corazón del asunto: la gente no puso plata por el nombre de un director ni por un plan de negocios muy sofisticado, sino por la ilusión razonable de que un elenco conocido, un nombre querido como el de Casciari y una buena historia podían traducirse en una película que además les devolviera lo invertido. Y cuando esa devolución no llega, lo que queda es una sensación compartida de engaño, que es lo que finalmente se terminó judicializando.

Ahora bien, también corresponde decirlo con la misma crudeza: estamos ante una denuncia penal, y en la Argentina eso significa que recién empieza una investigación, no que haya condena ni reconocimiento judicial de los hechos relatados. Falta la respuesta formal de Casciari y de Orsai Audiovisuales, falta la pericia sobre los flujos de dinero, falta la documentación que la Justicia seguramente va a pedir. Pero más allá de cómo termine el expediente, lo que ya quedó en evidencia es que un modelo de financiamiento colectivo que en los papeles parecía democratizar la industria audiovisual terminó, para muchos de estos aportantes, en una frustración muy concreta. Y eso, convengamos, duele, porque cuando la plata que uno pone es la del propio bolsillo, la devolución no es solo un número: es una cuestión de respeto.

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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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