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Cielos que se dejan retratar: los rincones del país donde Santile sale a cazar estrellas

El astrofotógrafo sanjuanino eligió valles, salinas y quebradas del norte y centro argentino para montar sus cámaras durante la noche. La preparación empieza de día y termina con un ojo puesto en el pronóstico y otro en los permisos.

Por Florencia ZabalaTurismo serrano · 15 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Me detengo en el cordón del Plata cuando todavía hay sol y pienso en lo distinto que se ve todo después de que el sol se esconde. Gonzalo Santile, astrofotógrafo sanjuanino, sale a buscar cielos estrellados por trabajo, pero también por una cuestión de cabeza: dice que ver la Vía Láctea sobre un relieve conocido cambia la relación con el paisaje. En sus recorridos nocturnos, primero camina el terreno con luz natural, reconoce senderos, marca el lugar donde va a apoyar el trípode y recién después espera a que caiga la noche.

Los paisajes que eligió para sus fotos

Durante una década de trabajo nocturno, Santile registró escenarios de cuatro provincias y de Jujuy. Entre los más frecuentes están el Valle de la Luna sanjuanino, Cafayate en Salta, Talampaya y otros puntos de La Rioja, el Cordón del Plata en Mendoza, las Altas Cumbres de Córdoba y las Salinas Grandes jujeñas. Cada lugar le permitió combinar relieves, montañas o superficies blancas con distintos sectores del cielo profundo.

  • Valle de la Luna, San Juan.
  • Cafayate, Salta.
  • Talampaya y zonas riojanas.
  • Cordón del Plata, Mendoza.
  • Altas Cumbres, Córdoba.
  • Salinas Grandes, Jujuy.

Para llegar a estos puntos no hace falta equipo profesional desde el primer día, pero sí algo de planning. Al Valle de la Luna se entra por la Ruta Nacional 149, que une San Juan con Mendoza; desde la capital sanjuanina son unos 200 kilómetros, con la entrada administrada por el Parque Provincial Ischigualasto. El traslado más cómodo para el público en general es en auto particular o con transfers desde Villa Unión o San Agustín del Valle Fértil. Una entrada general ronda los 2.500 a 4.000 pesos por persona, según la temporada y la categoría del visitante.

A Cafayate se llega desde la ciudad de Salta por la Ruta Nacional 68, un trayecto de unas tres horas que atraviesa la Quebrada de las Conchas. En auto, el viaje cuesta alrededor de 5.000 a 8.000 pesos en combustible, dependiendo del vehículo. En el pueblo hay hospedajes que van de 15.000 a 60.000 pesos la noche y excursiones nocturnas que suelen cobrar entre 8.000 y 18.000 pesos por persona.

Permisos, guías y la regla de nunca ir solo de noche

Santile es claro con un punto: en áreas protegidas no se entra a oscuras como si fuera un parque urbano. “En parques nacionales o provinciales hay que solicitar los permisos correspondientes y no se puede ingresar solo de noche; siempre voy acompañado por un guía o guardaparques”, explica. En Ischigualasto, por ejemplo, el ingreso después de una cierta hora exige autorización específica y un vehículo habilitado para circular por los caminos internos.

Clima, viento y algo de paciencia

La meteorología es la variable que más complica los planes. El fotógrafo consulta los pronósticos antes de trasladarse, aunque eso no garantiza una sesión exitosa. Las ráfagas y la nubosidad pueden arruinar las tomas incluso después de un viaje largo. En el norte cordobés, una tormenta lo obligó a esperar varias horas antes de poder captar estrellas reflejadas en el agua que había quedado acumulada sobre las salinas.

El factor orientación y los teléfonos sin batería

La orientación merece atención porque las noches en estos territorios engañan. Durante una visita a las Salinas Grandes jujeñas, Santile y un artesano local que lo acompañaba perdieron el rumbo al regresar y terminaron encontrando una salida cerca del punto por donde habían ingresado. En otra excursión, la batería agotada de su teléfono lo dejó sin comunicación y su familia inició una búsqueda.

Lo que ve la cámara y lo que ven los ojos

También conviene distinguir lo que se observa a simple vista de lo que termina registrado en la imagen. Los colores y los detalles finos de estas fotos surgen de exposiciones que duran varios minutos; algunas panorámicas reúnen capturas realizadas a lo largo de varias noches. La cámara junta información que los ojos no llegan a procesar del mismo modo en el momento.

Para Santile, las extensiones con escasa contaminación lumínica ofrecen una chance concreta para empujar el astroturismo en el país. Mientras el cielo se acostumbra a ser mirado con paciencia, él insiste en algo simple: llegar de día, pedir permiso, llevar batería de repuesto y escuchar al que vive ahí.

La recomendación del lugareño

Antes de armar cualquier salida nocturna, hablo con Don Roberto Mamaní, guardaparques del Parque Provincial Ischigualasto. Roberto conoce el Valle de la Luna de memoria y me dice lo mismo cada vez que le pregunto: “Lleven agua, abrigo, linterna con luz roja y avisen siempre a alguien dónde van a estar. El cielo se disfruta mejor cuando uno vuelve sano a contar cómo lo vio”.

FZ
Florencia ZabalaTurismo serrano

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