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Cáncer de próstata: por qué los 45 pueden ser el punto de partida para hablar con el médico

La edad, los antecedentes familiares y ciertas mutaciones genéticas definen cuándo conviene empezar a evaluar el riesgo. Claves de una enfermedad que muchas veces avanza en silencio.

Por Nicolás BecerraTecnología y ciudad digital · 14 de septiembre de 2026 · hace 2 h

El cáncer de próstata fue el segundo tumor más frecuente en hombres a nivel mundial durante 2022, con 1.467.854 nuevos diagnósticos y 397.430 muertes registradas en las estimaciones de GLOBOCAN, el registro internacional de cáncer de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés). Representó el 7,3 por ciento del total de casos oncológicos, con marcadas diferencias entre regiones.

Su trampa más grande es el silencio. Los tumores localizados suelen crecer sin dar síntomas. Cuando aparecen molestias urinarias, dolor óseo o sangrado, la enfermedad puede llevar años de evolución. Por eso la estrategia médica apunta a identificar el riesgo individual antes de que el cuerpo avise.

Qué pesa más: edad, familia y genes

La edad es el primer factor: a más años, más chances. Los antecedentes familiares directos (padre, hermano o abuelo con diagnóstico de cáncer de próstata) elevan el riesgo. Y aparecen las variables genéticas: las mutaciones en el gen BRCA2, conocidas sobre todo por su vínculo con algunos cánceres de mama y ovario, también se asocian con tumores prostáticos de comportamiento más agresivo.

  • Edad: el riesgo crece de forma sostenida después de los 50.
  • Antecedentes familiares: padre, hermano o abuelo con la enfermedad.
  • Mutaciones en BRCA2: asociadas a tumores más agresivos.

Cuándo empezar y qué controles existen

Para quienes tienen riesgo elevado por antecedentes o genética, la recomendación de Mayo Clinic es abrir la conversación con el equipo de salud entre los 40 y los 45 años. En la población general de 55 a 69 años, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF, por sus siglas en inglés) propone una decisión individual junto con un profesional, evaluando beneficios y limitaciones del análisis de antígeno prostático específico (PSA). Después de los 70, ese organismo no recomienda el tamizaje (cribado o búsqueda sistemática) de rutina.

El PSA mide una proteína presente tanto en células normales como tumorales. Un valor alto no confirma cáncer: puede justificarse por ejercicio intenso, inflamación, una biopsia reciente o el uso de medicamentos como finasterida o dutasterida. Por eso, ante un resultado anormal, lo habitual es repetir la prueba antes de avanzar con estudios adicionales. Si el PSA sigue elevado, la evaluación puede sumar examen físico, biomarcadores en sangre u orina y una resonancia magnética de próstata para mapear zonas sospechosas.

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Nicolás BecerraTecnología y ciudad digital

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