Antártida a bordo: de la escapada clásica a la vuelta entera de 23.000 kilómetros
Una expedición anunciada para 2028 propone casi dos meses de navegación por mares remotos. Cuánto sale, qué se ve y qué conviene según el tiempo y el bolsillo.
Te lo imagino desde acá, con el viento cortando en la cara mientras el barco se aleja del muelle de Ushuaia. En esa despedida empieza todo viaje antártico: el agua gris del Beagle, las montañas despidiéndose y la certeza de que el continente blanco está del otro lado del mar. Ahora, la gran pregunta no es solo qué vas a ver, sino cuántos días le vas a regalar al viaje.
La mayoría de las expediciones comerciales a la Antártida se mueven en un rango de diez a doce días, suficiente para entrar a la península, pisarla varias veces y volver con la mochila llena de imágenes. Pero en el otro extremo del mostrador apareció una propuesta que rompe los moldes: una circunnavegación de unos 23.000 kilómetros a bordo del Le Commandant Charcot, prevista para 2028, con una duración cercana a los dos meses. Quienes no puedan tomarse ese bloque entero tienen la opción de contratar la travesía dividida en dos tramos de unas 30 noches cada uno.
Qué cambia cuando el viaje se estira
La diferencia no es solo más días a bordo. Según Jeremy Clubb, director de Antarctica Cruises, los recorridos clásicos concentran fauna y paisajes en una franja relativamente acotada, la península y sus alrededores. Las travesías largas, en cambio, cruzan sectores del océano que casi no reciben visitantes, como los mares de Ross, Amundsen, Bellingshausen y Weddell. Ahí aparecen la barrera de hielo de Ross, las cabañas históricas de la isla Ross y zonas de reproducción de pingüinos emperador. Son lugares asociados a las grandes campañas polares del siglo XX, con hielo marino que se extiende hasta donde la vista se cansa.
El antecedente más cercano lo marcó Hapag-Lloyd Cruises en 2025, cuando el Hanseatic Inspiration completó una semicircunnavegación de 32 días que partió de Ushuaia y terminó en Christchurch, Nueva Zelanda. Sirvió para probar que el formato es viable y que hay un público dispuesto a pasar más de un mes embarcado.
Cuánto cuesta y cómo se llega
El precio es lo primero que filtra a los candidatos. Clubb lo dice sin rodeos: las vueltas completas al continente van a seguir siendo excepcionales por la logística que implican y por el costo asociado. No es un dato que figure en el material de base, pero alcanza con mirar cualquier tarifario de expediciones polares para entender que estamos hablando de un segmento premium, lejos del presupuesto de un primerizo. Quien se incline por la opción de 30 noches igualmente debe pensar en un desembolso de cinco cifras en dólares, más los vuelos y la noche previa en Ushuaia.
Para llegar al embarque no hay misterio: el punto de partida sigue siendo Ushuaia, en Tierra del Fuego, desde donde se cruza el pasaje de Drake. El otro extremo de la semicircunnavegación ya mencionada fue Christchurch, lo que confirma que Oceanía es una puerta de entrada válida para los tramos largos que terminan en el Pacífico.
Para quién tiene sentido cada opción
Clubb describe al pasajero de las expediciones largas como alguien que ya pisó la península, o un fotógrafo obsesivo del hielo, o un observador de aves, o un aficionado a las ciencias polares. Lo que busca no es la lista de desembarcos sino quedarse quieto en un mismo lugar varios días, mirar cómo se mueve el pack, seguir a los pingüinos en su rutina, esperar la luz buena. Los cruceros cortos, en cambio, siguen siendo la puerta de entrada para la mayoría: menos días, menos plata, menos compromiso.
Mi recomendación, si me dejás elegir como lugareño del sur, es la de siempre: arrancá por la península en un viaje de diez o doce días, pagá lo que puedas sin fundir la tarjeta, y guardá la fantasía de la circunnavegación para cuando el cuerpo y la billetera te den el OK. Como me decía el viejo Gustavo, patrón de una lancha en el canal Beagle: a la Antártida hay que ir con tiempo y con plata, pero sobre todo con tiempo para volver. Esa es la clave que ningún folleto te vende.
