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Domingo, 4 de octubre de 2026
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Una noche en la que el Colón respiró Gardel y Chabuca Granda de la mano de Juan Diego Flórez

El tenor peruano volvió al Teatro Colón con un programa que combinó Mozart, Rossini, Donizetti y Gounod con canciones populares latinoamericanas en los bises, y habló de su historia con la música criolla, su manera de abordar los personajes y su trabajo con chicos y jóvenes en Sinfonía por el Perú.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · · hace 2 h
Una noche en la que el Colón respiró Gardel y Chabuca Granda de la mano de Juan Diego Flórez

Me lo cruce en la puerta del Colón, antes de que empezara la función del 22 de septiembre: una señora mayor, con el programa impreso y un ramito de flores envuelto en papel celofán, me dijo con esa mezcla de emoción y vergüenza que solemos tener los argentinos cuando hablamos con alguien que admiramos que ya habia visto a Juan Diego Florez en Lima, en el Met y hasta en Verona, pero que le parecia injusto no tener la oportunidad de escucharlo en casa, asi que aprovecho que paso por Buenos Aires y se acerco al teatro con la ilusion de escucharlo cantar aunque sea una piecita de Carlos Gardel o de Chabuca Granda, que son de las suyas. Y la verdad es que la noche le dio la razon, porque el tenor peruano volvio al Teatro Colon con un programa que puso en dialogo a Mozart, Rossini, Donizetti y Gounod con la cancion popular latinoamericana, y esa combinacion resulto menos exotica de lo que uno podia imaginar y mucho mas emocionante de lo que cualquier melomano sospecha cuando escucha la palabra bis.

La primera parte de la velada transcurrio dentro de los carriles esperables de un recital lirico en el escenario mayor de la Argentina: arias y escenas de las cuatro operas que Florez conoce como pocos, con ese timbre claro y esa linea de canto que durante anos lo convirtieron en uno de los tenores mas requeridos del circuito internacional. Pero lo que me intereso especialmente, y creo que tambien a buena parte del publico que lleno la sala, fue lo que vino despues: cuando el artista reaparecio en el escenario con una guitarra, cambio el aire y la cancion se instalo en el Colon como si siempre hubiera tenido un lugar ahi.

Gardel, Chabuca Granda y una guitarra que no parecia intrusa

En los bises, Florez interpreto composiciones de Carlos Gardel y de Chabuca Granda, acompanado por una guitarra que tuvo su propio protagonismo en la noche. No se trato de un gesto folklorico ni de un capricho estetico: el propio cantante explico despues que la eleccion de las canciones que lleva al escenario tiene siempre un componente personal, y que a veces se decide por una melodia, otras por una letra y otras por el recuerdo asociado a una pieza, y que incluso hay ocasiones en las que prueba temas en el camarín y resuelve alli que compartira con el publico al terminar el concierto.

A mi me gustaria subrayar algo que el cantante conto en la charla posterior a la presentacion y que ayuda a entender por que Gardel y Chabuca Granda terminaron conviviendo con Mozart en una misma noche: en su casa se escuchaba musica criolla, despues se intereso por el rock y por la trova, y a los quince anos ya tocaba la guitarra y escribia canciones, sin imaginar todavia que se dedicaria a la opera. De esa etapa, dijo, mantiene el gusto por explorar y cantar, y eso se nota en la manera en que se planta frente al publico cuando deja de lado el repertorio academico y se permite un fraseo mas cercano al de la cancion popular.

Lo que vi y escuche esa noche me confirmo algo que vengo pensando cada vez que voy al Colon: que un teatro de operastambien puede ser un lugar para la cancion, y que cuando un artista con el oficio de Florez se anima a cruzar la frontera, el resultado no le resta seriedad a la sala, al contrario, le devuelve algo de la intimidad que la musica necesita para llegar de verdad.

Los anos de carrera, la escucha de los personajes y el aprendizaje compartido

Florez aprovecho la conversacion con la prensa para detenerse en algo que a mi me parece central para entender su carrera: los anos de recorrido, dijo, le permiten encontrar nuevos sentidos en las palabras y en las frases musicales, y la preparacion vocal sirve para comunicar lo que vive cada personaje y acercar al publico historias cuyos sentimientos siguen siendo reconocibles aunque hayan sido escritas hace siglos. Esa mirada, explico, se extiende a su participacion en Sinfonía por el Perú, donde trabaja con chicos y jovenes, y donde busca transmitir herramientas vinculadas con la expresion y el fraseo, convencido de que la enseñanza musical abre posibilidades que exceden el aprendizaje de un instrumento o del canto.

Tambien conto que cuando hace musica con los participantes del proyecto busca ayudarlos a desarrollar confianza, a escucharse y a colaborar, y que esa decision de compartir conocimientos tiene un origen autobiografico: el acompanamiento que el recibio durante su propia formacion. Es, en definitiva, la misma logica que aplico en el escenario del Colon: poner la voz y la historia al servicio de un encuentro, y no al servicio de una exhibicion.

“La senora del principio de la nota, ya de vuelta a su butaca, alcanzo a decirme al verme pasar cerca del foyer: "Mire, yo no se nada de opera, pero a ese hombre lo entendi como si me estuviera cantando en la cocina de mi casa". Y ahi, me parece, esta dicho todo.”Espectadora, a la salida del Teatro Colon
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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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