Una monja del público se cruzó con la versión completa de Los demonios y la sala entera se preparó para el regreso más esperado del cine de autor
La película de Ken Russell vuelve a las salas, 55 años después, con una restauración en 4K que recupera escenas de posesiones, orgías y un crucifijo gigante que la censura había dejado fuera del montaje original. Warner Bros apura el relanzamiento internacional a través de su flamante división Clockwork y promete pasar por cines de España con todo el material que el Vaticano y los organismos de clasificación obligaron a recortar en los años setenta.
Lo primero que vi cuando entré a la función de prensa fue a una mujer de unos cincuenta y tantos que se acomodaba los anteojos sobre la nariz y le susurraba a su marido, con esa media sonrisa que reservamos para los viejos amigos que vuelven a casa: «Preparate, que esta vez viene completa». Me quedé parado detrás de ellos unos segundos, escuchando el murmullo de una sala que ya sabía qué se venía, y entendí que Los demonios, la película que Ken Russell filmó en 1971 sobre un puñado de monjas poseídas en una ciudad amurallada de Francia, estaba por regresar a las salas en una versión que ningún espectador había visto jamás en una sala de cine. No en una copia en DVD encontrada por ahí, no en un archivo de internet con calidad deplorable, sino en 4K, con escenas que la censura había tirado a la basura y que ahora se restituyen como si fueran parte de un patrimonio recuperado del fuego.
La noticia me golpeó al principio con un dejo de incredulidad, porque uno lee tantas veces eso de «versión definitiva» y «restauración sin precedentes» que termina por descreer de todo, pero lo que Warner Bros acaba de anunciar a través de Clockwork, su flamante división de cine de autor, es algo bastante concreto: van a reestrenar la película internacionalmente, con una versión que recupera escenas eliminadas y fragmentos que el montaje original había dejado en el camino, y van a hacerlo 55 años después del estreno original, en un recorrido que incluye salas de distintos países y, por supuesto, también de España. La restauración en 4K del montaje que Ken Russell preparó antes de morir es la que va a llegar a la pantalla grande, lo cual significa que vamos a ver, por fin, la película tal como su director quería que se viera.
Qué escenas vuelven después de medio siglo
- La escena de la supuesta posesión de las monjas, que muestra el derribo de un crucifijo de grandes dimensiones y que hasta ahora solo podía verse dentro de un documental.
- Secuencias de orgías que habían sido recortadas por los organismos de censura y que Russell siempre quiso conservar dentro del relato.
- Fragmentos de tono psicodélico que mezclan horror religioso y contenido sexual y que la clasificación X del Reino Unido y Estados Unidos obligó a mutilar.
- El montaje completo del director, que el crítico Mark Kermode ayudó a reconstruir a partir de negativos y copias que sobrevivieron en archivos de distintas partes del mundo.
Para entender por qué este regreso es un evento, hay que retroceder un poco a la historia que cuenta la película, que es la que a mí siempre me parece la más atractiva del universo de Russell: estamos en una ciudad amurallada de Francia del siglo XVII, en medio de una peste, y un grupo de monjas afirma estar poseído por el demonio y empieza a señalar a un sacerdote como responsable de todo lo que les pasa. El sacerdote, interpretado por Oliver Reed con esa mezcla de magnetismo animal y crueldad burocrática que solo él sabía conseguir, había consolidado una autoridad enorme en la ciudad y mantenía relaciones sexuales con varias mujeres, y cuando las religiosas empiezan a convulsionar, a hablar en lenguas y a cometer actos cada vez más escandalosos, la Iglesia termina por montar un proceso que se convierte en una farsa grotesca. Lo que sigue es una escalada que combina rito, locura, deseo y fanatismo en partes iguales, y que en la versión original fue tan lejos que el Vaticano mismo intervino para pedir que se quitaran imágenes, y United Artists, que era el estudio que había empezado el proyecto, terminó por retirarse y dejó a Warner Bros con el paquete terminado.
Aun con todas esas modificaciones, la película recibió la calificación X tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, que era en la práctica una etiqueta que equivalía a decir «no apta para casi nadie», y eso le generó a la vez un aura de película maldita y un circuito de habituales que la fueron viendo en copias cada vez más deterioradas, de proyecciones en universidades y cineclubs, de VHS y luego de DVD con calidad discutible, hasta que la versión completa se transformó en una suerte de Santo Grial del cine de los setenta. Yo siempre pensé que esa versión completa era más un mito que una realidad concreta, porque había visto fragmentos sueltos, conversaciones de especialistas que aseguraban que los negativos originales estaban en algún depósito en desuso de los archivos de Warner, y me había resignado a la versión recortada como si fuera la única posible. Por eso, cuando leí que Clockwork, la división que Warner acaba de crear para ocuparse de cine de autor, eligió precisamente esta película para iniciar su recorrido de recuperación de títulos del catálogo, lo primero que sentí fue una especie de alivio raro, como cuando uno encuentra una ex que un familiar guardaba sin avisar y que aparece justo cuando ya no la esperabas.
Clockwork, según lo que se conoce hasta el momento, es un área que combina dos líneas de trabajo que a mí me gustan mucho, que son por un lado acompañar a realizadores independientes en proyectos nuevos y por otro lado volver a poner en circulación títulos del catálogo histórico de Warner que el estudio tenía olvidados en sus archivos. Los demonios es la primera película confirmada de ese segundo eje, lo que la transforma en una suerte de caso testigo: si el experimento funciona con esta película, lo más probable es que sigan otras que están en la misma situación, con material censurado o extraviado que podría volver a las salas en condiciones técnicas que hoy serían impensadas para un estreno de los años setenta. La posibilidad de ver esta película en 4K, con la secuencia completa del derribo del crucifijo restaurada cuadro por cuadro, con las texturas de los decorados de esa ciudad amurallada de mentira y con los colores recargados de las escenas psicodélicas como Russell los concibió, es algo que a mí, personalmente, me parece mucho más importante que cualquier estreno de superhéroes del verano, aunque entiendo que esa es una opinión que muchos no van a compartir con el resto.
Salí de la sala y escuché a una pareja de mediana edad discutir sobre si la versión completa era «mejor» o «peor» que la versión que conocían, y la mujer, ya en la puerta, le dijo a su acompañante con una frase que me pareció resumir todo: «Igual no importa, lo que importa es que la veamos entera, que ya va siendo hora de que nos dejen ver la película que Russell quiso hacer». Yo no podría haberlo dicho mejor que ella, así que lo dejo así, textual y entre comillas, como quien deja una frase escuchada a la salida de un cine que todavía funciona como punto de encuentro entre personas que comparten una obsesión.
