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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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Una historia de brujas, curas y tijeras: vuelve «Los demonios» como Ken Russell la soñó

La película maldita del director inglés llega por fin a las salas con sus 114 minutos intactos, los que el Vaticano quiso silenciar y la censura británica cercenó durante más de cinco décadas. Una rareza restaurada en 4K que recién ahora puede verse completa.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · · hace 1 h
Una historia de brujas, curas y tijeras: vuelve «Los demonios» como Ken Russell la soñó

A mí me cuesta decirlo sin que se me escape la sonrisa, pero la primera vez que alguien me mencionó esta película fue una señora de setenta y pico, Fanina, que la había visto de pibe en un cine club de San Telmo y me decía, con esa manera tan criolla de bajar la voz para contar algo escandaloso, que era «la película más que se había filmado nunca», aunque no la podía terminar de explicar bien porque la versión que le habían pasado estaba toda cortada, le faltaban pedazos enteros y ella se había quedado con las ganas de entender qué era lo que faltaba. Me acordé de esa conversación cuando supe que por primera vez, después de más de cincuenta años, «Los demonios» de Ken Russell se va a proyectar completa en los cines, con los 114 minutos que el director inglés siempre consideró la versión definitiva y que recién ahora se pudieron rearmar gracias a una búsqueda que llevó años y a un critico llamado Mark Kermode, que conoció a Russell en persona y se obsesionó con encontrar el metraje que le habían amputado.

El punto de partida es un episodio que parece inventado y sin embargo pleno siglo XVII, en un convento de monjas ursulinas en la ciudad francesa de Loudun, donde varias religiosas denunciaron estar poseídas por el demonio y apuntaron contra un sacerdote, Urbain Grandier, al que acusaron de haberles hechizado. El cura fue juzgado por brujería, condenado y quemado vivo en la plaza. Décadas después, Aldous Huxley —el de «Un mundo feliz»— reconstruyó el caso en la novela «Los demonios de Loudun», y ese libro fue la base sobre la que Russell construyó su película, protagonizada por una Vanessa Redgrave memorable en el papel de la monja Jeanne des Anges y por un Oliver Reed camino al infierno personal que ya se le notaba en cada gesto.

Cómo se recuperaron los 89 segundos prohibidos

Durante décadas circularon dos copias distintas, ambas incompletas: la británica llegaba a 111 minutos y la estadounidense se quedaba en 108. Para conseguir los permisos de exhibición hubo que eliminar secuencias que el director y su editor, Michael Bradsell, consideraban parte esencial del sentido de la obra. El propio Kermode contó, sin pelos en la lengua, que alteraciones «le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película».

El material perdido terminó apareciendo en un rollo catalogado con un nombre tan burocrático como revelador, «C Cut 89»: los 89 segundos exactos que la Agencia Británica de Clasificación de Películas había retirado oficialmente de la película. Russell pudo entonces armar la versión larga de 114 minutos, que se proyectó una sola vez, en el BFI Southbank de Londres, antes de su muerte en 2011. Ahora, restaurada en 4K, esa misma versión es la que llega a las salas españolas desde el 16 de octubre.

  • En los años setenta, diecisiete municipios de Gran Bretaña directamente prohibieron su exhibición.
  • Donde sí se pudo ver, lo hizo bajo la calificación X, reservada a los mayores de 18 años.
  • Finlandia la tuvo vedada hasta noviembre de 2001.
  • El Vaticano condenó la película y llegó a pedir que se levantaran sus proyecciones en el Festival de Cine de Venecia.

Pero más allá del ruido que hizo y de las llamas —no solo metafóricas— que la rodearon, Russell siempre insistió con una idea que conviene tomar en serio: «Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado», dijo el director, y uno la mira hoy y le cuesta desmentirlo, porque lo que cuenta es exactamente eso: cómo una comunidad manipulada, un clero con sed de poder y un aparato judicial dispuesto a condenar al primero que aparezca pueden convertir a cualquiera en chivo expiatorio. Por eso incomoda tanto. Por eso la quisieron callar.

“Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película.”Mark Kermode, crítico cinematográfico

Yo no sé si el lector va a ir al cine a verla o la va a esperar en plataformas, pero le confieso que mientras escribía esto me quedó dando vueltas lo que me dijo el otro día un amigo que la está reponiendo en ciclo: que después de años de recortes, por fin se puede ver la película entera, y eso, ya de por sí, es un pequeño acto de justicia. A la salida del cine, en Madrid, una mujer le dijo a otra, en ese tono bajito que se usa cuando uno cuenta algo que todavía parece un disparate: «Recién ahora se entiende por qué les dio tanto miedo».

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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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