Una automotriz de juguete vuelve al asfalto y vuelve a poner a John Cena en lo más alto del streaming mundial
Matchbox, la marca de miniaturas que muchos asociamos con la infancia, llega al streaming convertida en superproducción de espías. La película de acción trepa al primer puesto en 103 países con John Cena y Jessica Biel, aunque la crítica no le hace mucho favor.
Antes que John Cena apareciera en pantalla, a mí me ganó una imagen: la de un playo de barrio que todavía guarda en un cajón una colección de autos Matchbox, esos cochecitos de metal que se compraban en los kioscos y que para los pibes de los ochenta eran casi un tesoro. Por eso, cuando me enteré de que esa misma marca de juguetitos estaba detrás de una película de acción con un agente de la CIA, una ojiva nuclear y casi cien mercados del mundo marcando play al mismo tiempo, sentí que la nota me la pedía el cuerpo desde algún rincón de la nostalgia, y me largué a verla con la mejor onda, esperando de verdad que me divirtiera, porque la idea tiene algo de simpático, no nos vamos a mentir.
De la caja de juguetes a la superproducción de espías
La película se llama Matchbox: La película y ya está disponible en el streaming de Apple TV+, donde se convirtió en el título de acción más visto del momento con el primer puesto en 103 países, un número que a mí, como espectadora, me llamó la atención más por lo grande que por lo sustancioso, porque en el fondo esos rankings globales miden más la estrategia de marketing y la fuerza de las plataformas que la calidad real de lo que uno después se encuentra cuando le da play al control remoto.
El punto de partida es bien directo y a mí me pareció correcto: Sean Walker, un agente de la CIA especializado en operaciones de alto riesgo, recupera una ojiva nuclear y aprovecha unos días libres para juntarse con amigos de la infancia, un reencuentro que prometía ser emotivo y que se termina torciendo cuando el grupo entero es secuestrado por una organización mafiosa que cree que Walker se llevó la bomba por cuenta propia, así que imagínense la excusa para que Sean empiece a repartir leña entre persecuciones, explosiones y piñas varias en pos de salvar a su gente, que es básicamente el ADN del género del que la película se declara tributaria, con un tono bastante frontal y sin demasiadas pretensiones, algo que a esta altura ya se agradece.
La producción está basada en la línea de juguetes Matchbox, que es originaria del Reino Unido y que Mattel viene explotando comercialmente desde 1997, lo que me parece un movimiento lógico en esta nueva etapa de las marcas de infancia reconvertidas en blockbuster, y por eso no me extraña que la hayan elegido como cabecera, porque Matchbox tiene un costado popular que puede enamorar a más de un padre que termina eligiendo qué ve la familia un sábado a la noche.
Sam Hargrave deja a los Rake y se sube al tren de Cena
El que se hace cargo de la dirección es Sam Hargrave, y a mí eso me generó expectativa, porque estamos hablando de un realizador que se ganó un lugar en Hollywood a fuerza de coordinar las secuencias de acción más intensas de la saga Tyler Rake, esa que tiene a Chris Hemsworth como protagonista y que le permitió mostrar un talento específico para coreografías de combate y persecuciones que parecen sacadas de un videojuego bien calibrado. El detalle interesante es que Matchbox es su primer largo fuera de ese universo, es decir, es la primera vez que se larga a filmar una historia completa sin la sombra de los Tyler Rake, y eso a mí, como espectadora curiosa, me daba la expectativa de ver si Hargrave podía sostener un relato entero sin apoyarse en el selo de la franquicia que lo lanzó.
En el reparto vuelve a aparecer John Cena como protagonista absoluto, después de títulos como Hidden Strike, Jefes de Estado y varias entregas de la saga Rápido y Furioso, además de su muy querida serie El Pacificador, y comparte cartel nada menos que con Jessica Biel, que vuelve a meterse en el traje de chica dura del Hollywood que le gusta, y la dupla se nota cómoda, con un Cena que ya está aceitado para el papel de agente grande, fuerte y de buen corazón, que se sacrifica por los suyos, mientras que Biel le pone el contrapunto más elegante y un poco menos histriónico al elenco, formando un tandem que funciona y que en la pantalla grande tiene bastante química, por lo menos para lo que el guion les pide, que tampoco es mucho más que eso.
Los números de la película, mirados con detenimiento, terminan contando una historia un poquito contradictoria, porque mientras los rankings globales la ponen primera en 103 países, lo que suena espectacular y muy marketineramente feliz, la crítica especializada le da apenas un 24% de valoraciones positivas en Rotten Tomatoes y el público que se toma el trabajo de opinar en IMDb le otorga un 5,7 sobre 10, números que a mí me hacen ruido porque son el tipo de pisada tibia que cuando la ves en la crítica te dice que el entusiasmo popular y el entusiasmo crítico no siempre van de la mano, y eso te deja pensando.
El ranking importa, pero hasta cierto punto
A mí la pregunta del final del material me la hago todos los fines de semana cuando me junto con amigos a elegir película: cuánto pesa realmente ese cartelito de número uno en más de cien países a la hora de decidir qué ver, porque a veces uno se deja llevar por la promesa del récord y termina dos horas después con la sensación de que perdió el tiempo en una historia que no le dijo nada, mientras que otras veces uno arranca con expectativas más bajas y termina sorprendido por un guion que no le pedía demasiado al reloj y le dio una buena noche de pochoclos, que es lo que la mayoría de nosotros terminamos buscando en una película de acción un viernes después del laburo.
Lo concreto es que Matchbox: La película está, su premisa se entiende rápido, John Cena cumple con su papel, Jessica Biel le da empaque al elenco y Sam Hargrave le imprime a las secuencias de pelea una energía notable, pero también es cierto que la crítica no la acompaña del todo, y eso es un dato para tener en cuenta la próxima vez que el algoritmo del streaming te la ofrezca con su lamparita de número uno, porque a veces ese numerito es una señal y a veces es puro marketing bien aceitado, y distinguirlas es, en gran parte, el arte de zapping que los que ya tenemos cuarenta años aprendimos a la perfección.
“La vi por el pibe, total si es mala le hago zapping y listo”Un señor de unos cincuenta años, a la salida del cine donde la proyectaban en'avant premiere'
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