Lunes, 21 de septiembre de 2026
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The Good Place: una comedia que se anima a preguntarse cómo vivir después de la muerte

La serie de Michael Schur recorre cuatro temporadas y 53 episodios para mezclar dilemas morales, filosofía y humor absurdo, con un elenco que lidera Kristen Bell y acompañan Ted Danson, William Jackson Harper, Jameela Jamil y Manny Jacinto.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 21 de septiembre de 2026 · hace 4 h

A mí me pasó lo siguiente: arranqué a ver The Good Place casi de choreo, porque una compañera de trabajo me dijo que si me gustaba Ted Danson tenía que darle una oportunidad, y terminé enganchándome de una manera que no me esperaba. Esa es, en parte, la magia de la serie creada por Michael Schur: se presenta como una comedia liviana sobre el más allá y, sin que uno se dé cuenta, te arrastra a un debate enorme sobre qué significa portarse bien, cuánto pesa lo que uno hizo en vida y si realmente se puede cambiar.

La historia sigue a Eleanor Shellstrop, una mujer que al morir despierta en un vecindario idílico reservado para las personas buenas. El problema es que Eleanor sabe perfectamente que su paso por la Tierra no justifica ese destino: fue egoísta, desconsiderada y, según sus propias palabras, vendióle zapatos falsos a ancianas para sacar una comisión. Esa contradicción entre su pasado y el lugar al que fue asignada es la mecha que enciende todo lo demás.

Un elenco pensado para que la filosofía no pese

  • William Jackson Harper como Chidi, un profesor de filosofía y ética que lleva al extremo la obsesión por elegir correctamente cada acción.
  • Jameela Jamil como Tahani, cuya imagen de perfección esconde inseguridades profundas y una relación difícil con la validación de los demás.
  • Manny Jacinto como Jason, un personaje que parece poco preparado para cualquier debate filosófico y que igual se las arregla para ser querible.
  • Ted Danson como Michael, el arquitecto del vecindario, con un tono entre veterano sabio y vendedor de Used Compact. Lo banca desde el costado, con ironía y paciencia.
  • Kristen Bell como Eleanor, la protagonista que carga con la culpa y con la decisión de intentar ser alguien distinto.

Lo interesante es cómo la serie va corriendo el foco de lo individual a lo colectivo. En las primeras temporadas el motor es Eleanor intentando aprender filosofía junto a Chidi para no ser descubierta y enviada al otro lugar. Después, el aparato se amplía: aparecen los puntos de inflexión, los giros argumentales que cambian las reglas del juego y una mirada sobre el tiempo compartido que a mí, personalmente, me terminó golpeando más que los chistes sobre utilitarismo o deontología. Schur y su equipo se toman en serio la pregunta por la moral sin abandonar el absurdo, y ese equilibrio es lo que sostiene las cuatro temporadas.

Porque The Good Place no se queda en la superficie del debate. Los guiones meten mano con el utilitarismo, el consecuencialismo, la ética deontológica y las referencias a Kant, y al mismo tiempo conviven con Janet, una especie de asistente omnisciente con respuestas para todo menos para los temas que de verdad importan, y con escenas que podrían ser de cualquier sitcom. Esa mezcla es la firma de la casa, y se nota también en los momentos más emotivos: cuando la serie decide frenar la carcajada y dejar que los personajes se miren a los ojos, se nota que hay algo construido con tiempo.

A lo largo de sus 53 episodios, la propuesta va mutando: arranca como una comedia de enredos en el paraíso, pasa por una segunda temporada que funciona casi como una clase de filosofía disfrazada, llega a una tercera que expande el mundo y cierra con una cuarta temporada que, sinspoiler de más, decide hacerse cargo de las preguntas grandes sobre la vida, la muerte y con quién uno elige transitarlas. El desenlace cierra el recorrido de los protagonistas y deja flotando una idea que a mí me sigue dando vueltas: que mejorar como persona es posible, pero casi nunca se hace solo.

Por eso me parece una serie para recomendar a los cuarenta, a los cincuenta, a los sesenta y a quien sea que tenga ganas de reírse un rato y, de paso, quedarse pensando un rato largo. Como me dijo una señora a la salida del boliche donde un grupo de amigos se junia para ver el final: "Yo vine por Ted Danson y terminé llorando con un profe de filosofía". Difícil explicar mejor lo que es The Good Place.

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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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