Sherlock Holmes con pelos y señales: la serie animada de 1984 que Miyazaki soñó antes de partir a Nausicaä
Una coproducción italo-japonesa de los años ochenta convirtió al detective de Conan Doyle en un perro con gabardina, atravesado por máquinas a vapor y aventuras steampunk. Rosario Escudero repasa la historia detrás de los seis capítulos que el maestro de Studio Ghibli alcanzó a dirigir antes de cambiar de rumbo profesional.
Me crucé en una librería del centro con Marta, una mujer de unos cincuenta y pico que estaba eligiendo un libro de Conan Doyle en la sección de clásicos, y me dijo que su primera memoria de Sherlock Holmes no tenía al detective interpretado por un actor inglés, sino a un señor bigotudo con cara de sabueso al que le seguían las pistas en una avioneta a vapor. Le pregunté de qué hablaba y me soltó, sin dudarlo: "Mire, señora, eso era una serie japonesa del ochenta y pico en la que todos eran perros". Le agradecí la sinceridad, porque uno a veces se olvida de que la ficción también se hereda de boca en boca, y volví a la calle con la convicción de que la serie animada de Sherlock Holmes, coproducida entre el estudio japonés TMS y la cadena italiana RAI en 1984, merece una vuelta de página. La propuesta llevó al investigador de Baker Street a un universo donde casi todos los personajes son canes antropomorfos, es decir, animales con rasgos y comportamientos humanos, y esa elección estética acercó la historia al público infantil, aunque la intención inicial del propio Miyazaki había sido darle un enfoque más adulto. El cambio atraviesa la apariencia de los protagonistas y distingue a esta versión animada del personaje literario al que estamos acostumbrados.
Lo que más me interesa contar, y confieso que es algo que pocas veces se menciona con la fuerza que merece, es que esta serie fue una aventura de producción compartida entre Japón e Italia, un acuerdo de esos que hoy parecen imposibles y que en aquel entonces le permitió a Miyazaki sentarse en la dirección junto a Kyosuke Mikuriya. De los 26 episodios que integran la adaptación, Miyazaki se hizo cargo de seis capítulos antes de pegar el portazo, y me explico: su salida estuvo directamente vinculada con los retrasos que fueron acumulando las distintas etapas de producción. Necesitaba enfocarse de lleno en Nausicaä del Valle del Viento, otra de las obras centrales de su recorrido cinematográfico, y por eso dejó a otros directores al mando de la serie.
Steampunk, máquinas a vapor y una estética de aventura
Los misterios conviven en cada capítulo con escenas de aventuras, avionetas en plena persecución, carreras de autos y esas máquinas a vapor que tanto obsesionaron a los dibujantes de la época. La estética steampunk combina esos elementos mecánicos con la ciencia ficción y les reserva un lugar destacado dentro del universo del investigador. Así, los casos inspirados libremente en Conan Doyle comparten pantalla con vehículos e inventos que amplían el componente de acción de la serie, y uno como lector entiende que los guionistas encontraban en el siglo XIX tecnológico un parque de diversiones argumental.
- 26 episodios estrenados en 1984, coproducidos entre el estudio TMS de Japón y la cadena italiana RAI.
- Hayao Miyazaki dirigió seis capítulos junto a Kyosuke Mikuriya antes de abandonar el proyecto.
- La serie adapta relatos de Arthur Conan Doyle en un universo de personajes caninos antropomorfos.
- El componente steampunk incluye avionetas, carreras de auto y máquinas a vapor como escenario recurrente.
- Antes de Sherlock Holmes, Miyazaki había pasado por Heidi, El perro de Flandes y Marco, entre otras adaptaciones del World Masterpiece Theatre.
Para Miyazaki, el acercamiento a una obra occidental no era ninguna novedad, y vale la pena recordarlo porque ayuda a dimensionar el peso que tenía esta serie en su carrera. Antes ya había trabajado en adaptaciones como Heidi, El perro de Flandes y Ana de las Tejas Verdes, todas dentro del programa World Masterpiece Theatre. También había codirigido Lupin III junto a Isao Takahata y, ya por su cuenta, Conan, el niño del futuro y El castillo de Cagliostro, dos películas que a mí me siguen pareciendo hallazgos insoslayables del cine animado de los ochenta. Cuando uno reconstruye esa trayectoria, entiende que Sherlock Holmes no era un capricho, sino una nueva vuelta de tuerca dentro de un mismo interés: traducir al dibujo japonés historias universales.
Me quedo pensando, mientras termino de escribir estas líneas, en cuántas versiones del detective sobreviven en la memoria de los argentinos. Hay quienes lo vieron en la televisión a color de los años ochenta, justamente esta serie que hoy revisitamos; hay otros que crecieron con el Basil Rathbone de las películas en blanco y negro, y también están los que descubrimos a Robert Downey Junior en la pantalla grande, persiguiendo villanos con elegancia british. Quiero pensar que la serie animada con perrosmolos tuvo su propio lugar en esa genealogía, y que todavía hay tiempo de recuperar esas cintas en plataformas de streaming o en ferias de VHS que resisten en algunos locales del centro. Les dejo la pregunta, porque me parece un ejercicio sano: ¿qué otras versiones de Sherlock Holmes les gustaría volver a ver?
“Eso era una serie japonesa del ochenta y pico en la que todos eran perros.”Marta, lectora consultada en una librería del centro
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