San Pedro, la puerta del Caribe beliceño que se recorre sin apuro
A 15 minutos en avioneta o una hora y media en ferry desde Ciudad de Belice, el pueblo del Cayo Ambergris combina playas, arrecifes y un ritmo que se mide en carritos de golf y caminatas cortas.
El agua cambia de tono a medida que la avioneta pierde altura y aparecen, abajo, las primeras casas de colores pasteles desparramadas sobre una lengua de arena. Estoy volando hacia San Pedro, en el Cayo Ambergris, y la sensación es la de llegar a un lugar donde el Caribe todavía se toma su tiempo. Desde la ventanilla se ven las tonalidades del mar que van del turquesa al azul profundo, y se entiende por qué este punto de Belice se convirtió en una de las paradas más buscadas por quienes quieren combinar playa con excursions de arrecife.
Para llegar hay dos opciones claras desde Ciudad de Belice: un vuelo de unos 15 minutos en avioneta, operado por Tropic Air en aeronaves para 14 pasajeros, o un ferry de aproximadamente una hora y media que conecta el continente con la isla. El tramo internacional, según el itinerario habitual, se hace con Copa Airlines vía Panamá y luego una conexión hasta la capital beliceña. Desde allí, también existe la posibilidad de cerrar el recorrido en taxi acuático.
Un pueblo que se recorre a pie y en carrito
San Pedro tiene un centro chico, pensado para caminarse sin prisa. Las calles concentran restaurantes, tiendas de artesanías y comercios donde se contratan las salidas al mar. Lo que llama la atención es que el medio de transporte por excelencia es el carrito de golf: práctico, silencioso y parte del paisaje cotidiano. En pocos minutos se puede pasar de la playa al muelle, almorzar en un local con vista al mar y volver al alojamiento sin mayores complicaciones.
La moneda que se mueve es el dólar beliceño, aunque en muchos lugares también aceptan dólares estadounidenses. El idioma oficial es el inglés, aunque también se hablan español y otras lenguas criollas, algo que se percibe en los menúes y en la atención al visitante.
Hol Chan, el Agujero Azul y una barrera de 300 kilómetros
La excursión más clásica es la navegación hasta la Reserva Marina de Hol Chan y Shark Ray Alley, donde el snorkel permite observar corales, tortugas, peces tropicales y pequeños tiburones. En el trayecto, además, suelen verse delfines desde la superficie.
Hol Chan forma parte de la Barrera de Coral de Belice, que se extiende unos 300 kilómetros e integra el Sistema Arrecifal Mesoamericano, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1996. La laguna que genera la barrera protege a la costa del oleaje fuerte y concentra una biodiversidad notable.
Otra salida emblemática es la visita al Gran Agujero Azul, un sumidero submarino de unos 300 metros de diámetro y 120 metros de profundidad, rodeado de coral. Las inmersiones permiten ver paredes verticales y formaciones de estalactitas y estalagmitas. Para quienes no bucean, hay vuelos panorámicos que lo sobrevuelan y ofrecen una vista impactante desde arriba.
Secret Beach, mar calmo y cocina del mar
Si la idea es una jornada de playa, Secret Beach aparece como una de las favoritas del Caribe beliceño. El agua es tranquila y el entorno invita a quedarse hasta la caída del sol.
- Camarones con salsa de coco.
- Ceviches de pescado fresco.
- Empanadas de pescado.
- Fry jacks, una masa frita típica que se parece a las tortas fritas.
- Otros platos de la cocina local que se sirven en seis establecimientos de la zona, entre las 17 y las 20.
En mi recorrida por la zona, Marta Caal, cocinera del lugar desde hace varios años, me lo resumió con una frase que vale como recomendación: 'Vení con el estómago vacío y con el reloj roto, acá el mejor plan es sentarse frente al mar y dejarse llevar por la tarde'. Esa, creo, es la mejor forma de describir qué se siente estar en San Pedro: una invitación a bajar un cambio y dejarse envolver por el Caribe.
