Pergolini se mandó el fondo de coleccionista: discos de Spinetta, Prince y Nirvana sostenidos en piezas que él mismo imprimió en 3D
El conductor de No preguntes por Rusia renovó la escenografía de su programa con una estructura para exhibir vinilos, un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana, todo soportado por piezas que él mismo fabricó con una impresora 3D.
A Nico Etevenaux lo vi mirar dos veces hacia el fondo del estudio antes de animarse a preguntar qué había cambiado detrás de Mario Pergolini, y la verdad es que entendí perfectamente su desconcierto porque el que sigue el programa desde su casa también necesita unos segundos para procesar lo que tiene delante: una estructura entera pensada para exhibir discos de vinilo, con soportes impresos en una impresora 3D, ocupa ahora buena parte del sector donde antes predominaba una pared oscura cruzada por luces azuladas, y lo primero que uno piensa es que esa especie de biblioteca musical no estaba ahí la semana pasada ni mucho menos cuando arrancó la temporada 2026, cuando el propio Pergolini describió aquel lugar como un sótano prestado y hasta reconoció las limitaciones que tenía para recibir invitados.
Una selección que cruza generaciones y países
Lo que más me llamó la atención, y creo que a cualquier oyente argentino de entre cuarenta y sesenta años le va a pasar lo mismo, es cómo Pergolini armó una selección que funciona casi como una radiografía de la música que muchos de nosotros escuchamos desde adolescentes hasta hoy, porque durante la emisión él mismo fue pasando la vista por las distintas filas y fue nombrando tapas que conviven sin pedir permiso: señaló Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, junto a Fore!, de Huey Lewis & The News, y también mencionó discos de Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos, como si quisiera demostrar que en su gusto conviven el rock nacional, el pop internacional de los ochenta y los ritmos de raíces francesas sin ninguna jerarquía.
En las filas inferiores el recorrido suma nombres que disparan recuerdos muy distintos, porque aparecen Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Los Tipitos y Barry Manilow mezclados con Los Piojos, AC/DC, Daniel Melingo, La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez, una lista larga y desordenada a propósito que, a mi modo de ver, dice bastante más sobre cómo se escucha música en este país que cualquier ranking elaborado por un crítico especializado.
- Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, y Fore!, de Huey Lewis & The News, en la hilera superior.
- Un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana, entre las piezas más llamativas de la colección.
- Vinilos de Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos conviven con Catupecu Machu, The Velvet Underground y The Rolling Stones.
- Los Tipitos, Barry Manilow, Los Piojos, AC/DC y Daniel Melingo se codean con La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez.
El momento en el que Etevenaux preguntó por los cambios tuvo su pequeña gracia porque el columnista se acercó al sector donde sigue firme una figura de un Stormtrooper de Star Wars y desde ahí reparó en la nueva disposición, y entonces Pergolini no dudó en contar que la instalación la había hecho él mismo, que los soportes habían salido de su impresora 3D y que lo más interesante de todo es que las tapas pueden ir rotando emisión tras emisión sin necesidad de desarmar nada, una solución de ingeniería hogareña que, viniendo de alguien que siempre se mostró aficionado a la tecnología, resulta completamente lógica.
“Los vamos a ir cambiando.”Mario Pergolini
La ambientación completa, para quien no haya visto las últimas emisiones, conserva las paredes oscuras y la iluminación azulada que se hicieron casi una marca registrada del ciclo, pero ahora se completa con una guitarra, un sillón, una mesa auxiliar, una lámpara de pie y un mueble con equipos y objetos de colección, mientras que en otra pared sigue intacta una estantería con discos compactos, de modo que el espacio termina contando una historia coherente sobre alguien que dejó de escuchar música en plataformas hace rato y prefiere tenerla ordenada a la vista, en formato físico, como una manera de decir que esos discos siguen formando parte de su vida cotidiana y no de un pasado archivado en un disco rígido.
Cuando terminé de ver el programa y salí a la calle, todavía con la imagen de esos vinilos en la cabeza, me crucé con un oyente que hacía la cola para una próxima función y me dijo, casi sin que le pregunte nada, que él en su casa tenía los mismos lidos con la música, que ya no le entraban más discos y que sin embargo seguía comprando, una frase que me parece resumir bastante bien lo que Pergolini acaba de hacer en su propio estudio: convertir la colección en escenografía y la escenografía en una manera de hablar en primera persona.
