Viernes, 25 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Nicolas Cage, el tipo que se animó a ser dos en una sola película y aun así nos regaló una obra inclasificable

Adaptation cumple veintipocos años y sigue siendo una de las experiencias más extrañas, lúcidas y queribles que produjo Hollywood en los dos mil: Spike Jonze en la dirección, Charlie Kaufman firmando un guion que se devora a sí mismo y Nicolas Cage haciendo de hermano gemelo de sí mismo. Lo que dejó ese combo, y por qué vale la pena revisitarlo.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 25 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Le voy a confesar algo antes de meternos en tema: la primera vez que vi Adaptation no entendí nada. Salí del cine con la cabeza hecha un lío, medio enojado con el guion, medio enamorado de Nicolas Cage, y con la sensación de que alguien me había gastado una broma intelectual de muy buen gusto. Años después, cuando la volví a poner, entendí que no era una broma: era una película sobre lo que pasa cuando un escritor se queda sin ideas y decide contar, justamente, lo que le está pasando. Esa segunda vez me reí solo, varias veces, en mi casa, y ahí se convirtió en una de esas películas que uno recomienda con esa mezcla de orgullo y culpa que solo producen los objetos culturales inclasificables.

La base de todo es un libro de no ficción de Susan Orlean, una journalist gringa que se obsesionó con un personaje fascinante: un tipo llamado John Laroche que se dedicaba a traficar orquídeas raras en los pantanos de Florida. Orlean escribió un libro precioso sobre eso, y alguien en Hollywood pensó, con buen criterio, que ahí había una película. Hasta acá, todo normal. El problema, o la genialidad, es que el guion lo escribió Charlie Kaufman, el mismo que había firmado Como ser John Malkovich y más adelante firmaría El eterno resplandor de una mente inolvidable y Synecdoche, New York. Y Kaufman, en lugar de adaptar el libro y listo, decidió adaptar el proceso de adaptación.

Un guion que se mira a sí mismo mientras se escribe

Lo que termina apareciendo en pantalla es una especie de muñeca rusa narrativa. Tenemos a Charlie Kaufman, el personaje, un guionista bloqueado al que le encargaron adaptar el libro de Orlean y no sabe cómo. A su lado, su hermano gemelo Donald, que es todo lo que Charlie no es: confiado, exitoso con las mujeres, escritor de guiones comercialmente perfectos, el tipo que uno imagina vendiendo tortas en un reality show. Y en paralelo, vemos la historia que Charlie intenta escribir: Susan Orlean investigando a Laroche, la obsesión de ella con las orquídeas, el mundo turbio que va apareciendo debajo. Las dos líneas se cruzan, se contaminan, se devoran, terminan fusionándose en un tercer acto que es de lo más desquiciado que se vio en un cine de Hollywood de principios de los dos mil.

Spike Jonze, que venía de hacer videos para Björk y de dirigir la primera adaptación de Donde viven los monstruos, se sentó en la dirección y le dio al disparate un tono entre melancólico y cálido que es lo que hace que la película no se caiga en el ejercicio cerebral. Jonze filma a Los Ángeles y Florida con una luz como de atardecer perpetuo, pone a los personajes en habitaciones siempre un poco desvaídas, y les da una humanidad que les impide volverse meros engranajes del truco.

Cage por dos, Cage por el precio de uno

Y en el centro de todo esto está Nicolas Cage, haciendo el trabajo más arriesgado de su carrera: interpretar al mismo tiempo a Charlie y a Donald Kaufman, los hermanos gemelos. No es un truco menor. Cage les construyó a los dos una voz, un cuerpo, una forma de moverse, una manera de mirar el mundo que son completamente distintas. Charlie es el que se come las uñas, el que habla atropellado, el que se tira encima de la silla como si quisiera desaparecer; Donald es el tipo expansivo, seductor, que ocupa el espacio con una sonrisa que ya te está vendiendo algo. Verlos juntos en pantalla, discutir sobre escribir, sobre la vida, sobre cómo se cuenta una historia, es de las cosas más raras y más gratas que hizo el cine de los años dos mil.

Para entender la magnitud de lo que se jugó Cage acá hay que recordar dónde estaba parado: venía de ganar el Óscar por Leaving Las Vegas, había sido el fantasma de Hollywood de los noventa con Cara a cara, La roca, Con Air, La familia Adams, había hecho cine de acción pesado y comedias desquiciadas, y sin embargo eligió meterse en esta locura autoreferencial del entonces emergente Kaufman. Eligió quedar raro. Eligió quedar expuesto. Y le salió bien: la película le valió otra nominación al Óscar, esta vez al mejor actor, algo casi inaudito para un protagónico doble en un guion tan experimental.

Cage fuera de Adaptation: otras caras del mismo actor

Lo que me gusta de Adaptation es que nos recuerda que Cage nunca fue solamente el rey del grito y la mueca histérica de los noventa. Para muestra, un recorrido rápido por papeles que vale la pena tener en el radar:

  • Leaving Las Vegas (1995): un guionista que se va a Las Vegas a beber hasta morir. La actuación que le dio el Óscar, contenidísima, sin un solo gesto de más, y por eso devastadora.
  • Al límite (Bringing Out the Dead, 1999): Martin Scorsese lo pone de paramédico nocturno en Nueva York, en una película escrita por Paul Schrader. Cage casi se funde con el agotamiento del personaje, y Scorsese filma esa decadencia como si fuera una alucinación religiosa.
  • El hombre del tiempo (The Weather Man, 2005): una comedia dramática de Gore Verbinski sobre un tipo cuya vida se desarma mientras presenta el pronóstico del tiempo en la tele. Tiene una escena con la lluvia de los rodillos de maples que es de las más memorables del cine de mediados de los dos mil.
  • El señor de la guerra (Lord of War, 2005): el traficante de armas más grande del mundo, según la película, escrita y dirigida por Andrew Niccol. Cage con el pelo blanco, los trajes impecables y una de esas miradas que te dicen que este tipo sabe perfectamente lo que está haciendo.

Visto todo junto, lo que aparece es un actor con un rango que durante mucho tiempo se le discutió porque su leyenda se construyó sobre las muecas. Pero Adaptation es la prueba de que, cuando el material lo justifica, Cage puede ser dos personas distintas en la misma escena y aun así conmoverte. Y cuando uno lo piensa, entiende por qué la película sigue dando vueltas: porque no es solo un truco, es una pregunta sobre qué hace un actor cuando se le pide algo que parece imposible y aun así dice que sí.

¿Y hoy?

Adaptation se puede ver por streaming en varias plataformas, con la ventaja de que ya pasaron los años suficientes como para que la puedan disfrutar quienes no la vieron en su momento y sin los spoilers que en su estreno arruinaron el placer del descubrimiento. Mi recomendación es verla dos veces: la primera para dejarse llevar, la segunda para entender qué fue lo que pasó. En el medio, van a terminar googleando quién fue John Laroche, buscando el libro de Susan Orlean y quizás, como me pasó a mí, leyendo la entrevista que Orlean le dio a The New Yorker en la que cuenta su experiencia viendo la película, que es un capítulo aparte y muy jugoso.

“Che, no entendí nada, pero la quiero ver otra vez.”Un señor en la puerta del cine, cuando se estrenó en Buenos Aires
RE
Rosario EscuderoCultura y espectáculos

Te puede interesar