Marta Fort ensaya con amigos y chef antes de pisar la cocina de MasterChef: "Voy a ir por todo"
La joven, que también conduce un programa de streaming y coquetea con la idea de subirse a un escenario, se prepara con clases diarias y cenas para diez comensales donde prueba los platos y escucha devoluciones antes del debut.
Lo conocí a Roberto, un colega de oficina que sigue a Marta Fort desde los tiempos del Bake Off y que el otro día, mientras esperábamos el café, me dijo al pasar: "Mirá vos, la chica ahora se anima con las ollas". Y la verdad es que la frase me quedó rondando, porque cada vez que uno cree saber qué viene con esta chica, aparece una sorpresa nueva, y esta vez la novedad tiene nombre propio y muy pocas horas de aire: Marta Fort está tomando clases de cocina todos los días con un chef privado para llegar lo más aceitada posible a su debut en MasterChef Celebrity, el programa que, según me confirmaron fuentes allegadas a la producción, la tendrá entre los participantes de esta temporada con un perfil que ya de por sí llama la atención por lo movedizo de su agenda.
La preparación, me imagino yo mientras escribo esto desde el living de casa, no se parece a la de otros competidores que aparecen el día del casting con un cuchillo nuevo y una receta de la abuela bajo el brazo. Acá hay un método, casi diría un ritual, que la propia Marta contó en una charla reciente y que tiene bastante de ensayo y error, pero también de trabajo silencioso, ese que no sale en cámara pero que termina siendo el verdadero motor de cualquier debut que se precie de serio. Ella misma lo resumió con una claridad que me dejó pensando un buen rato: "Me da timidez la devolución del jurado, pero voy a ir por todo", dijo, y esa frase, que parece un eslogan de camiseta, en realidad condensa lo que uno advierte cuando sigue su recorrido: hay nervios, sí, pero también una decisión muy firme de plantarse en el plato.
Diez invitados, un menú y la verdad de la sal
El primer paso de este entrenamiento, y el más pintoresco si me preguntan a mí, son las cenas de práctica que Marta organiza en su casa con un detalle que a esta altura ya es marca registrada de su manera de trabajar: reúne a diez personas, les sirve un menú completo que previamente cocinó una y otra vez hasta dejarlo a punto, y se queda escuchando, con los oídos bien abiertos, cada uno de los comentarios que caen sobre la mesa. No es una reunión social al uso, es un laboratorio a cielo abierto, una especie de focus group con mantel y vino, donde la anfitriona se expone a las críticas como si ya estuviera delante de Martitegui, Betana y Botana, el trío de jurados que, según me adelantaron, será el encargado de ponerle nota a sus platos.
- Clases privadas con un chef todos los días, donde trabaja sobre recetas puntuales y ajustes finos como moderar la cantidad de sal.
- Cenas de práctica con diez invitados a los que les sirve el menú ensayado y escucha devoluciones concretas.
- Platos ya probados en esas reuniones: pollo al verdeo y distintas carnes, su rubro predilecto.
- Una receta familiar elegida como posible presentación estrella: la entraña, su preferida desde la infancia.
Las carnes como norte y un viejo deseo de escenario
Si hay un terreno donde Marta Fort se siente parada con algo de firmeza es en el de las carnes, y no es un dato menor si uno piensa en lo que se viene: "Me siento más cómoda con las carnes", reconoció, y a partir de ahí empezó a delinear una estrategia culinaria que pasa, casi sin sorpresas, por un corte con carga emocional, la entraña, esa pieza que para ella remite directamente a la mesa familiar y que pretende llevar al programa como un guiño a sus propios recuerdos. La elección no parece casual ni marketinera, parece más bien una manera de anclar el debut en algo conocido antes de animarse a volar, algo que a mí, que vengo siguiendo su carrera desde hace rato, me parece un movimiento muy inteligente porque te permite mostrar personalidad sin quemarte en el primer paso.
Pero el plato fuerte de esta nota, aunque suene a juego de palabras facilón, no es solo la cocina. Mientras se prepara para MasterChef, Fort sigue al frente de un programa de streaming que conduce con entrevistas y propuestas variadas, un espacio que ella misma describe como un ámbito donde puede probar ideas y, de paso, tantear la posibilidad de cocinar en vivo durante alguna emisión, lo que imagina como un ensayo extra para lo que se viene. A eso se le suma, y esto es lo que a mí más me interesa como observador de su trayectoria, un deseo que arrastra desde hace rato y que acaba de poner sobre la mesa: le gustaría probar suerte como actriz en teatro, un anhelo que ella misma vincula con las temporadas que su padre, Ricardo Fort, supo encabezar en las marquesinas porteñas.
Ahora bien, acá hay que hacer una pausa y mirar el cuadro completo, porque lo de la actuación todavía es, según sus propias palabras, un terreno donde se reconoce con poca formación, aunque convencida de que podría encararlo si se lo propone. Lo de la cocina, en cambio, ya tiene piernas propias: clases diarias con un chef, cenas con público amigo, ajustes de sal y de tiempos, una receta familiar elegida a conciencia y un debut que, me aventuro a decir, va a marcar un antes y un después en su relación con la pantalla. Antes de cerrar la nota, y ya en la puerta del estudio donde se filmó la entrevista, me crucé con una productora que había visto los ensayos y que, con esa media sonrisa que tenemos los que laburamos en este oficio, me dijo al oído, textual, mientras se acomodaba los auriculares: "Mirá, a la chica le va a ir bien, porque cuando le tiembla el pulso, igual mete la cuchara".
