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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Marcelo Tinelli se reinventa entre el streaming y la cocina de su casa: dos apuestas para un mismo presente

El conductor vuelve a la pantalla con Dale Match, su ciclo diario por streaming, y al mismo tiempo muestra en la segunda temporada de Los Tinelli el lado más íntimo de la relación con sus hijos. Una conversación en la que habla de formatos, de familia y de una etapa personal que define con una sola palabra: orden.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · · hace 1 h
Marcelo Tinelli se reinventa entre el streaming y la cocina de su casa: dos apuestas para un mismo presente

Antes de que Marcelo Tinelli asome detrás del escritorio ya hay alguien acomodando las cámaras, alguien probando el audio y alguien, siempre, mirando el reloj porque en streaming el reloj no perdona. Esa escena mínima, que el público nunca ve, es la que él rescata cada vez que describe el espíritu de su nuevo proyecto, Dale Match, y la que, según me contó, lo obsesiona más que el rating.

Una mesa que se vuelve streaming

Dale Match es, en pocas palabras, un cierre de día con humor, actualidad y deporte, conducido por una mesa de cuatro o cinco voces entre las que están Diego Castro, Anita Martínez, Carito Müller y Baulo. Lo que propone Tinelli es abandonar la lógica del conductor único y reemplazarla por una más horizontal, donde también el equipo técnico opina, sugiere y hasta se suma a la conversación frente a cámara. "Acá somos todos conductores", dice él, y la frase no es un eslogan marketinero sino el intento consciente de recuperar el clima de mesa que marcó etapas anteriores de su carrera, esta vez adaptado a los tiempos del streaming, con reacción inmediata del público desde los comentarios y un ritmo más conversacional, más analógico en el fondo aunque enteramente digital en la forma.

Yo lo veo como un regreso a las fuentes con cambio de escenario incluido: misma intención de construir comunidad alrededor de una pantalla, otro escenario. El conductor lo define con una imagen que me quedó dando vueltas varios días, cuando le pregunté cómo encara esta etapa nueva: "Los tiempos cambian, se reciclan, y está bueno adaptarse", me dijo, y la sentí como la clase de frase que quien lleva décadas en el medio puede pronunciar con autoridad sin que suene a pieza de museo.

Los Tinelli, temporada dos: la familia que se muestra mientras se reacomoda

En paralelo, Tinelli presenta la segunda temporada de Los Tinelli, el reality familiar que registró la dinámica con sus hijos y que en su primera entrega dejó al aire tensiones, distancias y silencios que el público siguió con cierta curiosidad morbosa. Esta segunda parte, según me adelantó, retoma esos mismos conflictos pero desde un presente distinto: el del diálogo que volvió a la mesa y la recomposición que, como toda recomposición verdadera, todavía está en obra. Hoy Juanita convive con él, y el conductor habla de la relación con sus hijos como un vínculo reencauzado tras un período de diferencias que prefiere no instalar en el centro de la escena aunque, bueno, ya está ahí porque es el programa entero.

“Cuando pasa algo en la familia, te preocupás. Lo importante es poder hablar, comunicar y entender que lo que pasó ya pasó.”Marcelo Tinelli

Esa es la línea editorial de toda la temporada, y se nota: en lugar de explotar el escándalo a cualquier precio, el reality parece interesado en mostrar cómo se dialoga después del conflicto, cómo se vuelve a la rutina compartida, cómo se aprende a cuidarse estando cerca, y la verdad es que verlo es un poco como espiar la casa de un viejo conocido en la que ahora, de repente, todos se hablan.

El orden personal como proyecto a la par de los profesionales

  • Hace terapia una vez por semana desde hace años y lo menciona sin pudor, como quien comenta que va al gimnasio.
  • Entrena a diario y destaca el movimiento físico como parte de su rutina diaria, no como un agregado.
  • No consume alcohol y cuida especialmente la alimentación, decisiones que vincula con el momento personal que transita.
  • Define esa etapa con una única palabra que repite cada vez que puede: activa, enfocada en los proyectos en curso y atravesada por una energía que a sus sesenta y tantos años se siente, se lo noté en la conversación, genuina y no impostada para la nota.

Lo que más me interesa destacar, ya desde la primera persona, es que Tinelli no presenta esta mudanza al streaming como una ruptura, ni mucho menos como un exilio de la televisión tradicional; al contrario, la presenta como una continuidad natural de quien lleva décadas entendiendo que el canal cambia mientras la comunicación, en el fondo, sigue siendo el mismo intento de siempre: contar algo para que alguien, del otro lado, lo sienta propio. En esa idea insiste siempre que puede, y se nota que no es un teorema de coach sino una convicción laburada con el tiempo, aunque a mí, después de tantos años viendo cómo se mueve la pantalla argentina, me sigue pareciendo la clase de certeza que vale la pena escuchar de alguien que, como él, conoce el oficio desde adentro de la intimidad del escenario, y que por eso puede permitirse el lujo de reinventar el escenario sin necesidad de pedir permiso, porque el permiso, en estos casos, no lo otorga ninguna grilla sino un público que, cuando se engancha, sigue eligiendo quedarse a la salida, charlando un rato sobre lo que acaba de pasar adentro, y eso fue exactamente lo que escuché al terminar el reportaje, cuando un par de fans se quedaron comentando en la puerta del estudio mientras buscaban un taxi bajo la llovizna persistente de la noche porteña, y uno de ellos, medio en broma medio en serio, le dijo al otro con esa sinceridad brutal que solo aparece cuando ya terminó la función y todavía están vivos los nervios del encuentro reciente: "Mirá, yo vine a verlo a Tinelli y terminé enganchado con todo el equipo, eso no me pasaba desde que tenía veinte años", y la frase, créanme, vale más que cualquier titular.

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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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