Jueves, 24 de septiembre de 2026
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La hipótesis del amor: cuando un acuerdo entre dos termina poniendo en jaque a la ciencia de los sentimientos

Lili Reinhart y Tom Bateman encabezan la adaptación de la novela de Ali Hazelwood, una comedia romántica universitaria que ya está disponible en Prime Video y que muestra cómo un pacto calculado puede abrirle la puerta a algo que ninguno de los dos había previsto.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 24 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Antes de que la pantalla muestre a Lili Reinhart o a Tom Bateman, hay una espectadora de entre cuarenta y tantos que ya se acomodó en la butaca con un café en la mano y me dice, medio en serio medio en broma, que ella vino a esta plataforma únicamente porque le recomendaron esta película. Esa confesión, tan chica y tan habitual en las salas de cine y en los living de las casas argentinas, es la mejor síntesis de lo que mueve a La hipótesis del amor: una historia simple, con dos personas queriendo resolver problemas concretos, que termina transformándose en algo mucho más profundo de lo que habían imaginado cuando sellaron su acuerdo.

Yo arranco por ella porque me gusta empezar por el público antes que por el artista, pero conviene detenerse un segundo en el contexto: estamos ante una producción estadounidense de 2026, de 110 minutos de duración, dirigida por Claire Scanlon y escrita por Sarah Rothschild a partir de la novela de Ali Hazelwood. La historia se mueve enteramente en el ámbito universitario y combina dos ingredientes clásicos del género, la comedia y el romance, con un tercero menos habitual, la investigación científica, que funciona como motor de todo lo que les pasa a los protagonistas y también como excusa para que el público se involucre en sus vidas.

El pacto que lo cambia todo

Olive Smith, interpretada por Lili Reinhart, es una estudiante de posgrado obsesionada con sus estudios, con una herida grande de la adolescencia, la muerte de su madre, y con una amiga inseparable llamada Anh, a quien da vida Rachel Marsh. Anh tiene un interés romántico en Jeremy, un compañero de la universidad al que encarna Nicholas Duvernay, y Olive, con la mejor de las intenciones, decide ayudarla. La manera que encuentra es tan desproporcionada como cinematográfica: para demostrarle a Anh que ya no tiene ningún interés en Jeremy, finge estar saliendo con alguien. Ese alguien es Adam Carlsen, el profesor distante y algo arisco que interpreta Tom Bateman, y a partir de esa decisión todo empieza a complicarse.

  • Olive quiere tenderle una mano a Anh y termina montando un engaño que le cambia la vida.
  • Adam necesita simular una relación estable para conseguir una beca que le permita continuar con su investigación.
  • El acuerdo entre los dos arranca como una actuación perfecta frente a los demás y se les va de las manos cuando aparecen los sentimientos.
  • El reparto se completa con Jaboukie Young-White y Arty Froushan, que aportan el contrapunto cómico y el equilibrio de la troupe.

El personaje de Tom Bateman tiene sus propias razones para aceptar lo que en cualquier otro contexto sería un disparate. Adam Carlsen necesita presentarse como alguien en pareja para acceder a una beca que le permita sostener su trabajo académico, y por eso accede al trato. La frialdad con que se maneja con sus alumnos forma parte de esa construcción de personaje serio y distante, pero lo más interesante de la película es ver cómo esa coraza se va resintiendo a medida que Olive y él comparten tiempo, ensayos de noviazgo y conversaciones que ya no son parte del libreto que habían pactado.

Del noviazgo inventado al vínculo verdadero

Me parece que la clave de La hipótesis del amor está en cómo Scanlon y Rothschild dosifican el paso del acuerdo al afecto. No hay saltos abruptos ni declaraciones ampulosas: lo que hay es una suma de escenas chicas, de silencios compartidos, de torpezas y de momentos en los que Olive se pone nerviosa tratando de hacer creíble la actuación frente a sus propios amigos. Esas incomodidades, que a mí me recordaron a las propias de los primeros amores, son las que van dejando entrever que la química entre los protagonistas excede largamente lo firmado en el trato inicial.

A mí, que llevo visto ya bastante cine romántico de este tipo, lo que más me conquistó de la propuesta es que no se queda en la superficie del género. La película usa el recurso del noviazgo falso como puerta de entrada, sí, pero después se anima a preguntarse cosas más interesantes: qué hacemos cuando alguien nos importa de verdad, qué lugar le damos al pasado que cargamos, y hasta dónde estamos dispuestos a exponer lo nuestro ante los demás. Para los lectores de cuarenta a sesenta años que se acercan a la plataforma buscando algo liviano, les aviso que se van a encontrar con una historia que tiene más capas de las que aparenta y que deja pensando más de lo esperado.

En la salida del cine, antes de subir al colectivo, una señora de unos cincuenta años me dijo algo que me quedó rondando toda la noche y que me parece el mejor resumen posible de lo que pasa cuando uno le da play a esta película: "A veces uno se enamora de verdad sin darse cuenta, y cuando quiere acordar ya está en el medio del asunto". Con esa frase me despido hasta la próxima nota, recomendándoles que se preparen un café, que se acomoden en el sillón, y que se dejen llevar por una historia que empieza con un pacto calculado y termina, como casi siempre pasa, abriendo la puerta a lo inesperado.

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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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