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La bola negra que Lorca no llegó a tirar: Calvo y Ambrossi imaginan el resto

Los directores españoles recuperan un manuscrito de cuatro páginas del granadino y escriben, a partir de cartas y recuerdos, el desenlace que el asesinato de 1936 le impidió terminar

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 25 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Me acuerdo de la señora que se quedó charlando en la puerta del cine, con el boleto todavía en la mano, y que me dijo, antes de que yo pudiera preguntarle nada, algo que se me quedó dando vueltas durante todo el viaje de vuelta a casa. Pero vamos por partes, porque la historia que voy a contarles merece que nos tomemos un rato y la desarmemos con cuidado, como se desarma un reloj para entender de qué manera sus engranajes se negaron a seguir funcionando aquella madrugada de agosto de 1936, cuando a Federico García Lorca lo arrancaron de este mundo con apenas treinta y ocho años y un puñado de obras empezadas que nunca más volvieron a tener terminador.

La película que hoy nos reúne se llama «La bola negra» y es, básicamente, la osadía de dos directores españoles, Javier Calvo y Javier Ambrossi, de meterle el cuerpo a un proyecto que el poeta y dramaturgo más famoso de la Generación del 27 dejó colgando, sin nudo y sin desenlace, como un tendedero al que le faltan las últimas sábanas. Lo que se conserva de la idea original son apenas cuatro páginas, un manuscrito guardado en un recinto blindado a 21 grados constantes, junto con otros textos del autor, como si la temperatura exacta fuera capaz de devolverle a esas hojas algo del calor que perdieron cuando sonaron los tiros en Viznar.

Un casino, una votación y un joven que no era bienvenido

El argumento que Lorca alcanzó a concebir es de esos que parecen chicos y terminan doliendo como un golpe bajo. El protagonista se llamaba Carlos, un muchacho de Granada que se empeñaba en ser admitido en un casino de su ciudad, y la decisión sobre su ingreso se resolvía con una votación bastante particular: se metían bolas en una urna y, si predominaban las negras, el pobre quedaba afuera. Lorca le explicó esa idea al escritor y dramaturgo Cipriano Rivas Cherif, en una de esas conversaciones de sobremesa que a veces valen más que un contrato firmado, y en las cuatro páginas que sobrevivieron al tiempo aparece, sobre todo, un diálogo entre Carlos y su hermana, una conversación que Calvo y Ambrossi decidieron incorporar tal cual a la película, porque entendieron que ahí estaba la fibra íntima del asunto.

El motivo del rechazo, según lo que Lorca había comentado, era la homosexualidad del joven, aunque el texto conservado no lo diga de manera explícita. Es uno de esos silencios que hablan más fuerte que cualquier categórica, y los directores españoles lo trataron con el cuidado de quien manipula un papel viejo: sin romperlo, sin agregarle manchas que no le pertenecen.

  • Cuatro páginas es todo lo que se conserva del manuscrito original de «La bola negra».
  • El proyecto teatral de Lorca contemplaba hasta 36 personajes, entre familiares y amigos del protagonista.
  • Además del fragmento, los cineastas trabajaron con cartas del poeta y con recuerdos de amigos que habían escuchado sus planes para las escenas siguientes.
  • Lorca fue asesinado en 1936, a los 38 años, y la obra quedó inconclusa.

Un «qué hubiese sido si» convertido en película

Lo que hicieron Calvo y Ambrossi fue, según sus propias palabras, meterse de lleno en un «qué hubiese sido si», una frase que a mí me parece la mejor manera de definir lo que el cine se permite hacer cuando se acerca a un autor que ya no está: no mentir en su nombre, pero tampoco quedarse de brazos cruzados frente al hueco que dejó. Para eso reunieron el elenco de personajes que Lorca había proyectado, revisaron la correspondencia del poeta y recogieron los testimonios de quienes habían compartido con él esas tertulias en las que se hablaba de teatro hasta que la noche se hacía trizas, y con todo eso escribieron los tramos que faltaban, los que el dramaturgo no llegó a poner en el papel.

La película, entonces, no se presenta como un documento ni como una reconstrucción pretendidamente fiel, sino como una versión posible, una de las tantas que pudieron haber sido si la historia no se hubiera empecinado en ser tan cruel con quienes escribían en libertad y amaban en libertad. Hay algo de ejercicio de memoria y algo de acto de justicia poética en esa decisión, y a mí, que confieso que llegué a la sala con cierto escepticismo, me terminó ganando la propuesta, sobre todo porque no traiciona el tono lorquiano sino que lo hace dialogar con una sensibilidad contemporánea, esa que Calvo y Ambrossi ya habían mostrado en «La llamada» o en «Las mil y una noches».

“Todo es un «qué hubiese sido si»”Javier Calvo y Javier Ambrossi

Vuelvo a la señora de la puerta del cine, que mientras acomodaba el cuello de la campera me dijo, casi al pasar, como quien comenta el clima: «Mire, yo no había leído nada de Lorca en mi vida, y sin embargo lloré como si fuera un pariente mío». Esa frase me parece la mejor síntesis de lo que pasa cuando una película se anima a completar lo que un genio dejó a medias: no hace falta ser especialista para que el corazón te reconozca lo que el intelecto todavía no sabe nombrar.

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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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