Ensalada templada de garbanzos y zanahoria al horno: el tahini como protagonista
Garbanzos, zanahoria y cebolla de verdeo se doran en el horno y se terminan con una salsa cremosa de tahini, limón y salsa de soja. Una receta simple, con todo el sabor del sésamo.
Acomodar la fuente en la mesada, abrir el horno y sentir cómo empieza a entrar el calor. Esta preparación empieza ahí: en ese momento en que uno decide poner garbanzos, zanahoria y verdeo en una fuente y dejar que el horno haga el trabajo. Yo la hice varias veces y siempre me sorprende lo aromática que queda la cocina cuando los condimentos se mezclan con el calor seco.
La receta parte de garbanzos ya cocidos, que se distribuyen en el centro de una fuente. Alrededor se acomodan láminas finas de zanahoria y la cebolla de verdeo picada. Sobre el conjunto caen pimentón dulce, jengibre en polvo, orégano seco, sal y pimienta, más dos cucharadas de aceite de oliva. Después llega el momento de mezclar con las manos, o con una cuchara, para que el aceite y los condimentos se repartan parejo. La cocción es de 30 minutos, con una pausa a los 15 para revolver. La nota no precisa a cuántos grados tiene que estar el horno, así que conviene usar una temperatura media, alrededor de 180, que es la que mejor me funcionó.
La salsa de tahini se hace aparte
Mientras la fuente trabaja adentro del horno, conviene aprovechar y armar la salsa en un bol chico. Ahí se juntan tahini, el jugo de limón, salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva. Después se suma agua caliente y se bate con ganas. Al principio puede parecer que la preparación se cortó, pero si uno sigue revolviendo toma una textura cremosa y un color blanquecino, casi como un yogur espeso. Esa consistencia es la señal de que está lista para volcarse sobre la ensalada caliente.
Cuando la fuente sale del horno, se agrega la salsa de tahini y se mezcla hasta que cubra los garbanzos y las verduras. El cierre es con pimienta negra recién molida y un chorrito pequeño de aceite de sésamo, que aporta ese aroma tostado tan particular. Así llega a la mesa, todavía templada, con las verduras apenas doradas en los bordes.
Cómo presentarla y con qué acompañarla
Para servirla hay varias opciones, según el hambre y la ocasión:
- Con hojas verdes, como rúcula o espinaca baby, para una versión más fresca y liviana.
- Con una porción de arroz integral, quinoa o cuscús, si la idea es armar un plato único más rendidor.
- Acompañada con crackers de semillas, sin sumar otra preparación, ideal para llevar a la mesa como entrada.
Cuánto sale y cómo hacerse del tahini
El tahini se consigue en dietéticas y locales de productos árabes o de cocina medio oriente, y en muchos supermercados. Un frasco chico suele andar por los tres mil a cinco mil pesos argentinos, según la marca y el comercio. El aceite de sésamo también se consigue en esos mismos locales, generalmente en botellas chicas por un valor similar. La salsa de soja y el jengibre en polvo son de venta habitual en cualquier dietética, así que conseguir los ingredientes no reviste mayor complicación.
Lo que más me gusta de esta preparación es que resuelve una comida rica sin ensuciar demasiado ni pasar horas en la cocina. Yo la llevé a la mesa de la semana y fue un éxito. Quien me la acercó fue Marta, la dueña de la dietética del barrio, que me dijo al pasarme el frasco de tahini: probala templada, que así se nota el sésamo. Y la verdad es que le hice caso y quedó como tiene que quedar.
