"Enamorarse": cuando De Niro y Streep se animaron a un romance sin balas ni guerra
Estrenada en 1984 y dirigida por Ulu Grosbard, la película reunió a dos monstruos de Hollywood en un registro íntimo, lejos de los personajes que los hicieron famosos. Cuatro décadas después, vuelve a estar disponible para quienes nunca la vieron.
Les confieso algo antes de arrancar: la primera vez que vi "Enamorarse" yo era bastante chica y no entendí por qué mi vieja se quedaba enganchada con esa película cada vez que la pasaban por cable. Hoy, ya con algunos años más encima, la vuelvo a mirar y empiezo a comprender. Hay una señora que la cuenta muy bien en el bar de la esquina, cerca de mi casa, cada vez que aparece el tema de las películas viejas que nadie recuerda: "yo a esa la vi tres veces en el cine", me dijo el otro día, mientras apoyaba el café sobre la barra y levantaba la ceja como quien espanta un mal recuerdo, "y las tres veces me hizo lo mismo". Esa frase me volvió a la cabeza mientras revisaba lo que queda, a más de cuatro décadas, de aquel drama romántico que Paramount Pictures mandó a la calle en 1984 con dos de los actores más grandes que dio Hollywood: Robert De Niro y Meryl Streep.
Lo primero que llama la atención, cuando uno repasa la historia de la película, es el lugar de donde vienen los dos protagonistas. Para esa altura, De Niro ya había construido un repertorio de personajes durísimos: Travis Bickle en "Taxi Driver", el boxeador Jake LaMotta en "Toro salvaje", el Vito Corleone joven de "El Padrino II". Streep, por su parte, venía de conmover con "Kramer contra Kramer" y de exhibir un registro dramático que la había consagrado como una de las actrices más versátiles de su generación. Sin embargo, en "Enamorarse" se los nota distintos: aparecen despojados, casi como vecinos de Manhattan, y eso a mí, que suelo desconfiar de las parejas famosas en la pantalla, me terminó de ganar.
Un malentendido en una librería y una ciudad como cómplice
La película arranca en una librería de Manhattan, en plena época navideña. Frank Raftis, el personaje de De Niro, y Molly Gilmore, el de Streep, se cruzan por casualidad y terminan intercambiando por error los paquetes que llevan a sus familias. Lo que empieza como un desencuentro menor se transforma, meses después, en un punto de partida cuando ambos se vuelven a topar en el mismo tren, en el mismo horario, casi en el mismo vagón. La rutina hace el resto: la familiaridad crece, la atracción también, y ahí aparece el verdadero motor del relato, que no es el romance en sí, sino el problema que ese romance les plantea a los dos. Porque los dos están casados.
El guion de Michael Cristofer, adaptado de su propia obra teatral, no les regala una salida fácil a los personajes. No hay un golpe de efecto ni una tragedia enorme: lo que hay es la incomodidad de un sentimiento que aparece fuera de lugar, en mitad de la vida, cuando uno ya asumió compromisos con otras personas. Y ahí, en ese terreno, es donde la película se vuelve incómoda de ver, en el mejor sentido: porque obliga a pensar qué haríamos nosotros en el lugar de Frank o de Molly, y porque entiende que cualquier decisión que tomen les va a doler a ellos y a los que están alrededor.
- Frank Raftis y Molly Gilmore se conocen en una librería de Manhattan e intercambian por error los paquetes que llevan a sus familias.
- Meses después, los dos empiezan a coincidir en el mismo trayecto en tren, y la atracción crece al ritmo de la rutina.
- El elenco de apoyo incluye a Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon, que rodean a la pareja con otros matrimonios y otras obligaciones.
- La película fue comparada en su momento con "Breve encuentro" (Brief Encounter, 1945) por la manera de tratar un amor adulto y fuera de tiempo.
- En Estados Unidos y Canadá recaudó alrededor de 11.129.057 de dólares, con un estreno cercano a los 2,3 millones, según los registros de Box Office Mojo.
Dirigida por Ulu Grosbard, con un pulso contenido y casi observativo, la película usa la ciudad como parte del relato. La librería, los vagones del tren, los pequeños puntos de encuentro hacen que algo extraordinario para sus protagonistas ocurra dentro de escenarios completamente ordinarios. Es, en buena medida, una historia de rutina rota: de esos días iguales que, de golpe, se alteran por una mirada que uno no esperaba recibir. La crítica de la época no fue unánime: Roger Ebert, por ejemplo, le puso dos estrellas sobre cuatro y cuestionó el guion, aunque reconoció momentos concretos de la química entre De Niro y Streep. Y sin embargo, ahí está, cuatro décadas más tarde, volviendo a estar disponible para quienes en su momento no la vieron, o para quienes, como aquella señora del bar, necesitan reencontrarse con un sentimiento que se les repite cada vez.
