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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El regalo que nunca pediste: cómo una TV box barata puede convertir tu Wi-Fi en una puerta abierta

Dos especialistas chilenos compraron un equipo en una feria de Santiago, lo desarmaron y descubrieron que ya venía comprometido de origen: se conectaba solo a un servidor de control remoto catalogado como malicioso. El hallazgo, que presentaron en Buenos Aires, vuelve a poner en agenda los riesgos de los dispositivos sin marca ni respaldo técnico.

Por Nicolás BecerraTecnología y ciudad digital · · hace 1 h
El regalo que nunca pediste: cómo una TV box barata puede convertir tu Wi-Fi en una puerta abierta

Las TV boxes son esas pequeñas computadoras que se enchufan al televisor por HDMI y prometen convertir cualquier pantalla en una smart TV, con acceso a aplicaciones de streaming y canales que, en muchos casos, no requieren suscripción paga. En Argentina se consiguen con relativa facilidad en plataformas de comercio electrónico y locales de informática: los precios arrancan cerca de los 27.000 pesos y pueden superar los 66.000, según el modelo y la forma de pago. La promesa es tentadora. El costo real, según un análisis presentado en Buenos Aires, puede ser mucho más alto.

Anthony De La Paz, especialista en seguridad ofensiva, y Patricio Moraga Abarca, consultor senior de ciberseguridad, compraron uno de estos equipos en una feria de Santiago de Chile para estudiarlo a fondo. Lo que hallaron lo expusieron en la Ekoparty 22, la conferencia de seguridad informática que se realizó en la ciudad de Buenos Aires y que es referencia regional para la comunidad técnica.

Qué encontraron al desarmarlo

Al conectar el dispositivo y monitorear su tráfico de red, los investigadores detectaron que el equipo se comunicaba solito con un servidor de comando y control (C2, en la jerga: una dirección remota desde la que un atacante puede enviar instrucciones al aparato). Ese servidor ya estaba catalogado como malicioso por las bases de datos de seguridad. Cuando lo desarmaron y extrajeron una copia de su memoria, dieron con el código responsable: estaba alojado en el firmware, la capa de software de bajo nivel que hace que el aparato arranque, por debajo incluso del sistema operativo que ve el usuario.

Por eso ninguna solución superficial funciona. Ni borrar las aplicaciones instaladas, ni restablecer el equipo a los valores de fábrica eliminaba el problema: el compromiso estaba un escalón más abajo, en una zona a la que el usuario común no llega sin herramientas específicas.

“Tener uno de estos equipos en casa es como tener a un atacante conectado directamente a tu Wi-Fi.”Anthony De La Paz y Patricio Moraga Abarca

Para probarlo, los investigadores montaron en laboratorio una réplica del servidor malicioso, redirigieron la comunicación del dispositivo hacia una red controlada por ellos y comprobaron que, en pocos segundos, el equipo obedecía órdenes enviadas desde afuera. La infección no era teoría: era una conexión activa y operativa.

Dos riesgos concretos para el hogar

El primer riesgo es la red. El dispositivo comprometido puede operar como proxy, un intermediario técnico: hace pasar tráfico de terceros por la conexión del hogar, de modo que esa actividad aparece ante otros sitios como originada desde la dirección IP (el número que identifica a cada conexión a internet) del usuario. Eso puede derivar en que esa IP quede asociada a comportamientos maliciosos y termine bloqueada o bajo verificaciones adicionales en distintos servicios.

El segundo flanco son los datos. Si el sistema está bajo control externo, cualquier contraseña o número de tarjeta ingresado en el equipo queda expuesto a quien maneje el servidor de comando y control. Y como la amenaza vive en el firmware, no hay antivirus ni limpieza de aplicaciones que la saque sin intervención técnica especializada.

NB
Nicolás BecerraTecnología y ciudad digital

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