El libro que Stephen King sacó de las estanterías para siempre y por qué no quiere verlo en pantalla
El escritor retiró de la circulación su novela escrita bajo el seudónimo Richard Bachman después de que el título apareciera en el contexto de varios tiroteos escolares en Estados Unidos y, en línea con esa decisión, también vetó cualquier adaptación a cine o televisión.
Todavía la recuerdo a Mariana, una lectora de la librería del barrio donde suelo comprar novelas, comentando hace ya un par de décadas que había encontrado en una mesa de saldos un libro de Richard Bachman que le había cambiado la forma de pensar sobre Stephen King, y cuando me lo alcanzó y leí la contratapa entendí perfectamente por qué me lo recomendaba con esa mezcla de fascinación y de incomodidad que se le notaba en la voz, porque la novela en cuestión, Rabia, publicada en 1977, narra la historia de Charlie Decker, un estudiante expulsado de su instituto que responde al castigo tomando un arma de fuego de su casillero, asesinando a varias personas y tomando rehenes, una trama lo bastante dura como para que el propio King, muchos años después, decidiera que el libro no podía seguir circulando y, lo que es igual de importante, que tampoco podía transformarse en una película ni en una serie de televisión.
Lo que cambió la relación del autor con esa novela fue su aparición reiterada entre las pertenencias de jóvenes involucrados en tiroteos escolares en distintos puntos de Estados Unidos, un dato que a mí, cada vez que lo repito en una nota, me sigue resultando de los más escalofriantes que circulan en la conversación pública sobre la violencia en las aulas, porque no estamos hablando de una lectura interpretada de manera forzada sino de ejemplares físicos del libro encontrados en escenas reales de massacres.
El caso que marcó el punto de quiebre
El episodio que terminó de decidir a King fue el de Michael Carneal, quien en 1997 mató a tres personas en su colegio y tenía un ejemplar de Rabia entre sus cosas, y esa coincidencia, sumada a que al menos otro joven involucrado en un tiroteo escolar también tenía el libro, fue suficiente para que el escritor se pusiera en contacto con su editorial y pidiera que la obra dejara de reeditarse, en un movimiento que, viniendo de uno de los autores más prolíficos y comerciales del planeta, suena casi a acto de contrición.
“Al menos dos chicos que estuvieron involucrados en tiroteos escolares tenían el libro.”Stephen King
Ahora bien, y esto me parece clave para no malinterpretar la decisión, King no atribuye la violencia directamente a los libros ni a las películas, y de hecho lo dice con todas las letras cada vez que vuelve sobre el tema, porque él mismo reconoce que la enorme mayoría de quienes consumen material violento no actúa de forma violenta, lo que él distingue es un subgrupo reducido de personas en las que ciertos contenidos pueden operar como catalizadores, una distinción fina pero determinante que lo lleva a sostener que un autor tiene que hacerse cargo de cómo impactan sus ficciones en ese núcleo específico de lectores más vulnerables.
“No quería que Rabia fuera uno de esos aceleradores. Sentí que era parte de eso, se convirtió en parte de un escenario de fantasía con estas personas y no quería que le pasara a nadie más.”Stephen King
Por qué tampoco habrá versión en pantalla
La prohibición sobre cualquier adaptación cinematográfica o televisiva es, en realidad, la consecuencia lógica de haber retirado el texto, porque autorizar una película o una serie de Rabia habría significado exactamente lo contrario de lo que King buscaba al sacar el libro del mercado, es decir, multiplicar el alcance de la historia en lugar de reducirlo, y por eso la decisión se entiende como un paquete único, editorial y audiovisual, que el autor defiende con el argumento de que su responsabilidad moral le imponía esa salida aunque la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense le permitiera legalmente mantener el libro en circulación, una idea que desarrolló en profundidad en su ensayo de 2013 titulado Guns, donde volvió a repasar los motivos de la retirada y a vincularlos con su posición sobre el control de armas en Estados Unidos.
Así las cosas, Rabia queda hoy en una categoría muy singular dentro de la obra de King, la de un título que su propio creador considera demasiado riesgoso para seguir disponible más allá de su valor literario, y cada vez que paso por la librería del barrio y veo que Mariana ya no puede recomendarme ese libro de Bachman en la mesa de saldos, no puedo evitar pensar que hay decisiones de los autores que, lejos de ser un gesto marketero, terminan hablando mucho más de ellos que cualquiera de sus bestsellers, algo que un colega sintetizó a la salida de una charla sobre violencia y ficción con una frase que se me quedó grabada y que, con su permiso, me llevo puesta: "a veces sacar un libro de la calle es la forma más honesta de escribirlo".
