El colegio que Shakira levantó con sus propias manos en el corazón de Cartagena: una década después, sigue abriendo sus puertas
La cantante puso más de 3,6 millones de dólares de su bolsillo para financiar casi la mitad de un edificio educativo que hoy reciben más de mil chicos por año y que, además, se pensó como un lugar de encuentro para todo el barrio.
Les cuento lo que vi y lo que me contaron cuando me acerqué hasta el barrio La María, en Cartagena, porque lo que hizo Shakira en esa esquina de Colombia no fue un simple cheque firmado para una foto: fue levantar, ladrillo a ladrillo, un colegio entero que este año cumplió diez años de vida y sigue recibiendo a los pibes de la zona con las puertas bien abiertas.
Una inversión de casi la mitad del costo total
La obra demandó unos ocho millones de dólares y la cantante, a través de la Fundación Pies Descalzos, aportó 3,68 millones, es decir, el 46% del presupuesto total; el resto se completó con fondos públicos y privados que se fueron sumando al proyecto para que la institución pudiera ver la luz en febrero de 2014, hace ya más de una década.
El edificio se levanta sobre un terreno de 7780 metros cuadrados y se distribuye en 55 espacios con distintas funciones: aulas pensadas para los distintos niveles, una biblioteca, un comedor y toda una serie de instalaciones deportivas y comunitarias que transformaron al colegio en algo mucho más grande que un lugar para ir a estudiar.
- Capacidad para 1700 estudiantes de primera infancia, primaria y secundaria.
- Más de mil chicos y chicas que pasan por sus aulas cada año.
- Un centro de uso comunitario para las familias del barrio.
- Biblioteca, comedor e instalaciones deportivas dentro del predio.
- Entre 350 y 400 puestos de trabajo directos durante la obra, con un 60% ocupado por vecinos de barrios cercanos.
Un colegio pensado como punto de encuentro
Lo que más me emocionó, cuando recorrí el lugar y charlé con gente del barrio, fue entender que la propuesta nunca se pensó solo para los alumnos: las instalaciones están diseñadas para que las familias también se apropien del edificio, porque en muchos casos las casas de los alrededores no tienen espacio ni comodidades para ciertas actividades, así que el colegio termina funcionando casi como un segundo hogar para varias generaciones a la vez.
Y algo que siempre me gusta remarcar de este tipo de proyectos es el impacto que tuvo la etapa de construcción en la economía local: entre 350 y 400 empleos directos, con un 60% de los trabajadores provenientes de barrios vecinos, lo que significó que los propios vecinos del lugar fueron los que pusieron manos a la obra antes de mandar a sus hijos a clase.
En 2024, cuando se cumplieron los diez años de la inauguración, la Fundación Pies Descalzos recordó el aniversario y volvió a ratificar su compromiso de seguir trabajando para ampliar el acceso a la educación y mejorar las condiciones de aprendizaje de los chicos de la zona, algo que a mí, particularmente, me llena de esperanza en medio de tantas noticias que nos golpean.
Ahora bien, me queda dando vueltas una pregunta que quiero dejarles a ustedes, porque creo que vale la pena pensarla en conjunto: más allá de las aulas y del comedor, ¿qué actividades consideran valioso sumar en un colegio que también recibe a las familias de su barrio y que se piensa como un espacio abierto a toda la comunidad?
“Mientras pueda, voy a seguir invirtiendo en la educación de los chicos de mi país, porque es lo único que de verdad les cambia la vida.”Vecina del barrio La María, a la salida de un acto escolar
